El Gobierno se ha esforzado en que trascendieran pocos detalles del desenlace del secuestro de abril de 2008.

El Gobierno fracasó al rescatar 'a lo Sarkozy' el 'Playa de Bakio'

21:59 (20-11-2009) | 84

El CNI contrató a un clan que mató a los piratas y el dinero del rescate no se recuperó.

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Madrid.- El Gobierno nunca ha contado a los españoles qué ocurrió tras la liberación del Playa de Bakio el 26 de abril de 2008. Tras seis días de secuestro, aquel sábado se anunciaba el rescate de la tripulación del atunero propiedad de la empresa vasca Pevasa. María Teresa Fernández de la Vega se limitaba a explicar en rueda de prensa que los 26 marineros (8 de origen gallego, 5 vascos y 13 africanos) volvían a casa sanos y salvos y que el desenlace había sido fruto de una ardua labor diplomática llevada a cabo entre el armador del barco y el Ejecutivo. Igual que ahora en el caso del Alakrana, la vicepresidenta no reconoció en ningún momento el pago de un rescate, aunque, desde el primer momento, surgieron informaciones que apuntaban en esa dirección.

Determinante resultó el testimonio del keniata Andrew Mwangura, considerado el mejor experto en piratería de toda la costa este de África. El domingo 28, Mwangura confirmaba que el Playa de Bakio había sido liberado tras el pago de una recompensa de 1,2 millones de dólares (unos 770.000 euros), aunque con posterioridad otras voces hablaron de 1,5 millones. Fuentes militares de toda solvencia han relatado a LA GACETA cómo Moncloa “intentó una operación similar a la que sólo quince días antes había llevado a cabo el Gobierno de Sarkozy” tras la captura, también en aguas somalíes, del yate francés Le Ponant. El buen trabajo del Elíseo dio como resultado la detención de la mitad de los piratas y la recuperación de buena parte del botín. Pero en el caso español las cosas salieron bien distintas. “El Ministerio de Defensa ordenó al Grupo de Operaciones Especiales (GOE) designado para la misión, coordinarse con los agentes del CNI para que, a través de unos mercenarios locales dieran captura a los piratas una vez en tierra y recuperaran el dinero”, aseguran a La Gaceta fuentes conocedoras de los detalles del operativo. “El problema es que los hombres de Alberto Sáiz eligieron mal al clan y la mayoría de los secuestradores del Playa de Bakio (alrededor de 10 hombres) fueron pasados a cuchillo 48 horas después de abandonar el atunero vasco”. Del dinero, ni rastro. Lo que no han podido precisar esas mismas fuentes es si los captores del Playa de Bakio se deshicieron del botín antes de caer en la emboscada que les habían preparado los mercenarios o si estos últimos se dieron a la fuga incumpliendo su compromiso con los agentes del CNI.    

“Desde el primer momento, nos sorprendió la obsesión del Gobierno español por que no hubiera ningún conato de violencia”, señalan a La Gaceta fuentes de los servicios franceses de inteligencia. El Ejecutivo de Zapatero pidió ayuda al país vecino, consciente de la superioridad de sus recursos en la zona, principalmente la presencia de la Armada y la base militar que Francia tiene en Yibuti.
   

 Al margen, en fin, de lo sucedido en tierra, la liberación del pesquero de Pevasa en el mar tampoco estuvo exenta de incidentes. Cuatro días después de su llegada a España, el marinero Jaime Candamil relató en una rueda de prensa ofrecida en su pueblo natal, Pasajes, cómo nada más ser liberados, estuvieron a punto de volver a ser atacados por otros piratas mientras preparaban los motores y cortaban el ancla para abandonar la zona lo antes posible. La fragata española logró evitar un nuevo abordaje sobre el mismo barco tras el sufrido el domingo 20 de abril.
   

Con cuatro meses de retraso, Alberto Sáiz comparecía el 8 de julio de 2008 ante la Comisión de Secretos Oficiales del Congreso de los Diputados. Según informaron aquella misma jornada los asistentes al encuentro —que se celebró a puerta cerrada— el hoy ex director del CNI dio a entender que se pagó un rescate por la liberación del Playa de Bakio. También explicó que el servicio de inteligencia español apoyó al armador del buque en las negociaciones con el grupo de piratas, aunque dejó claro que no encabezó el proceso. Atendiendo a la versión del ex jefe de los espías, el Centro Nacional de Inteligencia envió a la costa de Somalia a varios de sus agentes en uno de los vuelos ordenados por la ministra Carme Chacón, en el marco del operativo militar que se puso en marcha para que el secuestro tuviera un feliz desenlace. El CNI ha reforzado de manera notable su presencia y actividad en el área del Cuerno de África, en la que mantiene desde hace varios años personal de forma estable y permanente por considerarla un “punto negro”, tanto por el terrorismo como por los flujos de inmigración ilegal. El 26 de abril de 2008, durante la rueda de prensa posterior a la liberación del Playa de Bakio, la vicepresidenta Fernández de la Vega y el ministro Moratinos, también agradecieron la colaboración del país estadounidense. 

Así acabó el rescate de ‘Le Ponant’

El Elíseo recibió con desazón la noticia de que el yate de lujo Le Ponant había sido secuestrado por un grupo de piratas en aguas de Somalia. 

Pero al mismo tiempo, se presentaba una oportunidad de oro: demostrar que Francia es capaz de gestionar con éxito una operación de gran envergadura desde la concepción que Nicolas Sarkozy tiene de La République.

En Marsella se puso en marcha inmediatamente una célula de crisis para coordinar el conjunto de las acciones. Desde el primer minuto, el mensaje del Gobierno fue rotundo: no pagaría ningún rescate. Al mismo tiempo, se organizaron los recursos materiales y humanos de que dispone el país vecino en al zona.

Varios miembros del GIGN, el grupo de élite de la Gendarmería, fueron enviados a la base militar de Yibuti. Según el relato de los hechos de la agencia Reuters, parte del equipo se lanzó en paracaídas desde un aparato Trasall c-130. Los gendarmes fueron a parar al buque Commandant Bouan, que se había encargado permanentemente del seguimiento del yate.

En paralelo, el armador de Le Ponant se encargó de recoger 2 millones de dólares para pagar el rescate a la decena de piratas que retenían a su tripulación. El abordaje se produjo con barcazas o lanchas que no tenían la suficiente autonomía para llegar desde la costa, con lo que los especialistas dan por sentado que se tuvo que recurrir a una embarcación de mayor tamaño que hiciera de nodriza. Después de una semana de secuestro –con el barco a menos de dos kilómetros de la costa somalí, eso sí– el armador llegaba a un acuerdo con los secuestradores, y prometía un intercambio de dos millones de dólares por los treinta tripulantes (veinte de nacionalidad francesa y el resto ucranianos y filipinos).

Como es tradición en la piratería, el intercambio del rescate se produjo en un punto acordado en el mar. Una lancha de la armada francesa en la que viajaban tres miembros del grupo de élite de la gendarmería  se encontró con otra embarcación pequeña con tres bucaneros a bordo. Allí es donde fue entregado el dinero.

Un pacto previo obligaba a que la tripulación estuviera, mientras tanto, a bordo de los botes del propio yate. Sólo después de que se diera el beneplácito, pudieron por fin enfilar rumbo a la fragata Jean-Bart.
A bordo del Ponant sólo quedaba el capitán, que debía devolver el barco a Francia después de tan desafortunadas peripecias.

Seguros ya de la victoria, los piratas abandonaron el yate camino a la costa, donde les esperaban dos vehículos todoterreno.Y allí es cuando entra en juego otro avión de fabricación francesa -el Atlantique 2-­que se encargó de seguir de cerca a los vehículos y proporcionó los datos a los dos helicópteros donde viajaba el grupo de élite de la gendarmería.

Según el Elíseo, la operación de detención fue limpia: sin bajas ni heridos. Los tiradores dispararon al motor de los vehículos, mientras descendían los efectivos militares para detener a seis piratas y recuperar buena parte del botín.

Hasta aquí, el relato oficial del Gobierno de Sarkozy. Luego cabe preguntarse qué fue de la suerte de los otros cuatro bucaneros, pues fueron diez, como decimos, los captores de Le Ponant. La operación, obviamente, no fue ni fotografiada ni filmada. Como es tradición en el ejército francés, el hermetismo fue absoluto.

La firmeza del presidente francés, según los medios de comunicación, galos e internacionales, fue determinante para que todo saliera según lo previsto. Nada que ver con el proceder de Zapatero aquí. Ni él ni su gabinete saben estar a la altura de las circunstancias. Ocurrió con el Playa de Bakio en 2008 y ahora con el Alakrana en el otoño de 2009.



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