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    En la barca de Pedro por Mario Ortega

  • 14 ENE 2012
  • 4comentarios
  • Venid y lo veréis. La puerta de la fe está abierta para todos

    COMENTARIO A LAS LECTURAS DEL II DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO. CICLO B

    1ª Lectura: I Samuel 3, 3b-10. 19
    En aquellos días, Samuel estaba acostado en el templo, donde estaba el arca de Dios. El Señor llamó a Samuel y él respondió: “Aquí estoy.” Fue corriendo donde estaba Elí y le dijo: “Aquí estoy, vengo porque me has llamado.” Respondió Elí: “No te he llamado, vuelve a acostarte.” Aún no conocía Samuel al Señor, pues no le había sido revelada la palabra del Señor. Por tercera vez llamó el Señor a Samuel y él se fue a donde estaba Elí y le dijo: “Aquí estoy; vengo porque me has llamado.”
    Elí comprendió que era el Señor quien llamaba al muchacho y dijo a Samuel: “Anda, acuéstate; y si te llama alguien responde: “Habla, Señor, que tu siervo te escucha”. Samuel fue y se acostó en su sitio. El Señor se presentó y le llamó como antes: “¡Samuel, Samuel!” Él respondió: “Habla, Señor, que tu siervo te escucha.” Samuel crecía, y el Señor estaba con él, y ninguna de sus palabras dejó de cumplirse.

    Salmo 39: Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

    2ª Lectura: I Corintios 6,13c-15a.17-20
    Hermanos: El cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor; y el Señor para el cuerpo. Dios, con su poder, resucitó al Señor y nos resucitará también a nosotros. ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? El que se une al Señor es un espíritu con él. Huid de la fornicación. Cualquier pecado que cometa el hombre queda fuera del cuerpo. Pero el que fornica, peca en su propio cuerpo. ¿O es que no sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo? Él habita en vosotros porque lo habéis recibido de Dios. No os poséis en propiedad, porque os han comprado pagando un precio por vosotros. Por tanto, ¡glorificad a Dios con vuestro cuerpo!

    Evangelio: Juan 1, 35-42
    En aquel tiempo estaba Juan con dos de sus discípulos y fijándose en Jesús que pasaba, dijo: “Este es el cordero de Dios.” Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús, Jesús se volvió y al ver que lo seguían, les pregunto: “¿Qué buscáis?” Ellos le contestaron: “Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?” Él les dijo: “Venid y lo veréis.” Entonces fueron, vieron donde vivían y se quedaron aquel día, serían las cuatro de la tarde.
    Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encontró primero a su hermano Simón y le dijo: “Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo).” Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo: “Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que significa Pedro).”

    VENID Y LO VERÉIS. LA PUERTA DE LA FE ESTÁ ABIERTA A TODOS

    Qué pasaje más estupendo el del Evangelio de hoy para meternos de lleno en el Tiempo ordinario. Narra el primer encuentro con Jesús de los dos primeros apóstoles: Andrés y el mismo que lo escribe, Juan. Sabemos bien que sus vidas cambiaron totalmente con Jesús. Bien, pues estamos contemplando el momento inicial de esa aventura; la aventura del encuentro personal, corazón a corazón, con Jesucristo.
    Nuestra vida cristiana no es, pues, una filosofía, una ideología, una doctrina sin más. Es mucho más. Es, ante todo, un encuentro personal. No hay dos iguales. El encuentro de cada uno con Cristo es absolutamente original e único.

    Enviados por el Bautista, pues hasta entonces eran discípulos suyos, Andrés y Juan esperan que el Señor les enseñe una doctrina; por eso le llaman “Maestro”. La pregunta que le dirigen: “¿dónde vives?” podría significar simplemente el interés por saber dónde vive un maestro para frecuentar su escuela y aprender. Sin embargo, la misma pregunta, da pie a Jesús a mostrarnos que aprender su camino es un acto personal y libre de seguimiento e imitación, de comprobar por uno mismo: “venid y lo veréis”.

    La posibilidad de vivir esta misma experiencia está hoy ante nosotros. “Las puertas de la fe están abiertas para nosotros”, proclama Benedicto XVI como lema para el año de la fe que inauguraremos este 2012. ¿No es acaso el mismo mensaje de invitación de Jesús: “venid y lo veréis”? La fe es un don de Dios, un don en forma de invitación, que se ofrece - enseña el Papa - a todos. Para atravesarla es necesario únicamente tener la misma disposición que, por ejemplo, el profeta Samuel en la primera lectura de hoy.

    ¿Dónde se encuentra a Cristo? De tantas maneras… ciertamente. Incluso a través de las experiencias más dolorosas. En los momentos más inesperados, puede aparecer la luz de Dios. Esa luz nos invita a acercarnos. La fe es acercarse a Dios. La fe que da Dios es acercarse a Cristo. Venid y lo veréis. Luego vienen otros regalos del Señor. Después del venid, vendrá el escuchad, el arrepentíos, el aprended de mí, el id en paz, el tomad y comed, el soy Yo, no temáis… y como corona de todos esas exhortaciones el amad, a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo. La fe nos lleva a la caridad. Seguir a Cristo nos hace amar como Él, un amor concreto, que se extiende también a nuestra dimensión corporal, como nos explica hoy San Pablo en la segunda lectura.

    “Venid”, para empezad; para terminar “amad”. Cristo nos enseñará a amar a Dios, mejor, a dejarse amar por Dios, inundándose uno del amor infinito que trasciende toda fuerza humana. Y sólo con ese amor especial, que se llama caridad, podremos amar de veras a los demás.

    Celebramos hoy precisamente una jornada muy especial para recordar nuestro compromiso de amar al prójimo: la jornada de las migraciones. El mundo no es hoy en España como hace un cuarto de siglo, cuando el Rey Baltasar de las cabalgatas tenía que pintarse la cara. Raro era el pueblo o ciudad que presumía diciendo: “Yo tengo un rey Baltasar, de verdad, de color”. Hoy tenemos muchos reyes Baltasar entre nosotros, tantos africanos, asiáticos, americanos, que forman parte de nuestra vida y nosotros de la de ellos.

    Qué magnífica oportunidad la que nos ofrece el tiempo que nos ha tocado vivir; un mundo globalizado que nos permite abrirnos más y mejor al hermano que, aunque venga de una cultura distinta, puede compartir la misma fe. Tantos inmigrantes que viven entre nosotros y que, como nosotros, han sentido esa misma llamada del Señor: “venid y lo veréis”. En la Iglesia nos convoca Cristo, a unos y a otros, a todos, porque la Iglesia es Una y Católica. También Santa, y esto lo tenemos que recordar bien, para no ensuciar con nuestra vida su rostro, y Apostólica. Volviendo al Evangelio, y para terminar, seamos como San Andrés que bien pronto fue a anunciar a su hermano el hallazgo del Mesías. Seamos apóstoles en nuestro mundo.

    “Venid y veréis”. Cristo nos convoca en la Iglesia, donde, además encontramos una Madre que nos une a todos en la caridad: María Santísima.
     


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4 Comentarios

  • potestad777potestad77700:24 | 18 de enero, 2012

    Comentarista #2. Carlos Wentón. La bruja LOLA te tiene encantado, deberías acudir a un confesionario. ¡No te fíes de las brujas que son muy perversas!. Saludos.

  • hija de Dios y ...11:29 | 17 de enero, 2012

    CARLOS MENTÍS Y MANIPULÁIS (SATANÁS TAMBIÉN ES MENTIRA Y MANIPULACIÓN), LAS COSTUMBRES ANTIGÜAS SE ADAPTARON CUANDO EL HOMBRE CONOCIÓ AL DIOS VERDADERO: JESÚS DE NAZARETH, Y LO DEL CORDERO PROVIENE DEL ANTIGUO TESTAMENTO, EN LA ÉPOCA DE MOISÉS EN LA QUE DIOS LIBERÓ A SU PUEBLO DE LA ESCLAVITUD DE EGIPTO (ÉXODO: PASCUA JUDÍA, EN LA QUE SE SACRIFICABA UN CORDERO SIN TACHA, SÍMBOLO DE JESÚS)

  • carlos newtoncarlos newton16:01 | 16 de enero, 2012

    Al cordero se le decían los pecados al oido y luego se le mataba para el perdón de los pecados en las culturas del pueblo al que ustedes ponen el peyorativo de "paganas" contemporaneas al nacimiento del judeocristianismo (EGIPTO) y luego se bebia su sangre y comía su carne. Su religión es una consecuencia de las copias a las religiones anteriores. Patético e irrisorio es oirles decir invocaciones al "cordero que quita el pecado del mundo" (por haberselo dicho al oido). Me parto con ustedes y con la bruja Lola.

  • potestad777potestad77700:56 | 15 de enero, 2012

    "Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo".
    Cordero de Dios: frente a otros corderos humanos que el hombre presenta en ofrenda al Padre, Jesús es "de Dios", Dios mismo nos lo envía para que con su sacrificio libere al mundo del pecado.
    Pecado del mundo: hay en Juan (y en otros autores de N.T.) dos clases de pecado, en general: el pecado concreto y personal, y el pecado general en que el mundo está como envuelto. Es el pecado general de soberbia, de no aceptar a Dios como Ser Supremo. El que se constituye por lo que algunos llaman "Sistema", el Mal de la injusticia estructural que gobierna tantas instituciones dedicadas no a servir al hombre (y por él a Dios), sino a explotarlo, sojuzgarlo, privarlo de su dignidad y destino; es el "mundo" del que Jesús dice: "no te ruego por el mundo" (Jn 17,9), "no pertenecen al mundo" (16). Mañana más.....

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