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    El Blog del Padre Fortea por José Antonio Fortea

  • 09 ENE 2012
  • 1comentarios
  • El cardenal Tarancon: ha llegado la hora del analisis (II)

    El cardenal Tarancón era un gran ser humano. No me voy a centrar en sus virtudes, porque este campo daría para mucho, hoy prefiero concentrarme en sus defectos.

    Tengo por norma no criticar a los eclesiásticos. Y no hago excepción, salvo que las condenas de Roma se acumulen sobre el sujeto. En cuyo caso me siento autorizado a atizar un poco más el fuego.

    Pero con el cardenal es distinto. Murió hace mucho y ya es objeto de frío análisis. Tener caridad con él, sería como tener caridad de Napoleón.

    El cardenal siempre actuó de buena fe, siempre creyó estar en la línea del Concilio Vaticano II. Estar en esa línea le convenció de que hacía lo correcto. Fue un hombre tolerante, dialogante y amante de la libertad. Pero eso sí, sólo con los progresistas. A todo aquello que le pareciera conservador, le aplicaba jarabe de palo.

    Siempre medio cerró los ojos con sus buenos hijos liberales. Mientras no quemaran la iglesia, podían hacer lo que quisieran dentro de ella. Pero con los obedientes hijos amantes de la tradición fue implacable.

    El Cardenal Tarancón fue una especie de héroe para muchos obispos españoles de los años 70 y 80. Gozó de todos los elogios posibles por parte de los políticos. Respetadísimo en la Curia Romana, amado por los partidos de izquierda, y todo así. Pero la Historia iba a portar su venganza del modo más inesperado: Juan Pablo II.

    El Papa polaco conoció muy bien al cardenal en cuestión. Apenas han trascendido los detalles del pésimo pensamiento de Juan Pablo II acerca de Tarancón. Hace pocos meses apareció en la prensa una columna de Enric Juliana tratando este tema. No era ninguna revelación nueva, basta leer las memorias de Tarancón, para darse cuenta por sus silencios de lo que pensaba de Juan Pablo II. Yo tengo la información personal (y no publicable) procedente de un obispo que me explicó algunos pormenores de esto de lo que hablo.

    Lo cierto es que Juan Pablo II tuvo muy claro que los juicios de Dios no son los juicios de los hombres. Tuvo muy claro que la dinámica promovida por Tarancón llevaba a la Iglesia a su destrucción. Tarancón como ser humano podía ser muy sociable, agradable y dialogante, pero como gobernante de la Iglesia siguió un camino equivocado.

    Dos hombres, dos diócesis. Baste ver cómo dejó la diócesis el Cardenal de Toledo y cómo dejó Madrid el Cardenal Tarancón. Y estamos hablando prácticamente de los mismos años y con clero similar. Las dos diócesis estaban geográficamente colindantes, eclesialmente estaban a varios años luz.

    No escribo estas líneas con ningún afán de revancha. No tengo nada personal contra Tarancón. Siempre me gusta hablar bien del clero. Pero no debemos dejarnos engatusar por cantos de sirenas. Porque esos mitos ficticios pueden tener su influencia en el presente. Hay que decir las cosas bien claras: el desembarco de Tarancón en Madrid supuso el triunfo absoluto de las tesis eclesiales más extremistas.

    Porque el cardenal de la libertad y la tolerancia supuso un terremoto espiritual que dejó en ruinas al edificio invisible de la Iglesia durante una generación entera. Otra hubiera sido la historia si don Marcelo hubiera sido el arzobispo de Madrid. Ya no digo nada si lo hubiera sido Monseñor Guerra Campos. Pero Tarancón promovió a grandes puestos de la archidiócesis a un nutrido número de presbíteros que se emplearon a conciencia en el arte de la demolición.

    Me ahorro los dolorosos detalles de la historia de cómo muchos lobos pasaron a cuidar de las ovejas. No entro en los detalles que nos darían la escalofriante magnitud de la destrucción. Pero una generación después ya va siendo hora de que empecemos a llamar las cosas por su nombre.
    (Mañana sigo hablando sobre Tarancón.)


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1 Comentario

  • GabarraGabarra17:47 | 10 de enero, 2012

    Muy estimado Padre,

    Muchas gracias por su testimonio, que coincide con tantos llevados en nuestro propio blog, Hermas.info, por Mons. Jacques Masson (1937-2010). El “deber de memoria”, del que tanto se nos cansa a veces, tiene aquí su necesidad para aclarar la historia reciente de la Iglesia de nuestros países. Tuvé el honor de encontrar a Mons. Guerra Campos en los años ochenta y conservo de él el recuerdo de un verdadero hombre de Dios. Me permité traducir al francès este su artículo sobre dicho blog, si eso no le molesta.

    Cordialmente en Cristo

    Pierre Gabarra

    http://www.hermas.info

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