- 11 MAR 2010
- 14comentarios
- No es país para viejos
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Una vez más no lo entiendo. El gobierno sabe mejor que nadie que una de las reformas ineludibles es el tema de las pensiones y a pesar de ello se pasa la vida con verdades a medias sobre este tema. Esta semana, el Ministro Corbacho, durante una entrevista, no ha dudado en aconsejar a los trabajadores que se hagan un plan de pensiones privado. Hasta aquí todo razonable, pues la evolución de la pirámide poblacional y la incorporación cada vez más tardía al mercado de trabajo, parecen indicar que el sistema de pensiones actuales no se sostiene. Sin embargo, como este gobierno siempre actúa igual -con paños fríos, no sea que algunos de sus fieles amigos se vayan a enfadar- después de decir esto el Ministro agrega “que no es porque el sistema de pensiones vaya a tener problemas y no vayan a poder cobrar, sino para compensar la pérdida de ingresos que se produce al jubilarse”. Me enerva. ¿Por qué no puede tratar a los ciudadanos como seres adultos y decirles la verdad? Este sistema no es viable a largo plazo en su estado actual y por ello les recomiendo que se busquen sistemas alternativos que complementen nuestro sistema. Pero no, nos trata como a unos estúpidos y nos anima adquirir fondos de pensiones, eso sí sólo para completar nuestra nómina.
Es de cobardes tirar la piedra y esconder la mano. Y ni siquiera tiene sentido cuando el propio ejecutivo (ya sea por imposición de Bruselas, ya sea porque todavía les queda algo de sentido común) se están planteando una reforma del sistema incrementando el número de años de cotización y la base de cálculo. Si necesitan contar con el apoyo de los ciudadanos, con el consenso como tanto les gusta decir, ¿por qué no explicar claramente las dificultades actuales del sistema y las reformas que son necesarias para que pueda funcionar, entre las que se encuentra la subsidiariedad de los fondos de pensiones privados? Enseguida los políticamente correctos argumentarán que lo que se trata es de evitar crear alarma social. Pues esperen y verán. La alarma no sonará y el incendio –cuando no haya dinero en las arcas públicas para pagar los pensionistas- nos cogerá a todos durmiendo. Eso sí, muy tranquilitos.
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