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    La cigüeña de la torre por De la Cigoña

  • 13 MAR 2010
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  • El complicadísimo papel de los nuevos obispos

    Ser buen obispo requiere la conjunción planetaria de dos elementos: la persona y la diócesis. Cuando ambos son de primera todo va sobre ruedas pero eso no suele coincidir casi nunca. Quedan algunas diócesis pastueñas, generalmente porque no las arrasaron obispos anteriores, y se han nombrado obispos excelentes, pero no pocas veces para intentar resucitar lo que se había dinamitado. Y eso resulta dificilísimo.

    También ha habido errores en los nombramientos. No tanto porque se haya optado por un pésimo candidato, como era lo normal hace no tantos años, sino porque el elegido no respondió a lo que se esperaba de él. Aunque en algunos casos era fácilmente previsible. No se pueden pedir peras al olmo.

    El obispo llega a una diócesis muy condicionado. Por muchos factores. El más grave es que ha de hacer el cesto con los mimbres que tiene. Y hay diócesis en las que ni hay mimbres aprovechables. O son tan pocos que es como si no los hubiere.

    Ante la situación de auténtico desmadre que se vive en no pocos obispados es muy fácil exigir medidas radicales que barran toda la basura existente. ¿Y después qué? ¿Se queda la diócesis sin sacerdotes? ¿O con el 25% del clero actual ya bien escaso?

    La persona nombrada para intentar salvar una empresa mercantil al borde de la quiebra lo tiene mucho más fácil que un obispo. Puede recurrir al mercado exterior y traerse un director comercial o financiero, a un jefe de personal o de producción. El obispo ha de contar con lo que tiene. Y muchas veces es muy poco.

    Cierto que hay obispos que se acomodan y no hacen nada por cambiar la situación con lo que la diócesis sigue tan mal como estaba. Otros, ante la dificultad, demoran incluso lo que es inexcusable hacer. También los hay que se aterrorizan por el poder de la curia heredada y se amoldan a él con lo que la diócesis`pierde toda esperanza de resurrección.

    Es por tanto necesario tener paciencia con los obispos y no pedir que en una año nos liberen de la mugre que han acumulado muchos años de abandono y claudicación. Pero también los obispos deben tener paciencia con nuestras impaciencias y algunos pisar un poquillo el acelerador. Lo malo es que algunos obispos desconocen donde está ese pedal. E incluso que exista.

    Es absurdo exigir a Munilla, a Sanz Montes, a Asenjo, incluso a Iceta, que todavía no ha sido nombrado, el arreglo de sus diócesis. Eso va a llevar muchísimo tiempo. Pero hay otros que deberían espabilar algo. Porque hay diócesis, estoy pensando en tres que forman casi un triángulo equilátero, que están peor, o casi, con sus nuevos obispos que con los anteriores. Teniendo por obispo a un administrador diocesano pues es imposible empeorar a aquel a quien el administrador sustituyó.    

     


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