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    La cigüeña de la torre por De la Cigoña

  • 09 FEB 2012
  • 9comentarios
  • Lecturas XXXII: Un diagnóstico precoz y exactísimo

    Libro que desgraciadamente resultó profético


    Angel Tejero García: ¡Basta! Edición del autor. Cáceres, 1972, 152 pgs.
    Hacer una nota crítica de un libro publicado en 1972, no es habitual. El libro no está en el comercio y su adquisición, salvo que aparezca en alguna librería de lance, resultará imposible. Sin embargo su lectura, gracias a la generosidad del autor que me ha enviado un ejemplar, me ha parecido de tanto interés que no me resisto a reseñarlo.
    Escrito por el entonces rector del seminario de Cáceres, hoy copárroco de Membrio, es un grito desgarrado sobre lo que se estaba entonces viviendo en la Iglesia española, en los primeros años del posconcilio. Y lo que Don Ángel Tejero señala, ante los primeros síntomas de la crisis, era sólo clarividente presagio de lo que después nos llegaría y que todavía hoy estamos sufriendo.
    Es un libro lleno de sensatez y de sentido eclesial y le llevó a escribirlo “el celo por salvar lo que se pueda”. Asombra la clarividencia de este sacerdote ante lo que se presentaba todavía casi como amenaza hasta convertirse en tifón asolador. Está escrito para sus hermanos sacerdotes y para sus queridos seminaristas. Y en varias ocasiones se dirige a los obispos. Lamentablemente no le hicieron el menor caso y así vino lo que vino. Pero no se podrá decir que nadie lo avisó. Don Ángel Tejero clarísimamente. No fue ciertamente la suya la única voz en ese sentido, hubo alguna más. Todas por desgracia desoídas. Y así nos fue.
    Lo que es el sacerdocio, las amenazas que se cernían sobre él, las causas de las defecciones, tantísimas, la desilusión que de la noche a la mañana afectó a tanto clero, los remedios que se debieron haber aplicado, la responsabilidad de los obispos, la soledad sacerdotal… Todo está tratado en el libro con una prosa sencilla y directa que hace facilísima su lectura.
    Y no es sólo una análisis del pasado sino que contiene muchísimas aplicaciones al presente. Sólo es de lamentar que tan excelente libro no pueda llegar a los sacerdotes y seminaristas de hoy. Y también a los obispos. Por supuesto que los seglares lo podrían también leer con singular aprovechamiento.
    No quiero ni pensar en el sufrimiento del autor cuando redactaba esas páginas y sobre todo al ver como tanto se desmoronaba después a su alrededor. Aunque a él siempre le quedará el triste consuelo de haberlo advertido.
     


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9 Comentarios

  • Aaiun2004Aaiun200411:52 | 12 de febrero, 2012

    Y, ¿de qué lado de la trinchera estaba su amadísimo Mons. Rouco?

  • PosbuenoPosbueno03:00 | 10 de febrero, 2012

    Ricardo de la Cierva...
    Creo que es el más enciclopédico de todos en su visión y formas.

  • Hermenegildo_Hermenegildo_00:39 | 10 de febrero, 2012

    Urbel: el tradicional ultramontanismo del catolicismo español hacía imposible una resistencia organizada frente a las directrices que venían de Roma durante la peor época del postconcilio.

  • CaminantCaminant22:50 | 09 de febrero, 2012

    Creo,Enrique Gómez que esta página puede arrojar luz sobre lo que preguntas.

    http://www.vatican.va/news_services/press/index_sp.htm

  • Enrique GómezEnrique Gómez21:22 | 09 de febrero, 2012

    Disculpen que la cuestión que les voy a plantear no esté relacionada con el hilo pero me gustaría saber si las proclamaciones de los nuevos Siervos de Dios se anuncian en el boletín de la Oficina de Prensa de la Santa Sede por parte de la Congregación para las Causas de los Santos o en otra parte (lo pregunto por interés personal). Muchas gracias por su ayuda y lamento mi inexperiencia en estos temas. Que Dios les bendiga.

  • José de Armas DíazJosé de Armas Díaz20:51 | 09 de febrero, 2012

    Desconozco el libro que se comenta, y me interesaría...
    Yo también tengo datos y recuerdos (que no voluntad, por ahora) para escribir otro libro.
    Dos hechos para mí supusieron, casi de sopetón, la desaparición de referencias y guías espirituales y morales acostrumbradas: La muerte de Pío XII en 1958, (cuando yo tenía 13 años) y la dimisión de mi obispo, Msr. Pildain en 1965. La actuación, digamos "blandengue", de sus respectivos sucesores y las lecturas de las crónicas diarias sobre el desarrollo del Concilio Vaticano II, firmadas por sacerdotes que parecían estar volviéndose locos, escandalizaron mis tiempos universitarios, pero no lograron disminuirme la fe. Discutía obsesivamente con compañeros, amigos, familiares, párrocos y otros curas que se "aggiornaban" a pasos agigantados; hasta mi santo padre (también escandalizado, como toda la gente mayor que no era *****) discutía conmigo.
    Durante una década (1965-75) apenas encontraba referencias, estuve en filo de la navaja y me instalé en un radicalismo integrista. Pero también tuve la suerte de que un tío me facilitó el "Para que Él reine" de Jean Ousset y los libros que comenzaba a editar la Ciudad Católica, hoy Fundación Speiro (de la que me honro en ser patrono desde hace un año). Esto, las noticias de la Hermandad Sacerdotal Española y sus libros (que menciona Urbel en su comentario de las 13,59 hs.), más los tres tomos del "Posconcilio" del P. Bernardo Monsegú, c.p., me aportaron suficientes razones para asegurarme con la Fe, la Esperanza y la Caridad en la Iglesia de siempre. De forma que hoy pueda ver con claridad que humanamente, repito: humanamente, la única solución a los despropósitos de los hombres de Iglesia, está en la perseverancia de la divina "cabezonería" de la Fraternidad Sacerdotal San Pio X, por supuesto que dentro de la Santa Madre Iglesia y bajo el indiscutible Primado de S.S. el Papa. Bien de gente querida ha quedado en las cunetas del camino...¡¡¡Gracias por preservarme , Dios mio!!!

  • EblaEbla16:04 | 09 de febrero, 2012

    También sería bueno que alguien seglar se animase a escribir cómo fueron aquellos años terribles de la falsificación del Vaticano II, los años 1967-1975. Yo lo viví en carnes propias, pero gracias a Dios veo que algo va encauzándose aunque demasiado lentamente. Padecimos lo indecible: arrinconamiento del Rosario como vieja práctica, nada de novenas consideradas beaterías inútiles, misas que no eran Misas porque realmente no se ajustaban a lo dispuesto por Pablo VI ni por nadie. Y podría contar mucho...

    Muchos jóvenes se alejaron de la Iglesia para siempre. Otros, nos apartamos durante muchos años. Ahora comprobamos que teníamos razón en nuestras quejas.

    Todo esto tardará mucho, mucho tiempo, en ser eficazmente corregido. Y muchos deberán dar cuenta a Dios de cómo arrasaron su Viña.

  • UrbelUrbel15:59 | 09 de febrero, 2012

    Me quedo con gran interés por leer este libro, como las memorias del canónigo de Vitoria don Luis Madrid Corcuera sobre la Hermandad Sacerdotal (la Española, no la de San Pío X), amor a la Iglesia al que ésta no correspondió, las cuales memorias si no me equivoco hace poco que fueron evocadas en estas páginas. La España de esos finales años 60 y primeros 70 estuvo repleta de beneméritos sacerdotes como este, fueron miles los que se agruparon en la Hermandad Sacerdotal para resistir el vendadal post-conciliar, y hasta un puñado de obispos (Castán Lacoma, Guerra Campos, algunos más) los que aguantaron. Esa Hermandad Española que protestó contra la supresión del rito romano tradicional y la imposición de la misa nueva, y sólo recibió de Roma la orden inflexible de que se sometieran y obedeciesen (cosa que por desgracia hicieron; siempre lo mismo, desistimiento de la autoridad frente a los innovadores, despotismo con los fieles). Y también existieron en la España de entonces cientos de miles de fieles escandalizados por los sermones heréticos o mundanos (todos recordamos fieles que se levantaban del banco a medio sermón y se marchaban de la iglesia), la traición de los clérigos, el abandono de las tradiciones eclesiásticas, la destrucción del rito romano y de nuestras iglesias (se destrozaron presbiterios, se arrumbaron altares, imágenes y ornamentos; lo que se había salvado de los franceses en 1808, de la desamortización de Mendizabal y de la guerra y revolución de 1936, pereció en el post-concilio; "lo que no hicieron los bárbaros, lo hicieron los Barbarini"). Sin duda había más y mejor masa crítica en el pueblo católico español y su clero, que no en Francia o los Estados Unidos, para haber protagonizado la resistencia tradicional, sin embargo faltó un jefe, los buenos sacerdotes fueron muriendo y el rebaño se dispersó. Hoy es en esos otros países y no aquí donde florece la restauración católica, en forma de muchas familias numerosas, parroquias, escuelas y conventos tradicionales, donde sin duda este antiguo rector del seminario de Cáceres o el citado y difunto canónigo de Vitoria se habrían reconocido en casa, en la Iglesia que hace lo que siempre hizo y cree lo que siempre creyó.

  • jesus muiñosjesus muiños15:21 | 09 de febrero, 2012

    Pues si es un gran libro... y si que se puede encontrar en alguna librería...

    El problema es que no fue este hombre el único que pronostico lo que iba a ocurrir años después.
    No todo lo que ocurrió es negativo, ni todo positivo pero el postconcilio lío a la curia y a los formadores mas que ayudo..

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