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    La cigüeña de la torre por De la Cigoña

  • 17 ABR 2011
  • 2comentarios
  • El odio a Dios

    ¿Hasta cuando lo vamos a aguantar?

    Publicado hoy en LA GACETA
    Parece haberse exacerbado en estos últimos tiempos el odio a Dios y a su Iglesia de manera que raro es el día en el que no tenemos noticia de alguna profanación de un templo o de un acto sacrílego ocurrido en nuestra patria. Cuando se sabe quienes son los protagonistas de esos hechos surge una primera cuestión. Convencidos, al parecer, de que Dios no existe no tendría el menor sentido, incluso dentro de su escasísimo sentido, el afán de insultarle o mofarse de él. Por lo que sólo cabe entender sus acciones como un deliberado propósito de ofender a los católicos. Que todavía somos una notable mayoría en este país. Y tanta agresión gratuita, contraria además a la legislación vigente, de no ser cortada de raíz por los poderes públicos, por laicos que sean, puede tener muy serias consecuencias para el orden público que esos poderes tienen la obligación de conservar. Salvo que quieran que esto se convierta en la ley de la selva.
    La gran mayoría de los españoles, católicos o no, desea una convivencia pacífica que es imposible ante tanta agresión repetida. Aquí pueden manifestarse todos en favor de sus creencias. Los católicos pueden salir a la calle en defensa de la que entienden debe ser la familia o sacando en procesión al Señor del Gran Poder. Y no se les ocurre con ese motivo quemar el centro de gays o lesbianas, las oficinas del PSOE o la embajada de Cuba. Y seguro que si eso hiciera algún loco sería inmediatamente detenido por la policía. Pues a ver si estamos a la recíproca. Porque el Estado, y por ello la policía, se paga en parte muy considerable con los impuestos de los católicos.
    Son ya muy numerosos los templos que se han profanado recientemente. Y parece que ello va a más. Estoy seguro de que cuando a algunos de esos indeseables se les aplique lo que la ley tiene establecido desaparecerán los demás inmediatamente. Porque son una insignificante minoría que solamente actúa si tiene asegurada la impunidad.
    Las profanaciones de templos responden a tres tipologías, todas ellas ultraminoritarias. La más tradicional, y también la más comprensible, responde a un interés económico. Los profanadores son unos simples ladrones que actúan en una iglesia como podrían hacerlo en una casa particular. No les mueve ningún odio ni quieren atentar contra las creencias de nadie. Como el que asalta una sucursal del Banco de Santander y tal vez ni sepa de la existencia de Emilio Botín.
    Luego están los que por los motivos que sean odian a la Iglesia y no buscan ningún interés material sino agredir a la conciencia católica. Entran de lleno en casos descritos en libros de psiquiatría. Y no tienen nada que ver con todos aquellos ateos o agnósticos que, a `pesar de sus convicciones, reprueban absolutamente estos hechos. Su insignificancia ha quedado de relieve en cuanta ocasión han querido manifestar públicamente su odio a la Iglesia. Salvo en el caso del orgullo gay, que responde a motivaciones en buena parte distintas, cuando han querido movilizarse y dejar constancia de su presencia en la calle no llegaban, o apenas superaban, el centenar. Recordemos, por ejemplo, la concentración de apóstatas ante el arzobispado de Madrid. Cincuenta frikys siendo generosos.
    Por último, y también dentro de frikilandia, están una serie de juguetes rotos, personajillos en busca de página, artistas que creen que de ese modo van a ser conocidos y que fían a la injuria lo que no pueden fiar a su talento, que comparecen con sus nombres que apenas conoce nadie. No voy a citar a ninguno pues la mayoría de ellos manchan cualquier página que ponga su nombre. Nadie sabe quienes son y si alguno fue en su día medianamente conocido hoy todos le han olvidado.
    Pues ese mundo de la peor farándula y de la peor estofa es el que un día sí y otro también pretende tocar las narices a los católicos. La absurda procesión atea prevista en Madrid para esta Semana Santa parece que ya ha sido desautorizada, El mayor favor que este Gobierno podía haberle hecho para evitar que no acudiera prácticamente nadie y que a alguno de los escasísimos asistentes alguien le saludara los morros. Que no es respuesta que recomiende pero que puedo entender cuando alguien se empeña en insultar a otro. Y además es un cacaseno.
    Es de esperar que el Gobierno corte de una vez con tanto acto lesivo del ordenamiento vigente. Nadie pide para ellos muchos años de cárcel. Simplemente que comprueben que sus agresiones no quedan impunes. Y que los españoles podamos convivir pacíficamente sean cuales sean nuestras ideas religiosas. Que todos tenemos derecho a tenerlas sin que nos insulten por ellas o hagan escarnio de nuestros símbolos y de lo que para muchos de nosotros es mucho más que un símbolo.

     


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2 Comentarios

  • CaminantCaminant18:50 | 17 de abril, 2011

    Pienso que debemos actuar con caridad-rezando por ellos-pero con firmeza,es decir,defendiéndonos.

  • Miguel González R.Miguel González R.16:44 | 17 de abril, 2011

    Forma parte de la estrategia de la tensión zapaterina que tantos beneficios le procura.

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