- 18 ENE 2010
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- Se ha ido Danneels, llega Léonard. No podía haber mejor noticia para la Iglesia belga.
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Lo que se venía asegurando ya es oficial. El cardenal Danneels, continuador de la suicida línea de su antecesor Suenens, ya es arzobispo emérito de Malinas-Bruselas. No deja tras de sí nada. Una diócesis moribunda que él contribuyó no poco a dejarla en ese estado.
Gran noticia pues que el Papa le haya aceptado la renuncia a este progresista que empeoraba con los años. Como los malos vinos. Y con notable rapidez pues, salvo error por mi parte que ya corregirá Don Antonio Lasierra si lo hubiere, es después del meteórico caso del cardenal Amigo, el segundo cardenal emérito más joven del Sacro Colegio. Son mayores que él y siguen en activo: Sandoval, Poletto, Kasper, Husar, Rubiano, Rosales, Vlk, Quezada, Cheong-Jin-suk, Vidal y Pujats.
Pero si excelente es la aceptación de su renuncia, más, si cabe, el nombramiento de su sucesor. El obispo de Namur André-Mutien Leonard que representa una línea absolutamente contraria a la de Danneels. Sin la menor duda el prelado más tradicional de Bélgica. Él sólo tiene tantos seminaristas como las demás diócesis de aquella nación juntas.
Bien podemos decir que no es una sucesión normal sino con bofetada. Análoga a la que acabamos de ver en San Sebastián.
Monseñor Leónard tiene 69 años y su designación habrá consternado al progresismo belga. Al tiempo que habrá producido inmenso gozo a lo que queda de catolicismo en aquel país. No es fácil la tarea pero con él cabe la esperanza. Y además va a ser seguro cardenal en breve. Con derecho a voto hasta el 2020.
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