- 02 FEB 2010
- 47comentarios
- ¿Y si dejáramos la Memoria Histórica para la Historia?
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Si traigo este tema al Blog es por sus implicaciones eclesiales y no por sus aspectos meramente políticos. Naturalmente yo tengo mis opiniones políticas pero he procurado dejarlas siempre al margen de las cuestiones que aquí trato. Y por la sencillísima razón de que así me da la gana.
Van a cumplirse los 74 años del 18 de julio de 1936. Quienes tuvieron algún protagonismo en aquello tienen hoy, los poquísimos que quedan, más de 90 años. Creo que lo mejor que se puede hacer, con los de uno y otro bando, es dejarles tranquilos. Y que vivan una ancianidad feliz.
El intento de resucitar hoy la guerra civil no ha dado el menor resultado. Los menores de 35 años no habían nacido cuando murió el Generalísimo Franco. Y los menores de 50 no tienen recuerdo vivido de aquel Régimen. Es imposible embarcar a bastante más de la mitad de la población española en algo que no les afectó personalmente en nada.
Sus preocupaciones hoy son sobre todo el paro que nos ahoga, la inseguridad ciudadana, la salida de la crisis, la amenaza islámica... Querer acallar eso buscando los restos de García Lorca o de otros muertos en la guerra no da ya ni un voto. Y si lo que se busca no se encuentra, todavía peor.
Y más cuando aparecen otras fosas todavía con más muertos del bando nacional. No hay nada comparable a Paracuellos pero otros lugares que nadie recordaba están apareciendo. Lo de la mina de Camuñas, con numerosos restos de sacerdotes, hombres y mujeres repugnantemente asesinados nos ha estremecido en estos últimos días. Y se ha hecho el silencio sobre los huesos aparecidos en Alcalá, al parecer de republicanos asesinados por los republicanos.
Hoy LA GACETA nos recuerda la militancia franquista del abuelo materno de Zapatero, del padre de Fernández de la Vega, de Elena Salgado, de Chaves, de Rubalcaba, de Bono, de Mauel Marín, de Cristina Almeida, del abuelo de Conde Pumpido, de la familia de Barreda. Y en la misma situación se encuentran Bermejo, Rodríguez Ibarra, Rosa Conde, Arzallus, el jesuita Díez Alegría, Pradera, Juan Luis Cebrián...
¿Vale la pena seguir con esto? ¿Para qué? ¿Beneficia a alguien?
Hay un hecho incuestionable: la sublevación del 18 de julio salvó a la Iglesia de sus desaparición a sangre y fuego. Después, el Régimen que de aquello nació hizo cosas buenas y malas. Como todo sistema político. Dejemos a los historiadores la Historia y ocupémonos del hoy y del mañana que bastante negros están.
Los que hoy forman las inmensas colas del paro necesitan un empleo y no que se retire una placa de un ministerio o se cambie el nombre de una calle. Con eso no van a comer.
Y no deja de ser grotesco que todos esos personajes o personajillos se empeñen, como principal tarea de gobierno, en decirnos qué hijos de puta eran los franquistas cuando lo que deberían decir es qué hijos de puta somos. Porque para franquistas sus padres. Desde luego bastante más que el mío. Que también fue franquista.
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