06:51 | 29 de diciembre, 2009
Sigue callado el obispo a quien la Virgen no le va a regalar una casulla.
"Tu eres mi capellán y fiel notario" dijo la Santísima Virgen a San Ildefonso agradecida por el amor y la defensa que el arzobispo toledano le mostraba permanentemente. Y bajó del cielo para imponerle la casulla.
El actual obispo de Cartagena no se parece en nada al santo arzobispo toledano del siglo VII. Ni en el amor ni en la defensa. Él se lo pierde.
Lorca llegó al obispado cartaginense de modo turbio. La eclesialidad de su diócesis comenzaba a olvidar aquello y las heridas, profundas, parecían cicatrizar. Aunque el obispo mendocino siguiera pagando deudas. La última celebrando la misa de Navidad en la UCAM. ¿Cuántas misas van ya a gloria de Mendoza desde aquella televisada de Madrid? Murcia bien vale una misa, que dijo el otro. ¿O era París?
A mí Mendoza se me da un ardite y hasta es de bien nacido el ser agradecido. No traigo al mendocino por sus amores, manifiestos, sino por sus desafectos, que también lo son.
La Santísima Virgen ha sido ultrajada en su más sublime misterio, el de la Encarnación del Verbo, en la diócesis de Lorca Planes, por un sacerdote jesuita y en el periódico murciano de toda la vida. Y el obispo, tacebat.
Como si eso no tuviera nada que ver con él. Pues es una pésima decisión. Para el mendocino con cara de tocino. Porque si sigue callado va a cargar siempre con ese silencio. Que se lo van a recordar una y otra vez. El obispo al que le trae sin cuidado que hagan befa de la virginidad de María y de la Encarnación del Verbo.
Tiene un ejemplo algo más al norte. En el cardenal que calló ante un sacerdote suyo que pagaba abortos. Y de lo que debe estar arrepentidísimo. Ese baldón le va a acompañar hasta la tumba. El cura Pousa pasó de ser una excrecencia diocesana a ir indisolublemente unido a su arzobispo. Para vergüenza de éste.
A usted, si sigue callado, le va a ocurrir lo mismo. Y pasará a ser recordado como un lametraserillos de Mendoza y un cobarde que se traga gravísimas ofensas a la Madre de Dios. A no ser que las comparta, lo que sería mucho peor.
Pues eso le ha tocado, señor Lorca. Retratarse. Porque haga lo que haga retratado va a quedar. Aunque de usted dependa que la fotografía se pueda colocar dignamente en el palacio episcopal o que sea una vergüenza en la historia de la diócesis.
Un buen amigo mío. y seguramente no tanto suyo, me decía ayer: qué vas a esperar de ese tío que cada vez se parece más físicamente a Cristina Almeida. Le repliqué: qué más quisiera el obispo en el caso de callar, la Almeida es coherente con lo que cree y siempre lo sostuvo con gallardía. En lo del parecido físico no entro. Hace mucho que no veo una fotografía de la Almeida. Aunque algo tocinillos sí parecen ambos.


