07:34 | 07 de enero, 2010
¡Vaya bandera católica!
Publicado ayer en LA GACETA
Don Ángel García Rodríguez (Asturias, 1937), más conocido como el P. Ángel, es un excelente animador de ONG’s y un extravagante sacerdote. Afectado de una más que notable incontinencia verbal rara es la vez que habla en la que no deje malherida a la Iglesia.
Tiene muchos amigos de campanillas, de los que sin duda se vale en apoyo de sus obras, lo que está muy bien, pero los favores recibidos, o la simple amistad, hacen que, si alguien próximo a él en el afecto choca con la Iglesia, Don Ángel no lo duda. Y con quien no está es con la Iglesia.
La reciente aprobación por el Congreso de los Diputados de la nueva Ley del aborto colocó al presidente de la Cámara, que se las da de católico, en una difícil situación. Y a la que se enfrentó con su descaro habitual. Él iba a seguir comulgando dijeran lo que dijesen los obispos.
A Don Ángel le faltó tiempo para acudir en defensa del amigo. Con una frase lapidaria muy del estilo de ambos: “La Iglesia no debería tener a Bono como diana, sino como bandera”.
No me cabe duda de que al manchego lo de ser bandera le debió encantar. Y a Don Ángel esas defachateces le salen solas. No precisa el menor esfuerzo. Se trata de halagar a un amigo y a ello. Caiga quien caiga. Aunque sean los obispos. A los que mañana dedicará otra frasecita amable y todos tan contentos. Y a vivir, que son dos días.
Pues a mí lo de la bandera me ha gustado. Porque efectivamente hay una bandera ondeando sobre el Congreso que preside el señor Bono. Y que no es la de España ni, claro está, el presidente izado en un mástil.
Es una bandera negra con una calavera y dos tibias cruzadas. En recuerdo de ese más de un millón de criaturas asesinadas hasta el momento en el vientre de sus madres. En muchas de ellas, los huesecitos eran sólo un proyecto que se iba a desarrollar y que se interrumpió. En otras ya se apuntaban. Esa es la triste bandera del Congreso. Una bandera pirata. Una bandera que odia a Dios y mata a sus hijos. Que Don Ángel la defienda es bien triste.


