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    ¡A los molinos! por Jorge Bustos

  • 03 FEB 2012
  • 2comentarios
  • De marmotas y toros

    Si Boyero, esa luciérnaga de las salas de cine, responsabiliza a Mou de la sangre vertida en Egipto, no vamos a escandalizarnos porque Chesús compare a Ponce con Goebbels. El próximo que diga una gilipollez en este país va a tener que decirla a la orilla del mar, porque aquí no cabe un tonto más

    Ayer fue el día en que Phil, la famosa marmota que atrapaba a Bill Murray en un bucle de nihilismo o redención, debía asomar su aletargado hocico de la madriguera y decidir si volvía a la piltra o aventuraba su trote de cochino jibarizado por la escarchada pradera de Punxsutawney, Estado de Pensilvania, marcando de este modo, con fiabilidad de satélite, una prolongación o un acortamiento del periodo invernal. Según mis cuadernos infantiles de Félix Rodríguez de la Fuente, aún quedan en España algunas marmotas (marmota marmota) asentadas en la franja pirenaica, sin contar los cinco millones de marmotas forzosas que registran esos otros cuadernos sin ninguna amenidad que maneja Fátima Báñez. Pero si una de nuestras marmotas ibéricas se desperezó ayer bajo las coníferas del Valle de Arán, a buen seguro regresó ipso facto a la madriguera, acogotada por la ola siberiana, el paro de enero, la reforma laboral, la financiera y el linchamiento arbitral, práctica villana que un roedor puede tolerarle a Mourinho, quien al cabo gasta rictus de perro cimarrón, pero no a Messi, que exhibe las emparentadas facciones de una inofensiva musaraña. Claro que para qué vamos a hablar de árbitros con tanto paro y en el día de la marmota, parafraseando a aquel.

    Las marmotas catalanas han de sentirse muy protegidas porque del fondo de sus madrigueras solo podrían venir a sacarlas los hijos viriles de Millán-Astray, al decir del diputado barretinero Tardà, que condiciona la vuelta de los toros a Cataluña a una intervención de la Legión. Tardà, con su farfullo garbancero a medio masticar, que en los corrillos en las Cortes siempre parece que te va a decorar un ojo, ha desbrozado en nuestro parlamentarismo un camino propio, el camino del oxímoron institucional, el antisistema sistémico con el mismo derecho a la camisa negra que a las dietas pardas, y es normal que aprovechen el senderillo otros descamisados ganosos de tanta respetabilidad sobre los acantilados de mármol como bajo las madrigueras del underground guevariano. De momento, su alumno aventajado responde al nombre de Chesús Yuste, un Labordeta sin suficientes paseos que portavocea a Izquierda Plural:

    —Dudo mucho que la tauromaquia pueda tener esa consideración. Es como pretender que Auschwitz sea Patrimonio de la Humanidad —le espetó Chesús, con dos co..., al ministro Wert, que es taurino y anuncia medidas de protección a la tauromaquia, con lo que eso tiene de fascista en estos tiempos.

    Claro que si Boyero, esa luciérnaga de las salas de cine, responsabiliza a Mou de la sangre vertida en Egipto, no vamos a rasgarnos ahora la túnica porque Chesús compare a Enrique Ponce con Joseph Goebbels. El próximo que diga una gilipollez en este país va a tener que decirla a la orilla del mar, porque lo que es en España no cabe un tonto más. Y así las cosas, ¿cómo vamos a extrañarnos de que las marmotas no quieran salir y de que el invierno se alargue?

    La palabra gilipollas, por cierto, viene de nacimiento asociada a la política en la etimología que uno conoce, la que evoca a un don Gil Imón que fue alcalde de Madrid y que tenía dos hijas feas y lerdas de las que se hacía acompañar a todos lados. Por entonces, “pollas” valía por “hijas” en la parla castiza de la Villa y Corte:

    —¿Ha llegado ya don Gil?
    —Sí, y acompañado como siempre de sus pollas.

    Era aparecer Gil y sus pollas y aguardar a que protagonizaran alguna gil-i-pollez, síncopa feliz quintaesenciada por el madrileñismo irreverente que expresa hasta nuestros días la mentecatez suma, definitiva, insuperable. La gilipollez no es privativa de los políticos, pues ningún gremio está del todo a salvo de incurrir en ella, pero no se puede negar que la política ha dado las gilipolleces más celebradas y los gilipollas más conspicuos.

    El próximo 2 de febrero, si quieren, ustedes y yo hacemos balance y juzgamos si, a la vista de tanto Gil y tanta polla, a la marmota le compensaba salir o no del agujero.

    (LA GACETA, 3-II-12)


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2 Comentarios

  • Anónimo(No registrado)18:40 | 03 de febrero, 2012

    ¿En qué cabeza cabe que tales distinguidos del grupo mixto, configurados para sitio comisionado como este, acusen, como vulgares incultos vecinos de simple colla de caganers en corralito, vertebradores distingos eximentes tildados de no pertenencia a su fuero maloliente, a sabiendas de que el arte de meterla rematadamente hasta la bola es un bien cultural de profundo y hondo arraigo popular, según anales y liturgia históricos, a cuya conclusión el torito sale en guisando con patatas, a veces con rabo, para servicio de boca fina cual de estas mercedes y acompañado de regadera plus, tras agotadora sesión en comitiva?
    Resulta del todo impropio, más bien de trastornados histriónicos de personalidad camaleónica seudohermafrodita, negar que todos los ibéricos bien pacidos de bellota sin cáscara -que son la envidia cochina más seductora de cualquier loca cabra del Atlas bereber, que yo conozca-, han suscrito en número superior de 500 mil un manifiesto protestante reivindicativo contra la prohibición catalana de colgar carteles de corridas de toreadores españoles en las plazas de albero redondeadas, exigiendo que tales luces tipográficas luzcan en español como es idiomáticamente legal.
    Gott Mit Uns. Olé!
    Y es que, como maestralmente rejonea mi vecino del quinto pino, a lo que así abunda el intersexual del sexto con desquite de gorrila:
    "No se enteran de que somos mayoría a favor de los cuernos. ¡Que sus Joan!"

  • Don Cosme18:05 | 03 de febrero, 2012

    Estupenda entrada como es habitual, pero permítame que le corrija un pequeño detalle: Don Baltasar Gil Imón de la Mota, no fue regidor de la Villa sino Fiscal del Consejo Supremo de Castilla y Gobernador de Hacienda.

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