- 02 FEB 2012
- 1comentarios
- ¿Moda? Disparata y ponte serio
En mi condición de convaleciente me desasosegaba ante todo sufrir una recaída gripal al contacto estrecho con el parnaso pitagórico del 90-60-90. Y no lo digo por las modelos –pobres–, sino por aquellas que van allí a mirar, que son las que están buenas de verdad como todo el mundo sabe
-
Miré en el armario y no encontré ninguna prenda tasada sobre la barrera psicológica de los 200 machacantes, así que me resigné a cubrir la Pasarela Cibeles desde un punto de vista de advenedizo neto, ligeramente avillanado incluso, socialdemócrata en suma, carente de cualquier sofisticación.
—Ponte una camiseta negra y di que es vintage de Armani, que salen por 500 euros —me aconsejó una tuitera.
Sólo tengo camisetas negras de grupos de rock, así que elegí una de Jim Morrison, y encima una camisa a rayas y un jersey violeta que juzgué suficientemente aguardiolado y me metí en el metro hacia el Ifema, por una de cuyas potemkininas naves desfila cada año el divino supramundo de la alta costura y del prêt-à-porter. “En el metro no veo a ninguna modelo, de momento”, anoté muy profesional en la libreta que siempre va conmigo. “La crisis no afecta a las maniquíes”, apostillé, ya abiertamente ufano de mi sagacidad.
Este año la Pasarela Cibeles de toda la vida ha sido rebautizada como Mercedes-Benz Madrid Fashion Week en un intento de los organizadores por sacudirse el pelo de la dehesa castiza y echárselas de cosmopolitas que te rilas, cuando lo único que han conseguido es que las periodistas con gracejo la llamen ya la “Merche”. A mí, que me basta habitualmente con lo que viaja en el metro, en mi condición de convaleciente me desasosegaba ante todo sufrir una recaída gripal al contacto estrecho con el parnaso pitagórico del 90-60-90. Y no lo digo, evidentemente, por las modelos –pobres–, sino por aquellas que van allí a mirar, que son las que están buenas de verdad como todo el mundo sabe y nadie dice, caramba. Experimenté cierto alivio al topar con Esperanza Aguirre y Álvarez del Manzano nada más acceder al recinto, una sensación de familiaridad muy grata, como si Cortés se hubiera encontrado con el Parque de Monfragüe a la entrada del mítico Eldorado. Luego ya vi a los aborígenes, como aquel muchacho impreciso de hombreras emplumadas, pitillos rojos y... cuña de medio palmo en unos como botines de ante negro. El primer tío en tacones que veo que no es una drag-queen. Ese entra gratis, pensé.
Hubo un momento de la mañana en que posiblemente fui el único varón heterosexual en Ifema. Las pardillas que se paseaban por ahí sin monflorita adjunto integraban la clase menestral de lo fashion. La verdad es que tampoco esperaba encontrar aquello petado de mourinhistas incircuncisos.
Al ingresar en el llamado Cibelespacio –una mezcla de zona mixta del Bernabéu, showroom neoyorquino y ático de la imaginación de Botticelli–, me di de frente con Chenoa, si bien perfectamente hubiera podido darme con su escote, de una esfericidad casi astral, desafío a la trigonometría hecho carne. Y hablando de carretas andaba por allí también la actriz María Castro, demostrando que sin ellas efectivamente no hay paraíso. Estaba metida en una casita de venta de muesli, que viene a ser el alpiste con que se nutren las top models, y escribía en una pizarra esta frase para pupilas del victimismo fashionable: “Gradúate en quererte”.
En el Cibelespacio aquel uno podía cortarse el pelo o dejárselo largo, escuchar reggaetón, chupar wifi en la sala de prensa o grabar a tiza tus propios diseños en la pared de un chiringuito de Mahou, por ejemplo. También podías dejarte arrastrar por unos tacones hacia una dirección que abandonabas por otros más altos que se te cruzaban en el derrotero de los anteriores, y así sucesivamente hasta tener que tomar asiento y replantearte tu vida. En un desfile de alta costura, sin embargo, resulta descabellado ligar, así en un Zara. Las mujeres andan con la mirada reconcentrada y absorta: no pueden pensar en coquetear porque todas sus facultades se agotan en proyectar el grado de coquetería que alcanzarían si se enfundaran aquel maravilloso Roberto Verino. Como mucho, sacaba mi libreta ante una pantalla y esperaba a tener a una fashion victim a mi altura, que sin mirarme comentaba:
—Esos plisados son como muy compactos. Es una visión como muy prerrafaelita.
—Estoy de acuerdo —musitaba yo, a duras penas, aflautando algo la voz.Primitivismo mío aparte, uno se fue de allí rumiando la grotesca solemnidad que impera en este circo donde el titular a seis columnas lo merece la victoria de la braga-culotte sobre el tanga. Y nadie se ríe, sonríe siquiera. La ironía y la moda se excluyen.
—No lo entiendes: cuanto más serio eres, más cool —me explica una amiga, que me conoce bien.
Y eso pasa, que se empieza siendo juzgado por antisemitismo en París y se acaba uno vistiendo de cualquier manera.
(LA GACETA, 2-II-12)
-
Tweet
TEMAS:
1 Comentario
Anónimo(No registrado)19:53 | 02 de febrero, 2012
Metida en cintura del consejo no desviado de la tuiti; lástima que los trajes de segunda mano están de capa caída, descartados del calculable escandallo.
Este speedo de temporada me queda pequeño y me corta la ingle; probaré twenga o mejor continúo en meyba palomares.
Para comentar debes registrarte
Si quieres entrar en el debate debes estar registrado en nuestra comunidad.
Si ya lo estás, debes iniciar sesión.
Si aún no lo estás, regístrate aquí.
Recuerda que tu comentario puede ser votado por el resto de los usuarios que estén registrados.
Revisa nuestras normas de conducta si no quieres que tu comentario sea moderado. Acceder al manual.
Sepa más sobre nuestra política.