- 08 FEB 2012
- 2comentarios
- Sociología de la caña
La cerveza es un producto que necesita poca promoción, quiero decir que advierto una diferencia entre regar de litronas el parque y cablearlo con fibra óptica
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Corre el rumor de que un estómago español promedia 50 litros de cerveza al año. Si eso es verdad, suponemos que lo hace porque encuentra algún provecho en ello y no hay necesidad de que ninguna universidad boloñesa o empresa de demoscopia se vea en la obligación de urdir una sociología de las cañas, de dotar de anclaje epistemológico al olímpico acto de empinar el codo. Pero en fin, este abuso de la estadística es el sistema de gobierno que nos hemos dado, y del mismo modo que nos preguntan qué ministro nos gusta más, un día entrará uno de esos buhoneros de la encuesta en la tasca donde embaulamos el tercer botellín y nos inquirirá a bocajarro por qué bebemos cerveza y por qué estamos solos o en compañía mientras la bebemos, si creemos que la cerveza da la felicidad o palía la halitosis, y en este plan.
Esto mismo es lo que ha hecho Quota Research en su informe “Los bares y la cerveza, cómplices de grandes momentos”, que ayer presentó Boris Izaguirre en un bar de Alonso Martínez donde uno tiene empezadas algunas noches toledanas. Boris se ha hecho rico quemando pluma en la televisión, pero ahora bulle demasiada competencia en ese gremio y sabiamente ha decidido retirarse a Londres, dice que entregado a la novela. A escribirlas, asegura. Comparece de traje, algo corto de pernera para tratarse del Petronio venezolano que él pretende ser, árbitro de la elegancia, y exhibe unas canas senatoriales en las que parece perseguir una redención estética al exceso de histrionismo pasado. Ignoro por qué Cerveceros de España y la citada compañía han elegido a Izaguirre para promocionar la cerveza, que es un producto que necesita poca promoción, quiero decir que advierto una diferencia entre regar de litronas el parque y cablearlo con fibra óptica. El propio Izaguirre, con cara de sueño fastidiosamente interrumpido, también ignora por qué lo han elegido a él, pero ya que se ha levantado trata de tomárselo con profesionalidad.
—Este es un país altamente sociable. Yo creo que la cerveza nos europeíza —balbucea para empezar, mientras el sociólogo y el empresario representante del sector abundan en tópicos sonrosados sobre la ligazón conceptual entre amistad y zumo de cebada, sobre el mínimo de 15 amigos que admite tener el 80% de los españoles, sobre las veces que nos hemos declarado tomando cañas y cosas así.
Entonces va desperezándose en Boris el bufón vocacional al punto de locaza y empieza a reclamar su público:
—Yo he intentado ponerme rubio muchas veces echándome cerveza por la cabeza. Lo hacen muchas mujeres también, porque toda mujer atesora a una rubia dentro. Hay que reconocer que te deja el pelo mucho más suave y nutrido de cereales. La cerveza, además, hace más sexys a las mujeres. Una mujer con una caña en la mano parece siempre que va a hacer cosas imprevisibles contigo.
A todo esto ha entrado en el local Cristina Pedroche, la rotunda reportera de Neox, contra la que dispongo de inmediato una oblicua batería de ojeadas. Pedroche es más bien bajita, de piernas compactas, cara de niña que fuma sin que sus padres lo sepan y pestañas como para enredar a un banco de delfines. Colma la categoría de “tía buena” sin alcanzar la de “buena que se espanzurra” de una Pilar Rubio, por ejemplo. Lo cual no tiene por qué ser peor, necesariamente.
—La cerveza pega con tierra y con mar, con patatas y con boquerones, y esto es algo que siempre me ha impactado —prosigue Boris con ese énfasis irónico con que disparata—. La cerveza por lo común genera un poco de reticencia a la hora de besar, aunque a mí personalmente me encanta la espumita. Y luego hay otro tema que deberíamos abordar, que es el delicado asunto del eructo, que no es más que una re-circulación de las cosas, ¿no?
Homer Simpson estableció que la birra era la causa y la solución de todos los problemas de la vida. Pero el mejor elogio que se pueda hacer de la cerveza, sus tormentos y sus éxtasis, se lo leyó uno a un irlandés –¡a quién si no!–, a J. P. Donleavy, que hace decir al salvaje antihéroe de El hombre de mazapán:
—Cuando me muera quiero descomponerme en un barril de cerveza negra y hacer que la sirvan en todos los pubs de Dublín.
(LA GACETA, 8-II-12)
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2 Comentarios
J. P. Donleavy plagia. en la Rioja se canta desde tiempos inmemoriales:
******
Cuando yo me muera
tengo ya dispuesto
en el testamento
que me han de enterrar (bis)
en una bodega
dentro de una cuba
con un grano de uva
en el paladar (bis)
*****
Anónimo(No registrado)16:34 | 08 de febrero, 2012
El del bebódromo donde acudo a promediar, desde el 20N próximo pasado tiene colgado bilingüe cartel indicativo de su peculiar condición del servicio como parte contratante desde la primera, razón por la que algunos sedientos, casi la mitad, le acusan de xenófogo del género, en tono amarillo, y algún que otro polaco perdido en trashumancia le exige completa traducción a vernácula:
= AVISO A SOCIALISTAS = NO FÍO NI MEDIA A NADIE =
"if you have come here to drink to forget, please pay when served"
Embarrados entre original y fotocopias, un amiguete me comenta estar leyendo "Cuando fui a sacar lo que necesitaba para escribir, descubrí que no tenía lapicero; lo había dejado olvidado en la tienda del prestamista; mi lápiz se había quedado en el bolsillo del chaleco", de Knut Hamsun, en su novela "Hambre" (1890), al hilo de apostillar que el PSOE debe reformular los baches de su carretera porque el camino que sigue se advierte peligroso laberinto hacia un final incierto.
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