- 16 SEP 2011
- 3comentarios
- Nacen las 'free school' de Inglaterra, una alternativa a la enseñanza pública
West London Free School es uno de los 24 nuevos colegios financiados con dinero público, pero regidos de forma privada, que acaban de estrenar curso escolar en Inglaterra. ¿Su lema? Sapere aude, atrévete a saber.
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Aunque no los mencionó directamente, los últimos levantamientos sociales vividos en Londres y protagonizados muchos de ellos por niños mal de familias bien, fueron un motivo -otro más- para poner en marcha los nuevos free school -colegios libres- que por primera vez abren sus puertas en Inglaterra.
Con ellos David Cameron espera “recuperar un sistema educativo basado en la excelencia con una tolerancia cero hacia el fracaso” De las conversaciones -largas- de asociaciones de padres, grupos religiosos y entidades educativas con la secretaría de Educación han nacido 24 escuelas y se prevén muchas más. Todas pagadas con dinero público, pero gestionadas por grupos independientes que solo responden ante la administración educativa y no ante las autoridades locales.
Se han puesto en marcha más de una veintena, pero no todas han recibido las mismas críticas ni el mismo aluvión de matrículas que la West London Free School, en el barrio de Hammersmith. Liderada por el columnista y escritor Toby Young -autor de libros tan controvertidos como Cómo perder amigos y alienar a la gente o El sonido de nadie aplaudiendo- y con la sentencia latina sapere aude como lema, la escuela recupera la esencia de la educación liberal clásica, o lo que es lo mismo: educar por la educación en sí misma, sin ninguna pretensión vocacional.
Sin móviles
Traducido: grupos de 24 niños estudiando latín -asignatura troncal-, griego, historia, arte, literatura inglesa, lengua extranjera y matemáticas durante varias horas al día. Después, el tiempo de la gimnasia y los juegos -algo así como mens sana in corpore sano- y por la tarde y fuera del horario escolar, actividades deportivas y culturales -teatro, ajedrez, aula de debate, música- para ampliar el círculo de amigos, completar la formación académica y, sobre todo, descubrir cuáles son los gustos e intereses del alumno.
Para estas clases extraescolares los fundadores del colegio no cuentan con fondos estatales (limitados a las actividades curriculares) por lo que piden a los padres de los alumnos que aporten mensualmente el dinero que puedan. “Los niños cuyos padres no puedan aportar nada podrán acceder igualmente al programa completo de actividades”, señala la hoja de matrícula. A pesar de esta solidaria práctica y de que la selección de alumnos -solo 120 de las 500 solicitudes- se ha basado en la proximidad y en el puro azar, el colegio carga con la etiqueta de elitista.
Quizá por el inglesísimo uniforme -chaqueta gris de corte clásico, blusa blanca, falda y pantalón y mocasines, sin más adornos que un reloj de pulsera y pendientes (uno por oreja) para las niñas- o por la severidad de la que presume el colegio.
Se recomienda a los padres que no permitan a sus hijos llevar al colegio teléfonos móviles -los padres podrán contactar con sus hijos a cualquier hora a través de la centralita del centro-.
Está tajantemente prohibido exhibir móviles en el centro, por supuesto usarlos -ni para hablar ni para escuchar música- y la dirección advierte: “No perderemos un tiempo útil y valioso en buscar móviles extraviados”.
Los niños que se salten la norma y hagan uso del teléfono en el centro verán cómo les es requisado y devuelto solo a sus padresMás normas de conducta: se rigen por las tres ‘C’ -cortesía, sentido común (common sense) y cooperación- e instan a los alumnos a hablar educadamente en el colegio, a tratar de entender el punto de vista ajeno, a facilitar la vida a profesores y alumnos, a mantener la corrección en el estar y el vestir y a hacer del colegio, en definitiva, un lugar acogedor para todo el mundo.
El centro ofrece a los alumnos una cuidada atención religiosa y lleva a gala fomentar la sana competitividad. Para ello, los escolares están divididos de forma vertical -al margen de sus grupos de clase- en cuatro casas.
Atenienses, corintios, olimpios y espartanos compiten en cuestiones deportivas y culturales y el buen comportamiento de sus miembros -esfuerzo, actitud y calidad del trabajo- puede hacer ganar puntos a cada casa También hay tiempo para la unión de todos los escolares. Es en las asambleas de los lunes y los viernes, dedicadas las primeras al pensamiento de la semana y las segundas a la música. En ellas se enseña, como si de una clase más se tratara, una materia concreta. Por ejemplo, si el pensamiento de la semana es la perseverancia, éste se expone en la asamblea y después los escolares deberán leer Moby Dick en clase de literatura y buscar, durante las horas de Geografía e Historia, otros exploradores que hayan hecho gala de una gran perseverancia.
Serán la primera generación de la vuelta a los clásicos. A ellos y a sus padres los responsables del colegio les han prometido resultados muy concretos: alumnos con capacidad de decisión y análisis, con empatía para escuchar las opiniones ajenas y para resolver y plantear problemas, precisión para pensar y expresar pensamientos, capacidad para asumir riesgos, inquietud intelectual, creatividad, imaginación e innovación, sentido del humor y herramientas para aplicar el conocimiento adquirido en nuevos campos del saber. ¿Quién da más?
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TEMAS: colegioEducaciónEsfuerzo
3 Comentarios
florecilla,
¿de verdad necesitamos colegios públicos de gestión privada donde los padres "colaborarán" económicamente según sus posibilidades?
En Alba de papel ha quedado genial el artículo.
En España queremos colegios así. mejor dicho, *necesitamos* colegios así.
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