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    Paracuellos'36 por Santiago Mata

  • 22 DIC 2011
  • 4comentarios
  • Temas Sociales
    Señor Rajoy, señora Mato: déjennos ver un aborto

    El caso de Abby Johnson muestra cuál es la forma de terminar con este holocausto

    Foto

    Señor Rajoy, señora Mato: dicen ustedes no ser partidarios del aborto. Yo les voy a decir cómo terminar con él sin cambiar leyes ni gastar millones: graben un aborto y muéstrennoslo.

    Es la forma de que la mujer que piensa en abortar pueda informarse acerca de qué es eso. Y además, como lo pagamos los ciudadanos, tenemos derecho a saber en qué gastan nuestro dinero. Cualquier cirujano que se precia graba sus operaciones y se las entrega al paciente. Los abortistas tienen los mejores ecógrafos, de modo que filmar un aborto no cuesta nada. No cuesta más que el valor de saber de qué estamos hablando. Y una vez que lo sepamos, el aborto industrial se acabará de golpe. Se lo aseguro. Del mismo modo que se acabaron las excusas de los alemanes cuando les obligaron a ver -aunque fue a tiro pasado- algunas de las atrocidades cometidas en el Holocausto. Después, solo les quedó la excusa de decir: “no lo sabíamos”.

    No digan que grabar una operación violaría la intimidad de alguien. Tienen todo el derecho a hacerlo precisamente para supervisar que las cosas se hacen conforme a la ley. Además, aunque graben cómo se viola la intimidad y luego se destruye la vida de un feto, no lo harían para colaborar en ese acto. Incluso se supone que la nueva ley obliga a enseñar a los estudiantes de medicina cómo abortar. Y ¿cómo aprender si nadie lo ha visto?

    Si no les importan las vidas de los no nacidos, piensen que la historia les honrará si se atreven a ser los primeros en dejarnos conocer la realidad. Y si ni siquiera el premio les incentiva, piensen en el castigo. Pues, aunque ustedes no pasen a ser más que unos más en la larga lista de cómplices del mayor holocausto de la historia, la pena no es menor por el hecho de que toque a más responsables.
    Si quieren más argumentos, les dejo los que escribí en De Isadora a Bibiana. El nuevo aborto y el Holocausto. Y ahora les dejo con el caso de Abby Johnson publicado ayer en LA GACETA:

    p. 27:

    De responsable de una clínica abortista a militante provida

    Abby Johnson dejó su trabajo al contemplar
    un aborto en directo por ecografía ● Le exigían hacer cada vez más terminaciones de embarazos

    Johnson era directora de la clínica de Planned Parenthood en Bryan, Texas.

    Santiago Mata. Madrid
    Abby Johnson es una psicóloga tejana que trabajó para la mayor multinacional abortista, Planned Parenthood, desde 2005 hasta 2009. En Sin planificar (Palabra), explica cómo pasó de directora de una clínica abortista en Bryan, condado de Brazos, a militante provida.
    El testimonio de esta joven es una prueba más de que la clave para terminar con el aborto industrial es la contemplación visual de la realidad de un aborto. Frente a la evidencia de la liquidación de una vida humana, no sirven de nada –si hay un mínimo de honradez– todos los argumentos a favor del aborto.
    Al mismo tiempo, Abby Johnson muestra que el paso de un lado al otro de la valla que ante las clínicas norteamericanas impide a los providas hablar con las embarazadas que allí acuden y el personal de los abortorios, es posible gracias al espíritu positivo que impregna las actividades de la inmensa mayoría de los activistas provida norteamericanos: se congregan para rezar, ofrecen ayuda con simpatía e incluso –como fue el caso de Johnson– son capaces de regalar un ramo de flores en un día significado de la vida de esas personas a las que aprecian, a pesar de considerarlas equivocadas.
    El punto de partida, en este caso, es un prejuicio según el cual el ser humano no es tal hasta que no es viable fuera del seno materno. En ese caso se considera el aborto como una posible solución, aunque para Abby Johnson nunca fue la única ni a veces la preferible. La venda de sus ojos, según relata en Sin planificar, comenzó a caerse cuando Planned Parenthood quiso construir en Texas una clínica para abortos tardíos. Se buscaba matar fetos que estaban perfectamente formados.

    p. 29:

    Abby Johnson, la abortista que dejó de serlo al ver morir a un bebé
    Publica su testimonio en ‘Sin planificar’ (Palabra) ● Dirigió la clínica de ‘Planned Parenthood’ en Bryan (Texas) ● Ella misma pasó por dos abortos

    Cuando le exigieron ganar más dinero, Johnson afirmó que “el aborto no es una prioridad”.

    El ejemplo de humanidad de los providas le ayudó a cambiar de lado

    Santiago Mata. Madrid
    Salir de la mentalidad abortista es posible, incluso para quienes viven de ese negocio. La única condición es que no hayan renunciado a escuchar a su conciencia. De ello da fe Abby Johnson en el libro Sin planificar, que ayer presentó Ediciones Palabra.
    El testimonio de esta joven que trabajó como voluntaria, más tarde relaciones públicas y por fin directora de una clínica de la mayor multinacional del aborto –Planned Parenthood– en Texas, comienza por el final: su paso al “otro lado de la valla”, donde los providas tratan de ofrecer su ayuda a las mujeres que acuden a abortar. Porque, como en el caso del Dr. Bernard Nathanson –fallecido el pasado 21 de febrero– la visión de un único aborto es suficiente para acabar con una carrera abortista.

    Honradez
    La condición de que aún quede un mínimo de conciencia en el personaje es clara en el caso de Abby Johnson, que siempre tuvo reparos para admitir abortos de fetos viables y aceptaba que hubiera para las mujeres embarazadas otras opciones además del aborto.
    Estos dos puntos entraron en colisión con su trabajo en la clínica abortista cuando Planned Parenthood decidió abrir una gran clínica en Texas para abortos tardíos y cuando comprendió que el interés de esta organización no era evitar embarazos no deseados –o en su caso ponerles fin–, sino hacer cada vez más abortos. Así pasó de ser premiada como empleada del año a ser amonestada por no obedecer ciegamente las consignas para aumentar los ingresos impulsando a las mujeres a abortar.
    Todo ello habría quedado, sin embargo, en dudas de conciencia como las que todos los abortistas tienen, y que combaten concienciándose de que ayudan a las mujeres a resolver un problema. La duda se convirtió en certeza ante la evidencia de que ese problema es una vida humana, que mediante el aborto desaparece porque es eliminada de forma sangrienta y cruel.
    Testimonio provida
    El paso “al otro lado de la valla” de Johnson hubiera sido más difícil de no ser por el testimonio de humanidad de los activistas provida.
    La ex directora de la clínica abortista narra el impacto que causó en el personal la reacción de una monja al no poder evitar que entrara en la clínica una joven a cuya madre acompañaba la religiosa. “Cayó de rodillas y sollozó con tal amargura, tanto dolor –cuenta en Sin planificar–, que pensé para mí: Ella siente algo más profundo de lo que yo he sentido jamás. Su dolor es honesto. Saber que esa mujer ha abortado es una aflicción real para ella. Me invadió una sensación de lástima. Intenté sacudírmela, pero no podía pasar por alto que una monja llorara por lo que estaba pasando dentro de mi clínica”.

    Cinismo
    Planned Parenthood, que proyectaba abrir en Houston una clínica de siete pisos, que sería la mayor de la organización, y donde se harían abortos hasta la semana 24. Ante las presiones para lograr más ingresos, se limitó a exponer que en teoría la organización tenía como fin evitar abortos, y que “el aborto nunca será mi prioridad”.
    La organización abortista perdió el juicio en el que acusó a Johnson de faltar al secreto. Más duro fue verse acusada por miembros de su confesión protestante: “Me recordaban que nuestra iglesia era pro elección y más de uno sugería que no debía aparecer más por allí”. Además de provida, con el tiempo, Abby se hizo también católica. Aunque eso no lo cuenta en el libro, sino en la web abbyjohnson.org.

    Diez minutos cambian una vida
    “El bebé daba patadas como si intentara huir”

    En la página 23 de su libro, Johnson relata la única vez que participó en un aborto de un feto de 13 semanas sosteniendo el ecógrafo: “Al principio, el bebé no pareció darse cuenta de la presencia de la cánula, que se había acercado con sigilo a un lado del cuerpo. Por un instante sentí alivio. Por supuesto, pensé. El feto no siente dolor.
    El siguiente movimiento fue la repentina sacudida de un pequeño pie. El bebé daba patadas, como si intentara huir del extraño invasor. Mientras la cánula avanzaba, el bebé empezó a luchar por darse la vuelta. Estaba claro que el feto podía sentir la proximidad de la cánula y que aquello le daba mala espina.
    Miré de nuevo la pantalla. El médico había girado la cánula y pude ver un cuerpo minúsculo retorcerse violentamente. Por un breve instante pareció como si el bebé se hubiese escurrido como un paño de cocina, retorcido y arrugado. Y entonces el pequeño cuerpo se estrujó y empezó a desaparecer ante mis ojos por la cánula. La última cosa que vi fue una columna vertebral, diminuta y perfectamente formada, succionada por el tubo. Se había acabado. El útero estaba vacío”.

     


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4 Comentarios

  • Javier EspaderoJavier Espadero12:08 | 09 de enero, 2012

    Estimado Santiago,
    No creo que Rajoy y Mato tengan lo que deberían de tener para hacer lo que tú propones ( es que son políticos, no lo olvides: votos, votos, votos, eso es lo único en lo que piensan los políticos ).
    Un cordial saludo.

  • kubokubo10:27 | 09 de enero, 2012

    Gracias por la iniciativa, pero para que los abortistas no nos acusen de manipular sentimientos, es necesaria una evidencia irrefutable, eso que usted muestra es la extracción del cadáver de un feto, con todo lo dramático que sea, es decir, con tener similitudes, no tiene por qué ser un aborto: un cadáver no es un asesinato, todos seremos cadáveres, pero no a todos nos matarán, si muestro un cadáver no estoy probando lo reprochable que es un asesinato, muchos fetos mueren de modo espontáneo y con todo el dolor del mundo el médico tiene que sacarlos del útero y para ello, en muchos casos, trocearlos, pero no podemos mostrar eso como si fuera un aborto: hoy hablo de mostrar el hecho del aborto mismo.

  • El Dorado InternacionalEl Dorado Inter...18:02 | 07 de enero, 2012

    Santiago.
    De seguro que la visualización de un aborto es impactante y puede provocar que la gente se convierta en Provida, ok, esa es una solución pero no podemos esperar a que sea Rajoy o Mato quien nos lo enseñe.
    Porqué Ud. mismo no comienza a enseñar un aborto, si acaso Ud. quiere ser un activista provida no sólo de palabra sino de acciones por favor baje a su ordenador y divulge el siguiente video de lo que es realmente un aborto por favor haga click sobre el siguiente enlace antes que lo borren
    http://vimeo.com/34704286

    Ricardo Carlín
    www.eldoradointernacional.org

  • joselinjoselin11:17 | 22 de diciembre, 2011

    Feliz Navidad, Santiago y asiduos participantes de este blog. Tu propuesta puede ser un revulsivo extraordinario. Mucho me temo que, con el argumento de que puede herir sensibilidades, no sea aceptado. Lástima que estas sensibilidades, muchas de ellas al menos, estén anestesiadas por aquello de ojos que no ven corazón que no siente. Un saludo.

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Doctor en Historia y licenciado en Periodismo, soy redactor de sociedad y cultura en La Gaceta desde 2006.

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