- 21 FEB 2012
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- La arbitraria opacidad del céntimo sanitario
Ni es céntimo ni es sanitario.
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Esta escueta frase podría resumir contundentemente el fraude que, desde que lo implantase José María Aznar en 2001, venimos sufriendo y pagando sin rechistar todos los españoles que gastamos carburantes.
La primera Autonomía en subirse al carro fue Cataluña. La última Cantabria, cuya economía hace aguas por los cuatro costados. Como casi todas. Las CCAA llevan tiempo metiendo la mano en los depósitos de combustible no parar sacar un céntimo por litro sino para llegar hasta los 4,8, exprimiendo un poco más las maltrechas economías individuales. Un abuso.
Aznar arbitró el impuesto para enjugar el déficit sanitario de entonces cifrado en 4.000 millones de euros. Calderilla si se compara con la mastodóntica deuda de hoy que ha puesto en riesgo mortal un Sistema Sanitario que fue modélico en otros tiempos.
Y encima, el fin último de este injusto tributo es tan opaco como oscuro es el maquillaje con el que se falsean las cuentas oficiales. El mal llamado “céntimo sanitario sobre carburantes” no se destina ni por asomo a paliar el déficit en materia sanitaria porque todo lo recaudado ingresa indiscriminadamente en las arcas autonómicas para que el distribuidor de turno lo reparta según su arbitrario criterio, que raramente suele coincidir con el del ciudadano.
Y el asunto es preocupante y espinoso, no sólo por cuanto grava injustamente el bolsillo de los conductores sino porque esta subida en el precio final de los carburantes repercute en todo lo demás, provocando una imparable escalada de precios y restringiendo, consecuentemente, el consumo.
En 2008 la Comisión Europea ya advirtió al anterior gobierno sobre la irregularidad del impuesto, una ilegalidad que ha encontrado eco en el Tribunal de Justicia de Luxemburgo a requerimiento de una denuncia planteada por los transportistas españoles y cuyo dictamen obligará al gobierno de Rajoy a levantar la injusta sanción que hicieron recaer sobre el contribuyente para paliar la mala gestión económica de quienes dejaron a este país en los huesos.
Si mi opinión valiese de algo, yo propondría un “céntimo sindical inverso” es decir; por cada céntimo que el Gobierno nos saque por litro de combustible debería detraer otro de las opulentas, incomprensibles y gratuitas subvenciones que anualmente regala a unos sindicatos desfasados, endogámicos, inoperantes, insolidarios y antisociales.
Los nuevos gobernantes ya han dicho que “esto del céntimo sanitario es complejo pero acabaremos arreglándolo”. Claro; en cuanto Europa nos obligue. Pero son tan poco de fiar que, acto seguido, tanto éstos como los anteriores, se sacarán de la chistera otro gravamen para seguir perjudicando a los que menos culpa tienen. Y si no, al tiempo.
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José Luis Palma Gámiz es Médico Cardiólogo, Doctor en Medicina por la Universidad de Navarra (España) y especialista en CardiologÃa po ...
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