- 03 DIC 2009
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- Política
- También los islamistas españoles tienen responsabilidades
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A propósito del secuestro en Mauritania –el último por ahora- de ciudadanos españoles, el presidente Rodríguez Zapatero pide discreción y prudencia. ¿Qué significan en su gramática estas palabras? En sus acepciones clásicas, la discreción es una forma equilibrada de la inteligencia que, junto a la aguda penetración en la verdad, evita la vanagloria, la incontinencia, el extravincere. La discreción no es el silencio del amordazado, ni el tibio susurro del necio o del cobarde. En cuanto a la prudencia, esta reina de las virtudes, cuya etimología viene del ver con anticipación la verdad de los hechos, lo es porque alude al hábito de acertar con la acción oportuna en este aquí y ahora. Mucho nos tememos, conociendo la pecera de eufemismos en la que nada Zapatero, que su petición de prudencia y discreción a los medios, en tono de falsete buenista, signifique sencillamente que cerremos el pico y miremos a otra parte.
La mordaza –bien lo saben los que han sufrido secuestro-, dispara en la imaginación un hervor de interrogantes y temores. Por ejemplo. ¿Qué gracia tenemos los españoles que –pescadores, cooperantes o turistas-nos secuestran ahora cada semana, mañana cada día? ¿Alguno de nuestros discretos y prudentes dirigentes ha dicho a los secuestradores del mundo que los españoles pagamos más fácil y mayor rescate –“lo que sea y como sea”- que otras naciones? ¿Es nuestro Gobierno más blando, más débil, menos organizado y eficaz, más expuesto a que le secuestren sus súbditos y le chuleen cualquier rescate impunemente? ¿Será puro azar que los piratas somalíes sean islámicos y también los yemeníes, o del Al Qaeda los de Mauritania como también lo eran los asesinos del 11 de marzo? ¿Zapatero no había conseguido el perdón del terrorismo islámico sacándonos corriendo de Irak y pagando la Alianza de Civilizaciones o prometiendo indemnizaciones a los descendientes de los moriscos? Dado que, por discreta y prudente responsabilidad, nos obligamos a la sordomudez, evitaremos preguntarnos si los prohombres que están en la suculenta nómina de la Alianza de Civilizaciones están ahorita mismo embarcados en un Hércules de nuestro CNI a punto de lanzarse en paracaídas sobre el Sahara para rescatar a nuestros compatriotas, que son quienes a la postre les pagan. Porque, encima, es clamor de escándalo que, bajo excusa fundamentalista islámica, se secuestre y amenace de muerte a una selección de nuestros ciudadanos más excelentes y pacíficos, los de la ONG catalana Acció Solidària que llevaban unos 100.000 kilos de enseres –desde medicinas, herramientas, máquinas de coser hasta ordenadores- para 106 programas de ayuda para Mauritania, Senegal, Gambia o Marruecos. ¿Podemos siquiera imaginarnos que una docena de frailes franciscanos o kikos neocatecumenales secuestraran a una secretaria, un empresario y un ingeniero de caminos, canales y puertos por islámicos – los equivalentes a nuestros Gámez, Pascual y Vilalta - y amenazaran con degollarlos si no les pagasen 10 millones de euros y les devolviesen Belén y Jerusalén? Imposible e impensable.
Estos y otros muchos interrogantes son los que la imaginación ciudadana se plantea estos días. La gente no es tonta. Teme la ausencia de reciprocidad en las libertades, la falta de integración social y cierta agresividad. Por eso, se echa de menos la reacción responsable de los islámicos que, españoles o emigrantes, viven en España y disfrutan de libertad religiosa y del resto de derechos constitucionales. ¿Por qué no alzan su voz en nombre del Islam y condenan estos viles secuestros justificados precisamente en nombre del Islam? ¿Qué les hace cerrar el pico? Si algo es discreto y prudente es afrontar la cuota de responsabilidad ante la verdad de los hechos.
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TEMAS: Política