- 10 JUN 2010
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- Un caballero llamado Eduardo García Serrano
Eduardo García Serrano ha protagonizado uno de los momentos más emocionantes en la historia de la televisión
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Mientras escribo estas líneas desde el cuarto de estar de mi casa, todavía oigo la voz de Antonio Jiménez, porque El Gato al Agua apenas ha comenzado. Aunque no ha transcurrido ni media hora de emisión, he dejado la cena en el microondas y me he puesto a escribir este post. Porque siento que acabo de presenciar uno de los momentos más emocionantes en la historia de este programa; es más, yo diría incluso que de la historia de la televisión y de la historia del periodismo. Ante una de las muchas agresiones que sufre nuestra juventud a manos de unos políticos que quieren reducirnos al estado de las bestias, el señor (y subrayo hoy más que nunca esto de "señor") Eduardo García Serrano reaccionó con la misma indignación que en ese momento sentimos cientos de miles de padres de familia. El problema es que nosotros, los padres de familia, no estábamos en un plató de televisión, participando en uno de los programas más vistos de la noche. Podíamos, desde la comodidad de nuestro sillón, lanzar exabruptos sin temor de agraviar a nadie más allá de nuestros propios modales. Sin embargo, los tertulianos de El Gato tienen la obligacion, por responsabilidad profesional, de medir sus palabras.
El señor Eduardo García Serrano comprendió muy pronto su error, la responsabilidad que había contraído no sólo con la consejera de marras sino con sus compañeros de programa, con la cadena en la que trabaja y con el público que la respalda. Y no se ahorró palabras para pedir las más sinceras disculpas que yo he podido escuchar de un profesional de la comunicación en los años que llevo trabajando. Su breve intervención en el programa de este jueves debería mostrarse en cualquier escuela de periodismo. Porque todos hemos cometido o cometeremos errores en el ejercicio de nuestra profesión. Incluso graves. Que levante el dedo quien se atreva a tirar la primera piedra.
No conocía a Eduardo García Serrano hasta que llegué a Intereconomía, y tuve la oportunidad de entrevistarle en un encuentro digital. Tampoco tenía -disculpen mi ignorancia- mayor noticia de la trayectoria política y literaria de su padre. Hoy no me cabe duda de que ambos, uno en el Cielo y otro en la Tierra, con sus aciertos y sus errores, son unos caballeros. No encuentro ahora, después de lo que le he escuchado decir esta noche, mejor palabra que ésa para definir a don Eduardo García Serrano.
Tampoco hallo palabras para definir la actitud del Partido Socialista con Antonio Carmona, al que le prohibieron acudir al programa. Bueno, sí las hallo, pero es tarde, estoy cansado, y no quiero caer en el mismo error que hoy estamos lamentando. Quizá otro día. Tal vez el jueves.
¿Aprenderán otros del ejemplo de don Eduardo García Serrano? Lanzo la pregunta al aire, cierro el ordenador y me voy a cenar, mientras veo una película. Estoy seguro de que me comprenderá Antonio Jiménez si digo que hoy, sin Eduardo, prefiero no seguir viendo El Gato.
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