- 20 ENE 2010
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- Odio a Intereconomía
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Joseph Goebbels, el ministro de propaganda nazi y uno de los mayores canallas que ha padecido la humanidad, entendía la comunicación como una herramienta para eliminar al adversario. Apréciese la malvada paradoja: lo que sirve para poner en común -"communicatio, comunicationis", decían los romanos- se empleó para unificar criterios por la vía la fuerza. Para ello, adoptaron tres medidas fundamentales:
Primera, supeditar la realidad a la ideología. Si resulta obvio que un judío pertenece a la raza humana y que por tanto merece que se respeten sus derechos humanos, la comunicación -que los nazis convirtieron en sinónimo de propaganda- se encarga de desmentirlo. O lo que es lo mismo, de mentir. Pronto los nazis se atrevieron a sostener que los judíos son seres vivos, pero no humanos. Por cierto... ¿no les suena de algo esta afirmación?
Segunda, insistir una y otra vez en el mismo mensaje para que éste cale en la población: una mentira, decía Goebbels, se convierte en verdad cuando se repite mil veces. Pongamos un ejemplo de nuestro país, cuyos medios de comunicación, en su mayoría, tratan de convencernos de que la violencia doméstica siempre responde al mismo esquema: varón agresor-mujer agredida; y que siempre está originada por prejuicios machistas, y no por otras causas.
Tercero, las personas que no piensan como nosotros, aseguraban los nazis, son una ínfima minoría que perjudica a la mayoría, por lo que es un imperativo moral acabar con ellos de raíz, si es preciso empleando la violencia. Primero verbal y luego, si se tercia, también física.
En mi opinión, una de las razones que explica el vertiginoso éxito que ha experimentado el Grupo Intereconomía en los últimos años radica precisamente en el punto tercero, el mismo que los responsables de esta compañía no se han creído nunca: "ni somos menos ni tenemos menos razón a priori que el resto", se dijeron al principio, contradiciendo a los nazis. Y los resultados, por lo visto, les dan la razón: una enorme cantidad de ciudadanos, cada día creciente, se informa a través las plataformas informativas de Intereconomía simplemente porque, como debe ocurrir en una democracia, les da la real gana hacerlo así.
Por este motivo, los enemigos de la Democracia, los que no toleran que cada día se haga más evidente la existencia de una opinión distinta a la suya, nos han declarado la guerra y deseado la muerte a todos los que trabajamos aquí. Al igual que Goebbels, no pretenden convencernos, porque no desean compartir nada con nosotros ni con nadie: quieren destruirnos e imponer su forma de entender la vida. No debe extrañarnos. En el fondo, son los mismos: nazis.
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