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  • 15 DIC 2009
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  • ¿Wyoming víctima? ¿Y Hermann Tertsch?

    ¡Coño! Ahora resulta que el Gran Wyoming se siente víctima. No, no me lo invento. Lo ha declarado en rueda de prensa. La lengua más venenosa de las ondas herzianas, el mayor ridiculizador (a veces hasta con gracia) del panorama mediático, el imitador bajuno del sarcasmo losantiano, el inescrupuloso manipulador de la realidad, está literalmente preso del pánico por las palabras que le ha dedicado la presidenta de la Comunidad de Madrid.

    Esperanza Aguirre condenó la agresión que Hermann Tertsch sufrió horas después de que Wyoming le editara a este último unas declaraciones para hacerle decir lo que nunca dijo; cosas como: "si yo pudiera matar a quince ministros por algo de dinero, lo haría sin la menor duda".

    En mi opinión, Wyoming sobrepasó los límites de la legalidad. Quizá me equivoque, pero así lo entendieron muchos otros periodistas y el mismo Tertsch, que anunció querellas y que al poco tiempo de hacerlo sufrió la brutal agresión de un desconocido. Tertsch terminó en el hospital, donde aún sigue.

    Los romanos acuñaron el siguiente aforismo: "post hoc, ergo propter hoc", que con permiso de Carmen Calvo podemos traducir más o menos así: "Si sucedió después de esto, a esto se debe". Si una mujer aparece muerta en su domicilio después de que los vecinos hayan escuchado gritos y hayan visto salir precipitadamente de la casa al marido, tiene sentido que aquéllos deduzcan que el maromo se la ha cargado. O si un candidato que pierde en todas las encuestas, gana las elecciones después del peor atentado de la historia de un país, también es lógico pensar que se ha beneficiado electoralmente del crimen. Sin ir más lejos, el mismo Wyoming se manifestó así a la SER el 15 de marzo de 2004: "hasta dónde estaría el pueblo español, que ha elegido a Al Qaeda antes que al Partido Popular".

    Basados, por tanto, en el simple sentido común, miles de ciudadanos como Aguirre coligieron que la agresión estuvo motivada o alentada por la perversa manipulación de La Sexta.

    Pues bien: yo no lo creo así. A veces, el "post hoc" induce al error: si me rasqué el sobaco justo antes de que marcase el Atleti, eso no significa que la solución a su crisis deportiva se esconda debajo de mi axila. Por eso me inclino más bien a pensar que si el agresor de Tertsch le propinó una patada por cuestiones ideologicas (que lo dudo), no lo hizo motivado directamente por el incidente de Wyoming, sino por la posición crítica del ex periodista de PRISA contra el gobierno o contra la izquierda, la misma izquierda -eso no se puede olvidar- a la que Wyoming disfruta soliviantando contra personas como Tertsch, el Papa o Aznar, (y a veces con éxito).

    También creo que Esperanza Aguirre se precipitó a la hora de juzgar el caso. Debió esperar a que la policía se pronunciase antes de aventurar posibles móviles ideológicos. Pero de igual modo repito que existen razones de peso para que la gente, entre ella la presidenta, opine lo contrario que yo. Y que tienen derecho a expresarse libremente, de la misma forma que Wyoming lo hace desde su programa con tan mala leche. Y que, tal vez, tenga razón Aguirre, no yo. Cuando una masa de gente es sistemáticamente inflamada contra alguien, no debe extrañar que salga algún tarado de esa masa y cometa locuras. Así le ha ocurrido a Berlusconi, ¿no?

    Por tanto, quien no tiene ningún derecho a proclamarse víctima es Wyoming. Con las costillas de Tertsch hechas añicos, que el humorista oficial del universo progre pretenda ponerse de víctima sólo puede calificarse de cobardía y de bajeza digna de sus escasos escrúpulos y de su casposo sentido artístico, por no decir periodístico.

    El de La Sexta convocó a la prensa para hablar de este incidente porque está asustado. Está asustado porque se siente acosado. Se siente acosado porque una fuerza importante, avalada por miles de españoles, le está señalando con el dedo. Y le señala porque tiene razones para hacerlo, aunque yo opine que pueda no tener del todo razón.

    Es Wyoming quien carece de razones o de razón cuando se dedica constantemente a emponzoñar a su audiencia contra Tertsch y demás adversarios ideológicos. Ahora está probando de su propia medicina, que no es medicina, sino veneno. Del peor.


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