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    Tras la cuarta pared por Alvaro Hernandez

  • 15 FEB 2012
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  • La intrahistoria de un corto noir a la española

    A continuación, el cortometraje "La Visita de Medrano", un proyecto realizado por un servidor y sus compañeros de carrera. Por eso de que lo bueno merece ser compartido, aquí os lo brindo y os cuento la historia detrás de la historia.

     

    Hace ya años, contó un amigo mío del colegio a la clase que había recibido una visita extraña el día anterior. Un hombre que le aseguró que "si tenía algún problema", podía solicitar su servicio. Acto seguido, le entregó una tarjeta en la que se podía leer en letra contundente: Medrano, la justicia por mi mano. El tiempo pasó y la veracidad del relato se fue disipando a la vez que tintes hipérbolicos adornaban la anécdota con detalles apócrifos mientras ésta circulaba de boca en boca como un cantar de juglaría. La historia mejoraba por momentos y yo mismo me encargué de plasmarla por escrito, y por qué no, ya puestos, decidí hacerlo en verso. Así sucedió, quizá en un repentino afán de emular a los trovadores de épocas pasadas. El resultado fue una curiosa poesía que narraba la visita de Medrano a un inocente cliente en potencia que a la postre y de manera inesperada se convierte en víctima. Una poesía "sin más", divertida y ripiosa aquí y allá, que después de ser compartida con un par de allegados fue relegada a acumular polvo en el baúl de los recuerdos...


    Casi un lustro después me hallaba con la tarea de dirigir un cortometraje como parte de la asignatura de Producción Cinematográfica, de 4º de Comunicación Audiovisual. Ante una evidente sequía de ideas, propuse llevar al celuloide la historia de Medrano, una propuesta que, para mi grata sorpresa, fue apoyada por mis colegas de clase. Tras un arduo proceso de adaptación, la historia adquirió cuerpo y fue definiéndose en lo que a su tono y temática se refería. Todo apuntaba a que se trataba de una historia de cine negro, con sus personajes atribulados en un mar de duda y su estética sombría y contrastada. Pero este cortometraje “noir” tendría una peculiaridad. Su protagonista hablaría en verso, y no de manera gratuita como respuesta a una convención preestablecida –el verso, en principio, no tiene cabida justificada en el cine negro. Medrano emplea el verso para embaucar a la gente, para atraerlos hacia el espectro más oscuro de la condición humana. ¿Funcionaría? En ese momento, no había manera de saberlo, pero algo me decía que sería un experimento fresco y agradecido. Eso sí, de funcionar, tendría que contar con grandes actores. Así que lo siguiente a tener una versión del guion definitiva era contactar con actores que pudieran encarnar convincentemente a Medrano y Luciano –así se llama el visitado.

    Tras un rastreo intenso por internet y después de muchas llamadas telefónicas, dos nombres parecían tener más papeletas que nadie. El primero, Boris Díaz, un actor de teatro amateur, cuya intensa mirada evocaba al mítico Peter Lorre. Su cara podía trasmitir estupor e inseguridad como lo exigía Luciano. El otro actor se hacía llamar Pablo del Mundillo, un profesional de la farándula curtido en todo tipo de obras teatrales que además solía cultivar el verso en sus propias obras. Su semblante se acercaba más al de James Cagney, con facciones duras y rectas. A falta de verle en acción, parecía perfecto para interpretar a Medrano.

    Un ensayo con estos dos actores fue suficiente para percatarnos de que podían desempeñar sus papeles a las mil maravillas. Ya era hora de rodar. Durante dos días, el pueblo de Alfaro nos permitió transformar sus calles y edificios en una especie de Cinecittà a la riojana. La policía municipal nos cedió una calle entera y una orden de monjas nos permitió grabar en su colegio, un elegante edificio que en su día fue palacete de Primo de Rivera. Para el hogar de Luciano empleamos un elegante piso que parecía haberse congelado en la década de los 50. Muebles y objetos que podrían bien estar en un museo nos sirvieron para ambientar nuestra singular historia. Y, como guinda, un vecino nos cedió su coche de los años 40. En mí cayó la tarea de conducirlo hasta el lugar del rodaje. Aún tengo pesadillas en las que conduzco aquel renqueante y rígido automóvil de tres marchas y sin dirección asistida por los retorcidos y estrechos callejones de Alfaro. Una vez llegados, a duras penas pudimos arrancarlo para emplearlo en un par de tomas. Sería el infernal vehículo de Medrano. El rodaje acabó en un bar local que ambientamos para la ocasión, y después llegó la posproducción.

     

    descripción

    Arriba, Boris Díaz en el papel de Luciano.

    El etalonaje del cortometraje sería uno de los procesos más delicados. La cinematografía pretendía emular la del cine negro, con su iluminación tenue y salpicada de sombras. John Alton, legendario director de fotografía experto en este género, era el referente de mi fiable y perfeccionista directora de fotografía. El film cada vez tenía un aspecto más cinematográfico, pero quedaba un elemento clave. La música. Yo mismo desempeñé la tarea de llevar a cabo la banda sonora del corto. Tenía muy claro que no quería fingir el sonido de una orquesta con medios puramente electrónicos. Esto es una apuesta segura para quien quiere dotar a su corto de un aire decididamente barato y cutre. El nuestro iba a ser un corto con clase, humilde pero muy digno. Así que tiré de lo que tenía y podía grabar: un piano. Y dada la naturaleza intimista del corto, tirar de un solo instrumento parecía procedente. Y qué instrumento, el piano, el más versátil. Así pues fueron naciendo dos motifs en re menor, uno para cada personaje. La tonalidad compartida permitía pasar de una a otro con soltura y mezclarlos en distintas variaciones. Con melodías frías y desoladoras y a la vez extrañamente hechizantes, La Visita de Medrano adquirió un sonido propio y distintivo.

    La Visita de Medrano ya estaba lista para la audiencia. El estreno en un auditorio a rebosar terminó con una gran ovación, y dos días después, el corto triunfaba alzándose con premios en las categorías de dirección, mejor actor, fotografía, dirección artística, música y el premio del público.

    Y así es cómo una anécdota trivial llegó a ser un respetable cortometraje. La historia de Luciano, un hombre recto a fin y al cabo, que murió mártir de una última decisión, a manos de Medrano, ese siniestro y elegante sicario que habla en rima.

    descripción
    En la foto, el equipo de "La Visita de Medrano" al completo, sosteniendo las estatuillas de los Kino, premios otorgados por el Departamento de Cultura y Comunicación Audiovisual de la Universidad de Navarra.  Mirian Peña sostiene a la izquierda el premio del público. 


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