- 25 NOV 2009
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- Política
- Lula, Obama e Irán
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Mientras el presidente Zapatero hacía un ejercicio de inútil diplomacia en Oriente Medio que a nadie interesa, el presidente Lula de Brasil recibía en Brasilia al presidente iraní Ahmadinejad.
Con este gesto el antiguo obrero volvía a llamar la atención de su país emergente, cada vez más consciente de su papel en el mundo. No por nada Brasil se ha convertido en la octava economía mundial con una población de cerca de 200 millones de habitantes, una industria sofisticada y enormes recursos naturales en este casi continente de ocho millones y medio de kilómetros cuadrados.
Se explica que el país esté de moda (aunque en España no se habla mucho) y que el presidente del Banco Santander Emilio Botín homenajee a Lula en Londres.
En realidad la política brasilera ha hecho escuela en Iberoamérica. Desde el inicio de su primer mandato Lula comprendió rápidamente que para crecer era preciso mantener la economía de mercado y dejar intacta la influencia de los tres grandes centros de poder existentes en Brasil: es decir las grandes empresas (como Petrobras o el Banco de Brasil), el ministerio de Asuntos Exteriores (el famoso “Itamaraty”) y los militares (con sus empresas). El se reservó las negociaciones con los políticos (con métodos tan poco ortodoxos como comprar el apoyo de sus opositores en el parlamento) y la gestión de las mejoras sociales y educativas. Pero para los grandes lineamientos ha tenido siempre en cuenta aquellos grupos de poder.Esto explica que haya recibido a Ahmadinejad con su simpatía y la mejor de sus sonrisas porque Irán es el principal destino de las exportaciones brasileras en el Oriente Medio y Petrobras mantiene negocios con las empresas de este país. Además Brasil posee una industria nuclear para usos pacíficos y cuenta con importantes reservas de uranio.
Es cierto que el presidente iraní estuvo solo un día en Brasil y que Lula reafirmó en una declaración de prensa que “la política exterior brasilera está anclada en la democracia, en el respeto de la diversidad y que en su país se protegen los derechos humanos y la libertad de elección”. Además señala que reconoce “el derecho de Irán a desarrollar su programa nuclear para fines pacíficos con pleno respeto a los acuerdos internacionales”.
Pero esto último suena a canto de sirenas luego del fraude electoral, de la brutal represión subsiguiente y cuando observamos las trabas y las ocultaciones permanentes de los iraníes al infeliz egipcio Mohammed Al Baradei Director del Organismo Internacional de Energía Atómica que le impiden evaluar el verdadero alcance del programa nuclear.
Antes de la visita del presidente iraní, Obama le envió una carta a Lula pidiéndole que apoyase los esfuerzos internacionales para lograr un compromiso con Irán sobre este tema aunque no criticó el encuentro. Pero el gesto de recibir a Ahmadinejad con honores no ha sido bien apreciado en Washington y ha enfriado la relación de Obama con “el mejor presidente del mundo” (como lo calificaba a Lula hasta ahora).
En realidad los desencuentros entre ambos países se acumulan por la instalación de bases americanas en Colombia, por el manejo de la crisis hondureña, el estancamiento de las negociaciones comerciales de Doha o el poco compromiso de caras a la cumbre del cambio climático de Copenhague.
El asesor de Lula en política exterior Marco Aurelio Garcia se atreve así a sentirse decepcionado por este primer año de gestión de Obama y Celso Amorin, el titular de Itamaraty, teme que cuando el presidente de Estados Unidos se decida a interesar por América Latina quizás ya sea demasiado tarde.
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