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Kiko Méndez-Monasterio
España es un burdel que sólo admite tarjetas con cargo al Presupuesto. También es seis millones de parados, algunos rebuscando en la basura.
Págame y llámame Amy, o como te dé la gana. España es un burdel que sólo admite tarjetas con cargo al presupuesto; es un duque que hace chistes groseros, para lerdos, mientras planea un atraco al monedero de las viejecitas, que es su pensión; es una fundación progre de ocurrencias, jugando al travestismo literario y pícaro, que lo que no es tradición es plagio; es una cueva de Alí Babá y cuarenta mil ladrones colocados a dedo comentando cuánto mola Obama, aunque a ellos les gusta más el otro negro, el de Jerry Maguire gritando show me the money.
España es esto y seis millones de parados, algunos rebuscando entre cubos de basura para comer, mientras les fotografía el New York Times, porque debe ser que allí no tienen pobres, que ya les han disparado a todos; es un cartel de cerrado por cese de negocio de las pymes, y por cese de subvención de los centros de salud o los quirófanos; es Cáritas recaudando fondos para los comedores catalanes, y catalanes viajando en bólidos, pintados por fuera con banderas, por dentro tapizados con billetes. España es una cuenta en Suiza supurando millones, y un matrimonio de pensionistas a la puerta de una caja de robos de ahorros, preguntando qué diferencia hay entre un viejo quinqui con navaja y un tipo vestido de moderno colocando preferentes. También es España algún párroco postrado ante el ara, discípulo de don Camilo, diciendo: “Tenedme Señor, o marcho sobre Roma”. Pero mientras reza alguien le está robando los códices y los cálices. España está hoy preciosa para marcharse.
En alguna casa regional se reúnen unos cuantos ideólogos de la república, izquierda reaccionaria y derechas ácratas, sin carné. Son gente estudiosa y sesuda, y todos sus libros juntos tienen menos influencia que la madre de la hija de un torero sonado, comentando si existen fotos de una periodista casada con un príncipe. La televisión es un clon de Goebbels en cada casa, como los budas de la decoración progre. Almodóvar es la versión femenina de Leni Riefenstahl; Berlanga contaba la verdad en que acaban los Potemkim. Pérez Reverte –qué listo– posa para la historia en plan Quevedo, mirando muros desmoronados de la patria suya. La otra crema de la intelectualida alterna entre la pancarta subvencionada y la cola para entrar en el Cervantes. Sostres dice verdades muy ordinarias, sin consecuencias, como un mono onanista en la jaula del zoo. Cebrián en su mansión se mira al espejo y le pregunta celoso si hay alguien más rico entre los demás testaferros del franquismo.
Y España es también el policía saltando a las vías del Metro para salvar a una señora, y un pelotón de infantería a tiros en Afganistán; millones machadianos que a su trabajo acuden y con su dinero pagan; un edil honrado en una ciudad dormitorio, resistiendo a las mafias como el carbonero alcalde de Alarcón resistía a los franceses. Y hasta un vecino de San Sebastián que se acuerda y llora por Gregorio Ordóñez. Pero ninguno se llama Amy, así que a ellos ni caso.
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1 Comentario
Un poco de humor...¡Menos mal!
Están tan feas las cosas que se hace imprescindible un antídoto. No necesitamos mas agoreros y catastrofistas, en un momento en el que la catástrofe ya no es noticia.
Necesitamos ánimo y confianza en nosotros mismos y recordar que el país de la picaresca es también el de D. Quijote, el de las "leyes de Indias" el de la escuela de traductores de Toledo y el del honor como bandera.
Que arribistas de todo pelaje se hayan instalado en el poder, es terrible y doloroso. Pero este viejo país ya se ha visto en estas otrora y consiguió remontar. Lo hicimos y volveremos a hacerlo. Sólo tenemos que recuperar nuestras señas de identidad.
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