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El que fuera director artístico del Teatro Real de Madrid durante cinco años, hace un llamamiento a los políticos para que, lejos de “cortar por lo sano”, tengan en cuenta qué proyectos funcionan y cuáles son necesarios.
En tiempos de crisis, los recortes económicos están a la orden del día, y la cultura no es una excepción. Antonio Moral, que ha hecho de su pasión por la música, su profesión, afirma que muchos artistas han bajado sus cachés de forma significativa.
-2011 fue un 'annus horribilis' y 2012 se presenta francamente mal. ¿Cómo afecta la crisis a la música?
-No se libra y, al haber menos recursos, todos tenemos que estirar el presupuesto y acomodarnos a la situación actual. No obstante, hay que tener cuidado. Quiero hacer un llamamiento a los gobernantes, en general; la cultura es un bien muy preciado, que crea riqueza y, en este momento de pesimismo generalizado, la música, que forma parte de nuestra vida, nos puede aportar un empuje muy positivo. Posiblemente, lo que tenemos que hacer es desarrollar más la imaginación, estudiar qué proyectos funcionan y cuáles son necesarios, y no cortar por lo sano haciendo tabla rasa de todo. Sería peligroso que se dejaran caer algunos proyectos, porque puede que no remonten el vuelo nunca más.
-¿Ha tenido que hacer algún recorte?
-Nuestro centro nació como consecuencia de un recorte. El Centro Nacional de Difusión Musical (CNDM), además de aglutinar tres unidades, que funcionaban de forma autónoma (Centro para la Difusión de la Música Contemporánea, Centro de las Músicas Históricas de León y la programación propia del Auditorio Nacional), tenía un presupuesto dos años antes de algo más de tres millones de euros y el actual es de dos millones. Con lo cual, nos pueden seguir recortando, pero si se sobrepasa la línea de flotación, puede resultar peligroso y que no podamos completar un programa con la calidad suficiente.
-¿Están los artistas dispuestos a bajar su caché?
-En algunos casos, los cachés se han recortado de forma significativa. Todo el mundo es muy consciente de la situación, tanto los artistas como los agentes y los organizadores.
-¿Se han producido bajas entre los abonados?
-Con respecto a la programación que hacían los centros anteriormente, y teniendo en cuenta que es nuestra primera temporada, estamos en un nivel de ocupación sobre el 80%, lo que está muy bien. La música barroca, en general, y el flamenco están en torno al 90-95% y la música contemporánea algo menos, porque, como es natural, siempre atrae a menos público.
-¿Y de patrocinadores de cara a la próxima temporada?
-El CNDM no tiene patrocinadores privados, aunque colaboramos con varias instituciones públicas y fundaciones privadas para la realización de algunos proyectos dentro y fuera de Madrid.
-¿Es rentable el Auditorio Nacional?
-Genera unos ingresos importantes con el alquiler de sus salas a diversos organizadores privados. Desde el punto de vista de rentabilidad o no, desconozco los números porque no depende de mí, sino que tiene una gerencia propia, pero creo que probablemente es de las pocas unidades que genera un nivel de ingresos muy alto dentro del Inaem (Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música).
-En tiempos de vacas flacas, la música clásica, la opera... ¿se vuelven más elitistas?
-¿La ópera? No, todo lo contrario. Elitista es cuando gozamos de un presupuesto amplio y podemos hacer un repertorio que probablemente resultaría imposible en momentos como los actuales. Muchos teatros y organizaciones de ópera tiran del cajón del armario y sacan sus títulos más populares en lugar de experimentar con obras que pueden atraer a menos público y conducir a una situación crítica. Creo que la crisis favorece una política más populista, más popular.
-¿Le sorprendió que David Bisbal actuara en el Teatro Real de Madrid?
-En absoluto. Creo que puede y debe estar abierto a todos los repertorios, como pasa con el Liceo. No es el primer cantante pop que canta en el Real ni será el último.
-Hay quien opina que le resta glamour.
-Ese es el error de mucha gente. No veo por qué no puede actual David Bisbal o Paco de Lucía o cualquier otro músico. El Real es un teatro más en el que se hace ópera, se hace danza y se pueden hacer conciertos de estas características. En el Liceo se vienen haciendo desde hace tiempo. Ni le quita ni le da glamour.
-¿El Auditorio Nacional representa, en cierto modo, una vuelta a ‘casa’ tras su paso por el Teatro Real como director musical?
-Bueno, fue mi casa durante muchos años, pero como programador desde organizaciones privadas. Ahora sí es mi casa. Es un lugar para mí muy cercano, que conozco bien y con el que he trabajado casi desde el principio de mi carrera.
-¿Qué balance hace de esa etapa?
-No hay trabajo perfecto, pero es un orgullo haber dirigido durante cinco años el Teatro Real, con lo que eso supone. Fue un escalón en mi vida profesional, una experiencia muy positiva. Pasas de pilotar un velero a pilotar un transatlántico. Todo se vuelve más complejo. En un teatro de ópera intervienen muchos departamentos y trabaja mucha gente. Poner en funcionamiento esa maquinaria que, normalmente, depende de las ideas del director artístico, que era mi caso, requiere una mayor implicación. Por tanto, disponía de menos tiempo para mí, para mi familia y para mis amigos. En ese sentido, mi situación actual es más tranquila. Este trabajo es mucho más relajado.
-Su salida del Real y la llegada del belga Gerard Mortier no estuvieron exentas en su día de polémica. ¿Se ha cumplido, en su caso, el refrán que dice “otro vendrá que bueno me hará”?
-Es demasiado pronto para decirlo. Gerard Mortier acaba de empezar prácticamente, el año pasado fue su primera temporada. Lo sabremos dentro de cinco o 10 años. Es evidente que nuestros proyectos son distintos. Según los datos que arrojó mi etapa en el Real, creo que el mío fue altamente positivo, con niveles de ocupación del 95% y con unos ingresos de taquilla importantes. Es verdad que era otro momento y que la situación económica ha cambiado mucho. Desconozco qué pasará en el futuro, en todo caso, el tiempo dirá y la historia juzgará el trabajo que hemos hecho cada uno.
-¿Qué opina de Mortier?
-Me parece un gran profesional, lo ha demostrado a lo largo de toda su carrera.
-En su opinión, ¿se está ganando al público?
-Necesita tiempo, le tienen que dar tiempo para desarrollar sus proyectos. No se puede juzgar a una persona por lo que haga en un año.
-¿Compiten entre ustedes?
-En absoluto. Él hace un trabajo y yo hago otro. El CNDM y el Teatro Real no tienen nada que ver, son proyectos radicalmente distintos.
-¿Cuál es la crítica que más le ha dolido?
-Se dijo que no tenía el bagaje necesario para liderar el Teatro Real desde un punto de vista internacional. Sin embargo, nunca el Real ha coproducido tanto como en mi etapa, en la se estrenaron 37 nuevas producciones de las cuales 31 estuvieron coproducidas por los teatros más importantes de Europa y de América.
-¿Cómo llegó a este mundo de la música?
-Por afición. He sido un gran amante de la música desde joven y bueno... te vas metiendo en este mundo por pasión y, al final, esa pasión se ha convertido en mi modo de vida, en mi trabajo. Llevo 25 años organizando conciertos, fundé la revista Scherzo... Poca gente tiene la satisfacción de poder vivir de algo que le gusta y la suerte de disfrutar del trabajo que hace. En ese sentido, soy un gran privilegiado.
-Y eso que no estudió música.
-Tengo ligeros conocimientos musicales, pero no soy profesional de la música. Soy un gestor de la música. Un gestor no tiene, necesariamente, que saber música de una manera profesional, aunque necesita conocerla, y eso te lo da la experiencia. Hay muchos músicos, y también muchos gestores, que son unos ignorantes musicales. Y hay muchos gestores que no son músicos profesionales.
-¿Le gustaría tocar algún instrumento?
-Pues sí, pero esas cosas hay que empezarlas desde pequeñito. Pero bueno, yo disfruto mucho con la música y no tengo la necesidad de saber tocar un instrumento, sino de vivirla, sentirla y escucharla. Para disfrutar del cine no hay que ser profesional del cine y para disfrutar del arte no tienes que ser necesariamente un pintor. Pues con la música es lo mismo. Evidentemente, ser músico ayuda a profundizar sobre muchas cosas en esta materia, pero no es absolutamente necesario.
-¿Habrá este año otro maratoniano Día de la Música, como el verano pasado?
-Si tenemos presupuesto, se hará. Todo está en función de los recursos de que dispongamos. A mí me gustaría hacerlo, pero no sé si se podrá o no.
-¿Contribuyen estas convocatorias a acercar a un determinado tipo de público a la música?
-Sí. Al ser unas jornadas de puertas abiertas, con un repertorio mucho más amplio y conciertos de distinto género, no sólo clásico, sino jazz, rock, flamenco... propicia que mucha gente se acerque por primera vez al Auditorio, y que otros vuelvan después de una larga ausencia.
-¿Qué sorpresas nos deparará el Auditorio?
-Me gustaría seguir en la línea que hemos marcado y mantener la programación iniciada en la primera temporada. En esta época difícil en la que nos encontramos, como dice el refrán, “Virgencita de mi alma, que me quede como estoy”.
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