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Se publica una novela sobre la vida de Trajano, el primer emperador hispano.
Fátima Uríbarri. Madrid
Llueve sin descanso en el campamento militar que vigila las fronteras del Imperio romano con Germania. Tras la empalizada, el legatus hispano Marco Ulpio Trajano espera la visita de una delegación de senadores de Roma encabezada por Lucio Lucinio Sura. Quieren conocer su reacción si su conjura triunfa. Son los instigadores de una conspiración para asesinar al emperador.
Así comienza Los asesinos del emperador (Planeta), la novela que aparecerá el próximo 2 de septiembre. Su autor, Santiago Posteguillo, ha conseguido un grupo de fieles seguidores, lectores que han devorado con urgencia las miles de páginas de su trilogía dedicada a Escipión el Africano.
Las más de 1.000 páginas consagradas al ascenso de Marco Ulpio Trajano hasta el trono imperial, las citas del poeta Publio Papinio Estacio, de Plinio el Joven o de Suetonio, autor de Vida de los doce césares y fuente imprescindible para conocer aquella época, alimentan el interés de los lectores por saber más de Roma. Si antes fueron las intrigas pseudoparanormales y luego los asesinos en serie los que han predominado en el gusto de los lectores de los últimos años, es posible que ahora sean los libros sobre Roma los que capten las preferencias.
Muchos ejemplos
Hay libros magníficos para alimentar ese interés. Marguerite Yourcenar publicó en 1951 sus impactantes Memorias de Adriano, el emperador que sucedió a Trajano en el trono. Y Robert Graves hechizó a millones de espectadores cuando su Yo, Claudio se llevó a la televisión. También Russell Crowe puso su grano de arena cuando empuñó la espada en el cine en Gladiator. Y a Mommsen, su Historia de Roma le valió el Nobel.
Es curioso, Roma pide páginas. Muchas. A menudo las novelas romanas se dosifican en series. Conn Iggulden, por ejemplo, dedicó cuatro libros a las andanzas de los césares. Comenzó con la infancia del mismísimo Julio César en Las puertas de Roma, un libro con alguna licencia: se cuenta que el joven Julio César se crió junto a otro niño, como un hermano para él. El otro muchacho, claro, se llamaba Bruto.
Dentro de los libros romanos hay algunas alegrías ficticias de los autores, pero en general están muy bien documentados y a menudo se acompañan de mapas, árboles genealógicos y documentación que ayudan a fijar los pasos de la historia con más intensidad y eficiencia que cualquier libro de texto. Así son las obras de Colleen McCullogh, una británica especialista en el género. Entre sus títulos destacan El primer hombre de Roma, La corona de hierba, Favoritos de la fortuna o Antonio y Cleopatra. McCullogh ha publicado decenas de miles de páginas romanas.
Su compatriota Lindsey Davis lleva nada menos que 20 novelas protagonizadas pro su detective Marco Didio Falco. Sus últimas entregas han sido Marco Didio Falco. La guía oficial y Némesis (Edhasa).
La saga de Steven Saylor es más rosa, más romanticona y menos seria, pero igualmente pródiga. Su detective romano, Gordiano el Sabueso, hace sus indagaciones a través de las páginas de Sangre romana, La casa de las vestales, El brazo de la justicia, La divina de Roma, El triunfo de César....
Simon Scarrow se ha decantado por un legionario, Quinto Licinio Cato, para narrar en nueve novelas los variopintos acontecimientos que se suceden en la época de Claudio.
Además del interés histórico, las novelas de Roma añaden las variadas puertas literarias que abre la época del Imperio romano: intrigas, traiciones, envenenamientos, batallas, martirios cristianos (como en Fabiola), asedios a ciudades, amor y política.
Grandes maestros
Si lo que se busca es el rigor y el auténtico conocimiento, ahí están los maestros, como Edward Gibbon, autor de Historia de la decadencia y caída del Imperio romano, una demostración de inmensa erudición. Gibbon comenzó a publicar sus seis volúmenes en 1776 y terminó en 1789.
Su obra se ha convertido en una fuente imprescindible para autores posteriores. Y el asunto del hundimiento de Roma ha interesado a muchos: Adrian Goldsworthy y Peter Heather tienen sendos libros sobre La caída del Imperio romano.
Otro grande, el periodista Indro Montanelli, dedicó a la historia de Roma páginas muy amenas, divulgativas y muy recogidas: sin barroquismos ni alharacas. Y Max Gallo, el ilustre biógrafo de Napoleón, también ha dedicado una serie a Espartaco, Nerón, Tito, Marco Aurelio y Constantino el Grande.
El mundo romano ha atraído a autores de mucho prestigio. Mika Waltari, por ejemplo, el padre del legendario Sinuhé el egipcio, abordó los comienzos de la República romana en El etrusco. La novela de los inmortales. Isaac Asimov también empuñó la pluma para hablar de las legiones, los césares y los anfiteatros en La República romana y El imperio romano.
El cine también ha echado una mano. Espartaco (protagonista de una novela de Howard Fast) tiene en la imaginería popular la cara de Kirk Douglas; Ben Hur es Charlton Heston, Nerón es Peter Ustinov en la inolvidable Quo Vadis?, basada en la novela del polaco Henryk Sienkiewicz. Es posible que ahora, gracias a Santiago Posteguillo, comiencen los castings para ponerle cara a Trajano.
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1 Comentario
una estupenda noticia
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