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    Ballet ruso

    Diaghilev, de la danza al espectáculo de arte

    21 FEB 2012 | Eva Reuss

    La exposición ‘Los ballets rusos de Diaghilev, 1909-1929. Cuando el arte baila con la música se presenta hasta junio en CaixaForum.

  • De entre la más alta calidad sólo quería y buscaba lo mejor, el cogollito del olimpo al que nadie podía acceder; pero él lo conseguía. ¿De dónde sacarás la fortuna para pagar a los mejores, Sérguei?, le decía Vaslav Nijinski, el mejor bailarín de la historia y su amante. Y siempre conseguía asaltar a alguna aristócrata riquísima que amaba el arte y caía en las redes del gran Diaghilev, tan elegante, que tan bien hacía la pelota a los VIP cuando había que recabar cuartos para un estreno.

    Para él pintaron y diseñaron vestidos nada menos que Picasso, Matisse, Braque o Chanel. Colaboraban músicos como Stravinsky, Prokofiev, Falla, Satie o Rimsky-Korsakov o los bailarines consagrados para la eternidad: Pavlova, Karsavina, Karsavina o Nijinski. Una deformación en los metatarsos del pie le permitía saltar de modo sobrenatural sobre el escenario; cuando estrenó El Pájaro de Fuego, el público contenía la respiración sin creer la altura de sus tour en l´air o sus grand jeté. Diaghilev era un encantador de serpientes que contagiaba a todos los artistas su entusiasmo por convertir lo que hasta entonces eran unas danzas cursilonas en un espectáculo completo con el vestuario más lujoso, bonito y caro que nunca se ha visto sobre escena. A veces se empleaba hasta un año para cortar las sedas, moirés y bordar de miles de piedras semipreciosas atuendos que, al contemplar la exposición, te resultan absolutamente modernos y actuales. Los espléndidos trajes creados para La consagración de la primavera parecen de la última colección de Miyake, aunque ya quisiera este último poder contar con semejante materia prima.

    Tampoco escatimó para carteles, que dibujaba muchas veces el mismísimo Cocteau, o para colecciones de bocetos en movimiento. Incluso cuando agonizaba la compañía, hacia 1929, De Chirico ayudó en el diseño de los motivos arquitectónicos con unos dibujos absolutamente contemporáneos. Cinco años antes, cuando Mish (apodo cariñoso con el que llamaba a Nijinski) se casa y le abandona, Diaghilev entra en una profunda depresión y sus dibujos y bosquejos –también presentes en la exposición– se vuelven de tonos ocre y negros para reflejar su estado de ánimo. Nijinski acabaría sus días en un manicomio (nunca le perdonó su ex amante la infidelidad) después de padecer esquizofrenia.

    Los ballets rusos de Diaghilev (1909-1929) son un reflejo del siglo y su creador, una clave para entender la transformación del ballet, la música del siglo XX y el vestuario en una performance completa, un lenguaje visual renovado en la coreografía y escenografía que generaron un nuevo interés por la danza en Europa y América. La exposición que muestra CaixaForum Madrid del 17 de febrero al 3 de junio enseña, además, la única filmación existente hasta ahora, rodada clandestinamente y descubierta recientemente, que documenta 60 segundos de los Ballets Rusos en una actuación en Suiza de 1928. También está muy bien reflejada la ardua tarea para que la compañía sobreviviera durante la Gran Guerra o cómo el apasionante vestuario para La Bella Durmiente (allí expuesto), nunca llegara a lucirse porque los ballets rusos entraron en bancarrota.

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