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Ignacio Peyró.- Gozosamente distante del canibalismo de los poetas jóvenes, a Carlos Pujol hay que agradecerle que no se haya dedicado a los aperitivos de la vida literaria, sino que haya optado por escribir y escribir
Gozosamente distante del canibalismo de los poetas jóvenes, a Carlos Pujol hay que agradecerle que no se haya dedicado a los aperitivos de la vida literaria, sino que haya optado por escribir y escribir: en estos últimos años, su ritmo –a Dios gracias– alcanza cotas fabriles, siempre en la veta de la mejor literatura. Su poesía transita de la intimidad a la verdad, con un ritmo inconfundible, una musicalidad muy suya y esos versos finales que son como un rompimiento de gloria. Mantiene además el viejo honor de saber como nadie de las literaturas de Francia y de Inglaterra -¿para cuándo una Legión de Honor?
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