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El Parlamento francés acaba de aprobar una ley que prohíbe negar su existencia. En 1915, los turcos otomanos asesinaron a más de la mitad de la población armenia.
A pesar de las protestas de Turquía –que suspendió con París las relaciones militares y económicas y llegó a retirar brevemente a su embajador–, el pasado día 23 el Parlamento francés aprobó la ley que convierte en delito negar que los asesinatos de armenios por parte de turcos otomanos, hace casi un siglo, constituyeron un genocidio.
Hay quien piensa que se trata de una medida electoralista de Nicolas Sarkozy para ganar el voto de los 500.000 armenios que viven en Francia en las elecciones de la próxima primavera. Pero lo cierto es que parece imposible negar la existencia del genocidio armenio.
Armenia, tras padecer durante siglos la persecución turca y caer después, durante 70 años, bajo el yugo comunista de la antigua Unión Soviética, se muestra hoy orgullosa de su independencia. La identidad de este pueblo pasa, de forma irrenunciable, por el cristianismo ortodoxo. Un cristianismo que la dictadura soviética persiguió con saña, pero nunca pudo doblegar. Armenia nunca dejó de rezar.
La religión también tuvo mucho que ver con el genocidio. Armenia era un pequeño reducto católico dentro del gigantesco océano islámico del Imperio otomano. En 1915, la inmensa mayoría otomana se ensañó con la minoría armenia, violó a sus mujeres, raptó a sus hijos e intentó borrar el legado cultural de un pueblo establecido hace 3.000 años en su territorio.
Los turcos que perpetraron aquella felonía no eran los de ahora. Los de ahora son un pueblo honrado y trabajador cuyo Gobierno, sin embargo, insiste en no reconocer el asesinato sistemático de un millón y medio de personas, la mitad de la población que entonces tenía Armenia.
Un genocidio que, de alguna manera, fue la antesala del holocausto del pueblo judío. El Imperio otomano era conocido desde finales del siglo XVIII como “el enfermo de Europa”. Su antiguo esplendor se hacía pedazos y las potencias europeas de la época se disputaban sus despojos. Algunos políticos turcos decidieron dar un golpe de timón, pero para ello debían buscar la ayuda de una de las grandes potencias de la época. Las ambiciones de Rusia eran demasiado evidentes, Francia se había convertido en el banquero del imperio y Gran Bretaña fijaba sus prioridades en sus posesiones en el resto del mundo. La conspiradora camarilla turca se fijó en la potencia emergente, Alemania, que les prometía una ayuda ilimitada, sin darse cuenta de que con ello se metían en el nido de la serpiente.
Entre los poderosos alemanes que finalmente se aliarían con Turquía durante la Primera Guerra Mundial ya había quienes proponían la liquidación del pueblo judío y el advenimiento del poder ario en Europa. Fueron enfermas mentes alemanas las que contaminaron Turquía con ideas de superioridad racial y espacio vital para ensayar allí un minucioso proyecto de genocidio. La muerte de un millón y medio de armenios fue la antesala del exterminio de seis millones de judíos.
En el Muro de las Lamentaciones de Jerusalén se levantan seis estrellas, una por cada uno de los millones de judíos desaparecidos durante el terror nazi. En Yeravan, la capital armenia, se levanta un monumento en honor de las víctimas del genocidio armenio. Hasta allí llegó el papa Juan Pablo II para rezar, al igual que hizo ante el Muro de las Lamentaciones, por las víctimas de una persecución que llevó a la extinción de la mitad de un pueblo. La mayoría de los supervivientes abandonó Turquía. La diáspora del pueblo armenio explica que hoy haya ocho millones de armenios en el mundo y tan sólo algo más de tres viva en su país.
Recordar el pasadoLa venganza sólo sirve para alimentar el odio. Pero parece obligatorio reconocer un pasado que nunca debe volver a repetirse. Los armenios de hoy no buscan venganza, pero exigen que se respete la historia. Reclaman el derecho de sus muertos a ser reconocidos como víctimas de la barbarie humana que en su día personificó el Imperio otomano. ¿Es más justo reconocer el holocausto judío que el genocidio del pueblo armenio? ¿Acaso es diferente la barbarie, la locura colectiva, el sinsentido de un caso y del otro?
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