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Karl May, Jeffrey Archer y Anne Perry fueron condenados a prisión. José Ovejero rastrea ahora en ‘Escritores delincuentes’ la relación entre la literatura y el crimen. Jean Genet era un ladronzuelo que magnificó sus delitos.
Fátima Uríbarri. Madrid
José Ovejero rastrea la obra y los delitos de 20 escritores que han tenido problemas con la Justicia en Escritores delincuentes (Alfaguara). Su intención, cuenta, no ha sido la de juzgar a estos creadores, sino la de conocerlos mejor. Son ladrones, estafadores o asesinos. Son autores de distintos géneros, nacionalidades y épocas históricas, desde poetas del siglo XV hasta insignes caballeros británicos del siglo XX.
“El escritor delincuente intenta contar lo que le ha sucedido, su literatura suele ser muy intensa”, explica José Ovejero. Algunos le fascinan como creadores. Otros le caen simpáticos, y hay alguno que no soporta, ni como persona ni como escritor. Damos un repaso a algunos de estos literatos con antecedentes penales.
François Villon. “Fue un gran poeta del siglo XV. Sus poesías son divertidas y profundas. Fue un ídolo para los bohemios del siglo XIX”, explica Ovejero. Cometió robos y un homicidio. Fue condenado a muerte, pero no ejecutado. Tuvo un fin más novelesco: desapareció cuando tenía 34 años.
Neal Cassady. “Es uno de mis favoritos, a pesar de que es un autor sin obra: sólo escribió cientos de cartas. Influyó mucho en Jack Kerouac y en muchos músicos de jazz. No podía estar quieto, se movía sin parar, conducía a toda velocidad. Cometió muchos delitos menores. Acumuló cientos de multas de tráfico, vendió drogas...”, cuenta el autor de Escritores delincuentes.
Maurice Sachs. “Como escritor no fue gran cosa, lo interesante es que se reinventaba a sí mismo constantemente: en religión fue judío, católico y protestante; durante la ocupación alemana, fue primero resistente y luego confidente de la Gestapo. En cada libro justificaba sus actos anteriores argumentando que entonces era otra persona”, cuenta José Ovejero.
Anne Perry. Cuando tenía 15 años ayudó a su mejor amiga a asesinar a su madre. Su caso sobrecogió a Nueva Zelanda: las adolescentes mataron a la mujer dándole 45 ladrillazos en la cabeza. Las condenaron a cinco años en la cárcel. A la salida tomó una nueva identidad: se convirtió en Anne Perry, novelista de éxito. En los años noventa salió a la luz su impactante pasado. La escritora no quiere hablar ni escribir sobre ello. “Pero todos la buscamos cuando leemos en sus novelas reflexiones sobre la culpa o el pasado. Tenía sólo 15 años cuando cometió el asesinato ¿Te persiguen tus delitos toda tu vida?”, reflexiona Ovejero.
Karl May. Autor de enorme éxito durante los años treinta, cuarenta y cincuenta. “Es fascinante. Se convirtió a sí mismo en un personaje de novela. Nunca salió de Alemania pero se inventó una vida de aventurero. Se disfrazaba, mentía, timaba a la gente haciéndose pasar por policía o dueño de una plantación en Martinica...”, cuenta Ovejero. Pasó cuatro años en la cárcel por estafador y ladrón.
Sir Jeffrey Archer. El británico es de los que caen mal a Ovejero. “Es un mal escritor: se decía, con mala idea, que su mujer traducía sus libros al inglés. No me gusta porque se presentaba como víctima y se aprovechaba de los demás. Estuvo poco tiempo en la cárcel pero fue suficiente para escribir tres novelas de una arrogancia absoluta”, afirma Ovejero. Lo condenaron por perjurio y obstrucción a la Justicia.
Jean Genet. “Este es más escritor que delincuente”, comenta Ovejero. Fue condenado varias veces por pequeños hurtos; era un ladronzuelo con vida de niño de novela de Dickens: abandono, orfanato, desprecios de los otros niños por ser homosexual... Según Ovejero, “él magnificó sus delitos. Contó lo que le apetecía. Podía haber acabado en una prisión de ultramar, no por la gravedad de sus delitos, sino por su reiteración. Intercedieron por él intelectuales como Sartre y Cocteau. Y no lo agradeció. Fue un gran traidor. Traicionó a todos sus amigos, porque no tenía vínculos afectivos con nadie. Antes de saber más de él, me caía fatal. Pero he llegado a entenderle: por su terrible infancia hizo de su soledad una forma de vida. Era un gran rebelde. Rompía con todo el que le apreciara”. Explica el autor de Escritores delincuentes.
Los escritores de la Generación Beat. Traficaron con drogas y las consumieron, no ocultaron su homosexualidad (que entonces era delito). Algunos empuñaron las navajas... Pero el campeón de la transgresión del grupo fue William Burroughs. Mató a su mujer de un disparo en la cabeza. Fue sin querer: estaban borrachos y jugaban a Guillermo Tell. “Se excluía a sí mismo de las normas de la sociedad. Quería vivir intensamente. Buscaba las emociones fuertes, las armas, las drogas”, dice Ovejero. Cuando no le parecieron suficientes subió el siguiente escalón: el delito.
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1 Comentario
es muy frecuente que el alma castigada por el crimen se refugie en la escritura (alcohol y/o las drogas aparte, claro)
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