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Santiago es ciudad de jóvenes, ancianos y turistas. De un lado, la enorme masa universitaria. De otro, la Galicia que envejece. Y por el medio, el colorido de los turistas. El incesante goteo de peregrinos.
La catedral de Santiago de Compostela constituye el corazón de la ciudad, y de toda Galicia. Majestuosa, brillante, inalcanzable, se levanta en el centro del municipio, flanqueada por cuatro plazas, como cuatro miradores sobre las fachadas del Obradoiro, de la Quintana, de la Inmaculada y de Platerías. La catedral hay que rodearla, comprenderla, atravesarla y abrazarla, antes de descubrir el resto de la ciudad.
En su interior, los turistas suelen acudir a abrazar al apóstol Santiago, contemplan el botafumeiro y, hasta hace poco, golpeaban sus cabezas contra el Santo de los Croques. Hace algún tiempo que el Cabildo decidió prohibir esta extraña costumbre. Da igual, porque era tal el desconcierto de la leyenda, que la mayor parte de los turistas golpeaban una figura desconocida, dejando al Santo al otro lado de la columna. Además, la lluvia diaria de cabezazos –especialmente fuertes resultaban los de los estudiantes en exámenes- ponía en riesgo la conservación del conjunto artístico.
El famoso botafumeiro es un gran incensario de latón, bañado en plata, que puede verse en funcionamiento en ciertas solemnidades y, en particular, en la del 25 de julio, Santiago Apóstol. Cuenta la leyenda que se inventó para aliviar el desagradable olor que desprendían los peregrinos agolpados en el interior de la catedral. Recorre el crucero del templo compostelano en un vaivén de vértigo, de cielo a cielo de la iglesia, siempre a punto de golpearse.
Muchos visitantes culminan la visita bajando hasta la cripta del apóstol, frente a cuya sepultura los fieles pueden rezar unos minutos, antes de dejar el sitio al siguiente peregrino.
Después de empaparse de la belleza de la catedral, lo mejor es pasear la zona vieja, degustando las joyas arquitectónicas que han convertido el núcleo de la ciudad en Patrimonio de la Humanidad. Así, desde la plaza del Obradoiro puede admirarse el Hostal de los Reyes Católicos, el hotel más antiguo del mundo, construido en 1499 para acoger peregrinos. La cuota artística puede completarse con la visita al Monasterio de San Pelayo de Antealtares, al Convento de Santo Domingo de Bonaval, a la iglesia de San Francisco, y al Colegio Fonseca. Además, resulta recomendable acercarse a San Martín Pinario, la iglesia más importante de Santiago después de la catedral.
Al anochecer, un paseo por La Alameda nos descubrirá la imponente estampa de la catedral iluminada, recortada en el cielo compostelano.
Santiago es, en definitiva, como un gran museo de arte sacro, y la lista de iglesias y conventos que merece la pena descubrir puede ser eterna, como cada una de las piedras grises que componen las callejas del casco histórico.
En lo gastronómico, conviene recordar que Santiago es uno de los grandes centros de referencia de Galicia y de todo el norte de España. La calle del Franco, plagada de tascas y restaurantes, es el punto de partida perfecto para una cena inolvidable, a base de pinchos y vinos gallegos.
Dónde dormir
HOSTAL REYES CATÓLICOS
Plaza del Obradoiro, 1.
15705 Santiago de Compostela
www.parador.es
Dónde comer
O DEZASEIS
Rúa de San Pedro, 16.
15703 Santiago de Compostela
www.dezaseis.com
Cinco sentidos
Un desayuno con encanto en el Jardín del Hotel Costavella.
Un paseo a media tarde por la Rúa del Villar.
Una milhoja de merengue en Mercedes Mora.
Un arroz con bogavante y vieiras en el Ruta Jacobea.
Un parada obligada frente al Pórtico de la Gloria.
Una foto de la Catedral desde el parque de La Alameda.
Una copa de verano en la terraza del Garoa.
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