PUBLICIDAD
El infarto de Miguel García el pasado domingo reabre el debate sobre la patología cardiaca en el balompié. LA GACETA consulta con los mejores expertos: “No hay motivos para alarmarse”. “En muchas ocasiones, el primer síntoma de una dolencia cardiaca es, desgraciadamente, la muerte”.
Paul Tenorio y Diego Campo. Madrid
El fútbol español no olvidará la fecha del 28 de agosto de 2007. Fue aquel día cuando el prometedor Antonio Puerta sucumbió a una realidad que se cobra la vida de unas 40.000 personas al año. Aquella muerte súbita, televisada, infligió una herida que sangra cada vez que, sin explicación previa, un jugador cae fulminado al césped entre las miradas aterradas de sus compañeros.
Miguel García protagonizó el pasado domingo el último episodio cuando se precipitó sobre el verde del Helmántico. Su caída puso en funcionamiento el operativo que permitió devolverle a la vida tras 20 segundos de fallecimiento temporal. Las labores de reanimación y la urgente utilización del desfibrilador reactivaron el corazón de Miguel, retirado ya del fútbol, pero recuperado para seguir viviendo. El jugador del Salamanca tendrá una segunda oportunidad, la que no tienen entre 20 y 40 personas al año, que son las que fallecen en España por muerte súbita mientras realizan alguna práctica deportiva.
A raíz del fallecimiento en 2009 del futbolista del Español Dani Jarque, se ha puesto en duda desde diversos frentes la limpieza del deporte, en general, y del fútbol español, en particular. Las preguntas que están en boca de medios de comunicación y aficionados y no encuentran explicación son por qué hay tantas muertes súbitas en el fútbol, por qué les ocurre a jóvenes fuertes, supuestamente sanos y si el consumo de sustancias dopantes puede estar detrás de estos traumáticos episodios que parecen multiplicarse en los últimos tiempos. LA GACETA ha consultado a diversos cardiólogos expertos en medicina deportiva para despejar unas incógnitas más cercanas al mito y la casualidad que a la realidad científica.
¿Por qué el fútbol?
“No hay un aumento de estos casos, sino del foco mediático”. Así de tajante se muestra el presidente de la sección de Electrofisiología y Arritmias de la Sociedad Española de Cardiología, Ignacio Fernández Lozano, quien considera que, “desde el fallecimiento de Puerta, las muertes súbitas se han puesto en primera plana. Pero las estadísticas no indican que exista un aumento de las mismas”. De hecho, en las tres máximas categorías del fútbol español han fallecido siete futbolistas en los últimos ochos años (no todos mientras practicaban su deporte), lo que no parece una cifra alarmante teniendo en cuenta el número de personas que perecen anualmente en España mientras realizan alguna práctica deportiva.
No obstante, que el fútbol acapare un gran número de casos en relación con otros deportes “es una cuestión estadística porque hay más número de jugadores federados”, según los expertos consultados. Fernández Lozano afirma que “el fútbol no es más arritmogénico que otros deportes. Son aeróbicos con grandes frecuencias cardiacas”, mientras que el doctor López Farre, jefe de la Unidad de Investigación Cardiovascular del Hospital Clínico San Carlos, revela que se atiende un síncope sufrido por algún deportista amateur mientras realiza ejercicio cada 15 días. “Es lo normal”, asegura.
Además, se han hecho estudios para tratar de determinar qué grado de incidencia tienen los problemas de corazón en los deportes según si éstos promueven la resistencia, bien exigen cambios de ritmo o bien varía en función de su intensidad y duración. No se han hallado, hasta el momento, resultados concluyentes.
Fernández Lozano asegura que, en Estados Unidos, por ejemplo, el mayor número de muertes súbitas se da en las canchas de baloncesto o en los campos de fútbol americano. Esa mayor sensibilidad asociada a los deportes rey ha hecho que, en algunos países, se realicen autopsias especializadas a los deportistas. En España, como indica López Farré, se pretende seguir la estela de Italia, a los que señala como los más “avanzados” en el estudio de las patologías.
¿Por qué jóvenes?
“El primer síntoma de muchas dolencias cardiacas es muchas veces la muerte súbita”, asevera el doctor José María Villalón, jefe de los Servicios Médicos del Atlético de Madrid. Estas patologías, que tienen un origen genético en muchos casos, son casi imposibles de detectar por los métodos convenciales (electrocardiograma, ecocardiograma o prueba de esfuerzo). El organismo está, digamos, ‘programado’ para sufrir un síncope. Por eso, asegura Fernández Lozano, “hay gente predispuesta a sufrir una dolencia cardiaca, y lógicamente el deporte, más si es extenuante, hace que una persona predispuesta tenga más riesgo a sufrir una muerte súbita que alguien que esté trabajando sentado en su oficina”.
Villalón especifica que la alta intensidad del deporte es “un factor de riesgo”. “Las altas cargas de entrenamiento, el calendario muy denso y los pocos periodos de recuperación pueden ser factores que debamos plantearnos. Pero no son exclusivos del fútbol”, matiza. El club rojiblanco se convirtió en el primero en realizar estudios genéticos a su plantilla con el fin de advertir de posibles riesgos en aquellos jugadores con antecedentes.
Esa herencia genética es, tal y como explica el doctor López Farré, la causante de las “arritmias ventriculares”, precipitadores habituales de muertes súbitas en menores de 35 años. No fue el caso de Miguel García, quien sufrió un infarto y no una arritmia, una dolencia menos habitual en personas jóvenes. O del madridista Rubén de la Red, quien se desplomó por un síncope en Irún durante un partido de Copa del Rey el 30 de octubre de 2008 y desde entonces no ha vuelto a jugar al fútbol al detectársele una dolencia cardiovascular. O de Sergio Sánchez, quien abandonó el fútbol al serle detectada una dilatación en la aorta. El del Sevilla, sin embargo, se operó recientemente y podría volver a jugar. No García ni De la Red.
Sobre el dopaje
“A menos que el deportista consuma cocaína, que es la gran sustancia contra el corazón, o anfetaminas, una forma de dopaje más habitual hace años que ahora, otras sustancias dopantes contemporáneas, como los anabolizantes, los esteroides o la EPO, no producen arritmias”. Así de contundente se manifiesta Fernández Lozano para desmentir los juicios vertidos desde medios de comunicación extranjeros (Gazzetta dello Sport) sobre la posibilidad de que las prácticas dopantes sean las causantes de estos episodios.
La estela del dopaje la descarta, también, López Farré, quien descubre que la realización de estudios han desvelado que existen más casos asociados a la genética “de lo que pensábamos hace años”.
La valoración de los especialistas no está de más dada la agresividad con la que los organismos internacionales tratan a España por su actitud en la lucha contra estas prácticas ilegales.
Por todo ello, el fútbol no debe alarmarse. Los problemas cardiacos siguen teniendo que ver con los goles, las ocasiones, los títulos en juego, las finales o las rivalidades deportivas, no con asuntos médicos. Los fallecidos Pedro Alberto (Novelda), Pepío (El Bellón), Antonio Puerta (Sevilla), Ángel Arenales (At. Sobrarbe), Francisco Herrezuelo (Olímpica Valverdeña), Dani Jarque (Español) y Jordi Pitarque (Reus), más todos esos futbolistas anónimos a los que un mal día se les paró el corazón mientras disfrutaban de algo siempre saludable, como es hacer deporte, deben llevar a la concienciación y no a la psicosis. Se trata de avanzar en la investigación de los trastornos genéticos cardiacos para que no se alargue esa trágica lista de desdichados que estarán siempre en la memoria y en el corazón de todos.
TEMAS RELACIONADOS: Deporteataque al corazónMuerte súbitaparada cardiaca
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Si quieres entrar en el debate debes estar registrado en nuestra comunidad.
Si ya lo estás, debes iniciar sesión.
Si aún no lo estás, regístrate aquí.
Recuerda que tu comentario puede ser votado por el resto de los usuarios que estén registrados.
Revisa nuestras normas de conducta si no quieres que tu comentario sea moderado. Acceder al manual.