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"Es fría y calculadora, no da un paso sin saber dónde apoya el pie". "No veo otra motivación para esto que la avaricia de tener más dinero".
El hombre que diseñó para el atletismo a Marta Domínguez, y con el que ella rompió en marzo de 2009 en extrañas circunstancias, recibe a LA GACETA en su casa de Palencia. Entre el asombro y la decepción, contempla cómo la inocencia de su ex pupila se aleja de lo probable como otrora se alejaba, sobre la pista, la campeona mundial de sus desalentados perseguidores.
-¿Por cuánto tiempo fue entrenador de Marta y por qué dejó de serlo?
-Estuve 24 años con ella. Desde que era pequeñita. Cuando el 5.000 y el 10.000 se pusieron difíciles por el auge de las africanas, le propuse pasar a los 3.000 obstáculos. Ella me propuso un día fichar a César Pérez para que nos asesorara, porque él era un especialista y yo era la primera vez que entrenaba para obstáculos. Le conocíamos de la época de júnior y dije que estupendo. Pero un buen amigo de Madrid me llamó y me dijo: “¿Pero sabes cómo le llaman a César? Le llaman el camello de la Blume [residencia de deportistas de Madrid]”. Y si él me lo dice, yo le creo, porque además estaba convencido de que es así. Yo le dije a Marta que, personalmente, no me interesaban esas relaciones. Y ya se torció la cosa hasta que ella buscó un pretexto para romper conmigo: ella lleva la escuela de atletismo de la Diputación, y le cedí a algunos chicos de los que entrenaba yo. Había uno que quería empezar a tirar martillo conmigo. Y un día se presentaron Marta y Nuria, su hermana, que era la coordinadora de la escuela, y armaron la marimorena con el pretexto de que quería quitarles al chico, y ahí cortamos.
-¿Y no sospecha que fuera Eufemiano Fuentes, médico de Marta, quien la indispuso con usted?
-No lo sé. Yo lo conozco y no he tenido problemas con él. Cuando empezó a llevarle el tratamiento médico, le dije: “Pero vamos a ver qué le das”. “Todo legal”, contestó. Y ella nunca me dijo nada.
-Usted ha declarado que algunos días le sorprendía el rendimiento de Marta. ¿O ahora le encaja todo?
-Bueno... empieza a encajar. El entrenamiento era el clásico de un fondista, que persigue alcanzar determinado momento del año en gran estado de forma. Trabajábamos mucho el volumen, y cuando se acercaba la fecha trabajábamos más la intensidad. Y así lograba estar en forma el día D a la hora H. Y si ves la estadística, Marta ha participado en muchas carreras pero sólo ha corrido de verdad el día D. Los demás días era una segundona. ¿Era el tratamiento médico? No sé. Mi sistema ha funcionado con otros atletas, y mucho antes de entrar Marta en contacto con Eufemiano ya había sido campeona de Europa júnior y subcampeona mundial.
-Pero cuando el físico ya no es el de antes y quieres seguir ganando, entonces aparece la tentación...
-A lo mejor. No sé. Ahora estamos conociendo muchas cosas de Marta, pero es verdad que ha mentido mucho, a mí me ha mentido varias veces, por ejemplo cuando me prometió que sus niños, cuando llegaran a cadetes, pasarían a mis manos, cosa que no cumplió. Ahora ya me creo cualquier cosa.
-¿No ha vuelto a hablar con ella? ¿O con alguien de su entorno estos días?
-Absolutamente ningún contacto. Si la llamo no me va a coger. Yo haría lo mismo.
-¿Le ha sorprendido todo esto o empezó a esperárselo hace tiempo?
-Me preocupaba César Pérez por el entorno de dopaje en el que se movía. Me preocupaba que ella pudiera caer en la tentación. Ahora, el primer sorprendido de que esté involucrada en una red de dopaje, he sido yo. No es que no me lo crea, porque lo estoy viendo, pero cuando me lo dijeron contesté que no podía ser, que no tenía ninguna lógica.
-Tenía gloria y dinero. ¿Qué más necesitaba?
-Ha ganado dinero, su marido tiene la oposición de maestro y los padres de ambos tampoco lo necesitan. No veo ninguna motivación, a no ser la avaricia de tener más dinero. La conozco, sé que no da un paso sin saber dónde apoya el pie y dónde va a poner el siguiente. Es fría y calculadora.
-Ahora todos dicen que el dopaje era un secreto a voces en España...
-Claro, hasta que no salen pruebas nadie dice nada. En mi carrera, lo del dopaje lo he oído siempre. En 1985, Eufemiano era médico de la Federación y trabaja muy estrechamente con Manolo Pascua, y leí un reportaje sobre las pastillas que se repartían en la Blume...
-¿Cree aún que Marta pueda ser inocente?
-Si un juez, en Madrid, dicta una orden de pincharle el teléfono y la UCO entra en su piso, tiene que haber indicios muy grandes. Si allí encuentran sustancias que no iba a utilizar para ella, porque no iba a correr en nueve meses –le quedan cinco de embarazo y otros tres o cuatro de recuperación–, ¿por qué almacenar esos productos un año en casa si no es para traficar?
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