Madrid. “What happens in Spain?” La pregunta, que traducida al español significa “¿qué pasa en España?”, la planteaba esta semana el directivo de una multinacional estadounidense presente en nuestro país y resumía el sentimiento del empresariado foráneo, que ha visto cómo la economía europea más vigorosa en la última década ha pasado a estar en el furgón de cola de la recuperación. Las previsiones de que sea el último país de Europa en salir de la recesión y de que la tasa de paro alcance el 20% dibujan un panorama poco halagüeño para las 10.300 empresas de capital extranjero que hay en España y que emplean a 1,37 millones de trabajadores, el 7,3% del total de empleo nacional. El mercado laboral y el entorno económico son, precisamente, los dos aspectos que más preocupan a los inversores extranjeros, según el Barómetro del Clima de Negocios en España 2009. La consecuencia es que más del 35% de las empresas contemplan reducir el empleo en nuestro país, un porcentaje muy superior al 25% de 2008. Por lo que respecta a los planes de inversión, el porcentaje de compañías que recortará sus inversiones también supera al de 2008. La actual coyuntura ya ha provocado que las inversiones extranjeras en España cayeran el 60% en el primer semestre de 2009 respecto al mismo periodo de 2008. Es más, según el último informe sobre competitividad del World Economic Forum, España ha perdido cuatro puestos en el ranking, al pasar del 29 al 33, quedando por detrás de Brunei, República Checa, China o Emiratos Árabes Unidos. El informe insiste en que el gran foco de preocupación para España es la inflexibilidad laboral, en el que ocupa el puesto 122 de un total de 133. Pablo Fernández, profesor del Iese, es tajante. "Sin reforma laboral habrá más paro y menos productividad. Y, por supuesto, más salida de capital extranjero". El experto critica al Gobierno por la ausencia de medidas "sensatas" que mejoren el empleo y la actividad. Para revitalizar el atractivo de España debería mejorarse la competitividad, generando un entorno institucional más favorable para la actividad empresarial —por ejemplo, con menores cargas burocráticas o impositivas— e invirtiendo en una educación de calidad y en un mejor conocimiento del inglés por parte de los trabajadores españoles, que están a la cola de Europa. Todo ello si España quiere evitar, como dice The Economist, ser “el nuevo enfermo de Europa”. José Luis Gómez, director general para España y Portugal de Becton Dickinson, multinacional de tecnología sanitaria, ilustra la preocupación generalizada. “La coyuntura económica esta afectando muy negativamente al sector. La inversión en I+D Biomédica se ha contraído, si no paralizado. Y el retraso en los pagos por parte de las CC AA afecta a la capacidad de financiación de las empresas”, admite a Invest in Spain.
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