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Es la cocinera más famosa de la televisión inglesa, ha vendido 21 millones de ejemplares de sus libros de recetas, su fortuna supera los 30 millones de libras, es dueña de un equipo de fútbol y comandante de la Orden del Imperio Británico.
Pero lo que realmente distingue a Delia Smith es su compromiso con la fe católica, que no solo no oculta, sino que manifiesta abiertamente en sus libros y en su programa de la BBC.
En casi todas las religiones la comida tiene una dimensión espiritual, más o menos explícita. La práctica del ayuno, la ofrenda de alimentos, la oración en la mesa, el calendario festivo, recetas especiales… Hay también alimentos sagrados y alimentos prohibidos: el cerdo, el jabalí, las huevas de pez o algunos pescados en el judaísmo; toda carne animal en el hinduismo; la carne de cerdo y el alcohol en el islamismo…
La suerte que tenemos los católicos (otra más) es que no padecemos ninguna prohibición gastronómica, salvo la gula, claro (y esta también es relativa: había un cura en Zarauz, vasco de pura cepa, que cuando un feligrés se confesaba de haber sobrepasado los límites de lo decente en cenas o comidas, cosa bastante habitual por esos lares, le preguntaba: “Pero ¿hasta perder el conocimiento?” “¡No, padre, tanto no!” “Entonces no hay pecado, pues”). Y no olvidemos que, además de las abundantes referencias culinarias en la Biblia, la vida pública de Jesús comienza en una boda y acaba en una cena, en la que incluso se establece la base de nuestra fe.
Camarera y lavaplatos
Dios está, pues, presente en nuestros fogones con la misma intensidad que en cualquier otra actividad. Pero hay fogones en los que su presencia se manifiesta con especial inspiración divina. Es el caso de Delia Smith. Esta británica nacida en 1941, de padres separados sin convicciones religiosas, es hoy una de las diez personas católicas más influyentes de Reino Unido, amén de la cocinera número uno del país, por escrito y por las ondas.
Entre los más de veinte libros de cocina que ha publicado, hay unos cuantos de temática religiosa (Festín de Cuaresma, Festín de Adviento, Viaje hacia la oración, Viaje hacia Dios) y en su programa de televisión de la BBC ha promovido la religión católica a través de su testimonio, ante su más que millonaria audiencia. “Puedo ayudar a la gente que quiere cocinar, pero les resulta difícil. Es lo mismo con lo espiritual. Si la gente quiere, me gustaría poder ayudarles a seguir la dirección correcta”.
Pero Delia Smith no siempre fue cocinera; y no siempre fue católica. Tras abandonar el colegio a los 16 años, con mediocres calificaciones, su primer empleo fue de peluquera en Woking, Surrey, su pueblo natal; luego llegarían otros trabajos no excesivamente gratificantes como ayudante en una tienda o en una agencia de viajes. En aquellos años ya empezó a demostrar una cierta habilidad con las recetas, al menos en opinión de su novio, Louis, quien la inició en la cultura culinaria.
A los 21 años comenzó a trabajar en un minúsculo restaurante de Paddington (El Chef Cantarín), primero lavando platos, luego de camarera y finalmente como ayudante de cocina. A los 22 ya comenzaba a ejercer como cocinera profesional, y fue también la edad a la que se convirtió al catolicismo. Y, al igual que la cocina, por influencia de su novio, ferviente católico. Bautizada en la Iglesia Anglicana y educada en un colegio metodista, fue asistiendo con Louis a misa y a otras celebraciones de la liturgia católica romana cuando Delia comenzó a pensar que aquello “era auténtico”; una intuición que más tarde acabaría en convicción profunda.
Una hora de oración
Sin embargo, después de haber iniciado a Delia en el arte culinario y en la religión católica, Louis abandonó a su amor por otro Amor más grande, y entró como novicio en una sociedad misionera con la idea de hacerse sacerdote, acabando así con tres años de feliz y fructífero noviazgo. La respuesta de Delia fue volcarse en su carrera y en su recién descubierta espiritualidad. Comenzó a estudiar libros de cocina en el salón de lectura del Museo Británico, probando luego las recetas en la mesa de la familia con la que vivía en aquella época. En 1969 fue contratada para escribir de cocina en una nueva revista del Daily Mirror, lo que supuso un antes y un después en su carrera; y en su vida, ya que se enamoró del editor, Michael Wynn-Jones, con el que hoy lleva cuarenta años casada.
A partir de ahí, su carrera subió como un suflé en su punto: en la prensa, en la radio y finalmente en televisión, con varios programas de incuestionable éxito a lo largo de tres décadas. También creció su fortuna, convirtiéndose en una de las cincuenta mujeres más ricas de Gran Bretaña, lo que le dio incluso para comprarse un equipo de fútbol, el Norwich City, al que salvó de la bancarrota.
Pero a pesar de su fama y su fortuna, Delia Smith nunca deja de lado a Dios, al que dedica gran parte de su tiempo y de su corazón: al menos una hora diaria de misa y oración silenciosa en la catedral de San Juan Bautista, en Norwich, y algo más cuando juega su equipo. También dedica parte de su fortuna a sustentar a la Iglesia, especialmente las misiones; y a través de su página web anima a sus seguidores a dedicar veinte minutos a la oración diaria y a la lectura de los Evangelios. “Conforme me he hecho mayor, he sido más consciente de la simplicidad de nuestra fe; como Jesús nos dijo, no podemos crecer como cristianos sin incorporar la oración en nuestra vida diaria”.
A sus 70 años, esta mujer afable, amante de la campiña inglesa y de la cocina de verdad, cuyo mayor relax es jugar al scrabble con su marido y que declara sentirse feliz “la mayor parte del tiempo” tiene, a pesar de su aparente perfección, un vicio confesable: comer helado cadbury de fruta y nueces directamente del congelador. Un pecado de gula de lo más venial. Seguro que el cura de Zarauz le daba la absolución sin excesiva penitencia.
Efecto Delia
En los programas de televisión de Delia Smith se produce un sorprendente fenómeno denominado ‘efecto Delia’. La primera vez ocurrió en 1998, cuando hirvió un huevo para una de sus recetas y al día siguiente la venta de huevos en Gran Bretaña subió un 10%. El fenómeno se fue repitiendo con ingredientes de lo más variado (masa congelada, carne enlatada, cebollas…) y utensilios de cocina (sartén para tortilla), que se agotaban de un día para otro. Los últimos beneficiados del ‘efecto Delia’ han sido la minibatidora Kenwood, la pasta Martelli y el puré de patatas de Tía Bessie. Tomen nota.
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