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    Preservativo

    En el nuevo libro-entrevista a Benedicto XVI el Papa habla del preservativo

    22 NOV 2010

    Respuestas a una entrevista a Mons. Juan Antonio Reig Pla publicada en Alba en el año 2005 en relación con el uso del preservativo

  • El martes sale al público un nuevo libro-entrevista hecho a Benedicto XVI en el que se han extractado y adelantado ya algunas de las afirmaciones que el Papa hace al periodista Peter Seevald, autor de la entrevista. De los párrafos del libro que se han sacado a la luz ha tenido especial relevancia el titular que han sacado los distintos medios que vendría a decir que el Papa “admite el preservativo en determinados casos”.  Además de algún blog que en esta misma Web de lagacetadelaiglesia.es habla sobre el tema, ofrecemos a nuestros lectores unas respuestas que dio en su día Mons. Reig Pla actual obispo de Alcalá de Henares en donde se abordan directamente estas preguntas en cuyas respuestas se contesta a la polémica que se ha abierto a raíz de la inminente publicación de este libro del periodista Peter Seevald y, en concreto sobre el preservativo.

    Además, después del revuelo de este fin de semana sobre la licitud o no del uso del preservativo, ya han sido publicadas, declaraciones del  Padre Lombardi, director de la Sala Stampa del Vaticano, en las que se ratifica la doctrina sobre el prepservativo.

    “Pueden existir casos individuales en los que se justifique la utilización del preservativo”. Son las palabras del Papa que recoge el libro entrevista de Peter Seewald a punto de publicar. Durante el fin de semana levantaron un gran revuelo en todo el mundo. El domingo, el portavoz de la Santa Sede aclaró que no hay ningún "viraje revolucionario" en la enseñanza de la Iglesia sobre el preservativo, y que el Papa reafirma que “naturalmente la Iglesia no considera los profilácticos como la solución autentica y moral” del problema de SIDA.


    Lombardi enfatiza que con sus palabras "el Papa no reforma o cambia la enseñanza de la Iglesia, sino la reafirma colocándose en la perspectiva del valor y de la dignidad de la sexualidad humana como expresión de amor y responsabilidad".

    "Al mismo tiempo, dice el comunicado del portavoz vaticano, el Papa considera una situación excepcional la que el ejercicio de la sexualidad represente un verdadero riesgo para la vida del otro. En ese caso, el Papa no justifica moralmente el ejercicio desordenado de la sexualidad, sino que considera que el uso del profiláctico para disminuir el peligro de contagio sea “un primer acto de responsabilidad”, “un primer paso en el camino hacia una sexualidad más humana”, en vez de no utilizarlo, exponiendo al otro a arriesgar su vida".

    "El razonamiento del Papa no puede ciertamente ser definido como un “viraje revolucionario”, añade Numerosos teólogos morales y válidas personalidades eclesiásticas han sostenido y sostienen posiciones análogas; sin embargo, es verdad que no las habíamos escuchado aun con tanta claridad de la boca de un Papa, si bien en una forma coloquial y no magisterial".

    Considera que "Benedicto XVI nos ofrece valientemente una importante contribución a la clarificación y la profundización sobre un asunto ampliamente debatido. Es una contribución original, porque, por una parte reitera la fidelidad a los principios morales y demuestra lucidez en el rechazar un camino ilusorio como la “confianza en el profiláctico”; y por otra manifiesta una visión comprensiva y de largo alcance, atenta a descubrir los pequeños pasos – aunque sean iniciales y aun confusos - de una humanidad espiritualmente y culturalmente a menudo muy pobre, hacia un ejercicio más humano y responsable de la sexualidad".

     

    Mons. Juan Antonio Reig Pla actual obispo de Alcalá de Henares

    El actual obispo de Alcalá de Henares y en el momento de la entrevista, año 2005, Obispo de Segorbe-Castellón, Juan Antonio Reig Pla Presidente de la Subcomisión Episcopal de Familia y Vida, Vicepresidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, Miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y Decano del Pontificio Instituto Juan Pablo II para estudios sobre el Matrimonio y la Familia, dependiente de la Pontificia Universidad Lateranense de Roma, hacía unas declaraciones, entre otros aspectos, en relación al preservativo.

    Entrevista publicada en Alba en 2005

    --- El malentendido de las palabras del padre Juan Antonio Martínez Camino tras su reunión con la responsable del llamado Ministerio de Sanidad y, más recientemente, las palabras del Cardenal George Cottier sobre la licitud del preservativo en ciertas relaciones extraconyugales de extremo riesgo confunden a no pocos fieles. ¿Ha cambiado la postura de la Iglesia en este sentido? ¿Cuál es la interpretación correcta de estas polémicas?

    No, la Iglesia no ha cambiado ni puede cambiar la doctrina sobre el uso del preservativo, doctrina que se fundamenta en la Palabra de Dios y en la verdad natural y revelada sobre la sexualidad, la persona y el matrimonio.
    La verdad que la Iglesia enseña es que el ejercicio lícito de la sexualidad, que sólo puede darse en el contexto del matrimonio, tiene dos significados que no pueden ser separados deliberadamente: el significado unitivo y el significado procreativo.
    El preservativo o cualquier otro tipo de anticonceptivo, constituyen un verdadero fraude antropológico, pues rompen con este principio: impiden la donación plena a la que están llamados los cónyuges, no sólo habitualmente, sino también, en todos y cada uno de sus actos sexuales. A este principio no hay excepción alguna y se trata de una doctrina definitiva.

    --- Con todo, no hay que eludir las cuestiones más delicadas. Los lectores de Alba son personas inteligentes y merecen que se llegue hasta el fondo. Entonces, ¿qué pasa con las relaciones conyugales cuando existe riesgo de contagio del SIDA por estar uno de los esposos infectado por una transfusión sanguínea u otra circunstancia cualquiera?

    Hace años participé en la elaboración de unas orientaciones, a la luz de la doctrina de la Iglesia Católica, respecto a este tema, entonces ya decíamos: las relaciones conyugales forman parte esencial del derecho que mutuamente y de modo exclusivo se otorgan los esposos al casarse. Los casados tienen el derecho y el deber de expresarse su amor también mediante la unión sexual: este trato corporal íntimo especifica el amor matrimonial frente a otras formas de amor, como la amistad. Pero cuando uno de los esposos está infectado por el virus del SIDA, las relaciones sexuales se convierten en gravemente peligrosas para el cónyuge sano, de forma que el cónyuge infectado que exige al sano la relación genital, lo está exponiendo a un grave riesgo de contraer una enfermedad que, hoy por hoy, no tiene curación.
    Entran así en conflicto el derecho a la donación conyugal y la obligación de no hacer daño al otro en el ejercicio de los propios derechos. Este conflicto se resuelve afirmando que el cónyuge infectado de SIDA no tiene derecho a exigir al sano que asuma el riesgo de ser contagiado, pues nadie puede exigir sus derechos frente a otro, cuando esto implica riesgo grave para la vida o la salud del obligado. Nadie está obligado a arriesgar su vida por atender a sus obligaciones, a no ser que el negarse a asumir ese riesgo ponga en peligro bienes de similar relevancia cuya protección le esté encomendada; es el caso de los bomberos, los policías, los socorristas, etc. Obligar a alguien a correr riesgo de perder la salud o la vida fuera de estas circunstancias es un abuso del derecho, y no puede ser una obligación moral.
    Ahora bien, aunque el cónyuge enfermo de SIDA no pueda exigir al sano la relación sexual, éste sí puede lícitamente concederla, aceptando por amor el riesgo para su propia vida, a fin de salvar el resto de los bienes del matrimonio: la fidelidad conyugal, la expresión del mutuo amor y la estabilidad matrimonial.

    --- No podemos cerrar en falso este tema. Si lo indicado hasta ahora respecto al preservativo se ha dicho en el contexto de las relaciones conyugales libremente consentidas: ¿qué pasa cuando se trata de violaciones, adulterios, promiscuidad sexual, relaciones homosexuales y fornicación en general?, ¿no harían bien en usar preservativos para evitar riesgos adicionales de contagio del SIDA?

    Me gusta llegar hasta el final aclarando las cosas. Toda relación sexual entre dos personas del mismo sexo o entre un hombre y una mujer no casados entre sí es contraria a la norma moral, custodiada por la virtud de la castidad. Esta calificación no se ve afectada por usar o no usar preservativo. Ahora bien, al pecado contra la castidad puede añadirse la connotación -nuevamente contraria a la moral- de provocar el riesgo de transmitir una enfermedad tan nociva como el SIDA. En estos casos (violaciones, adulterios, promiscuidad sexual, relaciones homosexuales y fornicación en general), el uso del preservativo no convierte estos actos siempre inmorales en buenos, pero, su uso podría disminuir algo la probabilidad de una ulterior consecuencia dañina y pecaminosa de un acto malo, a saber, el poner en serio peligro la salud o la vida del otro, debido, en concreto, al contagio del virus del SIDA u otra enfermedad de transmisión sexual.
    Pero dicho esto, “la conclusión NO ES: la Iglesia dice, por fin, que se puede violar o adulterar o fornicar o practicar la sodomía con preservativo”, todo esto constituye materia muy grave de pecado. La conclusión es que hay que vivir en castidad, es decir: abstinencia antes del matrimonio y fidelidad absoluta, respetando los aspectos unitivo y procreativo, una vez casados.
     

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