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Javier Táuler. A los 28 años comenzó la larga carrera política del dirigente colombiano.
La infancia de Álvaro Uribe transcurrió en Medellín, al suroeste del departamento de Antioquia, entre fincas, doma de caballos, aguardiente y poesía. Sus años estudiantiles pasaron en el Instituto Jorge Reblado. Debido a sus excelentes calificaciones, fue eximido de hacer los exámenes finales en quinto y sexto grado. En la Universidad de Antioquia cursó Derecho. Tras graduarse en 1977, comenzó a ejercer como abogado. En 1979 se casó con la filósofa Lina Moreno, con la que ha tenido dos hijos, Tomás y Jerónimo.
Sin embargo, pronto surgiría su inquietud política. La militancia en el Partido Liberal Colombiano fue el primer paso en el largo camino político del actual presidente de Colombia. A los 28 años Uribe fue nombrado director de la Aeronáutica Civil por el presidente colombiano Julio César Turbay. Durante los casi dos años que estuvo en el cargo otorgó licencias para la construcción de aeropuertos en los municipios de Frontino, Amalfi, Urrao y Causcasia. Además, consiguió terminar las obras del Aeropuerto Internacional Ernesto Cortissoz (Barranquilla), levantó el Aeropuerto Internacional Camilo Daza (Cúcuta) y puso en marcha el Puente Aéreo de Bogotá en el Aeropuerto Internacional del Dorado.
En 1982 Uribe daría un paso de gigante en la política colombiana al ser elegido alcalde de su Medellín natal durante el gobierno del presidente Belisario Betancur. En los cinco meses que estuvo al frente de la alcaldía, el mandatario lideró el ambicioso proyecto Medellín Cívico, que incluyó la creación de la empresa Metroseguridad. Tras su breve paso por la alcaldía de Medellín, un hecho acaecido el 14 de junio de 1983 marcó su vida para siempre. Ese día, su padre fue asesinado en su finca de Las Guacharacas cuando intentaba defenderse de un intento de secuestro por un comando de las FARC.
También en 1983 recibió una carta de amenaza del grupo guerrillero EPL en la que se le exigía una millonaria suma de dinero. Tras recibir la misiva, el propio Uribe se presentó en la oficina de Montería del entonces director del DAS (Departamento Administrativo de Seguridad) Emilio Vence, para denunciar el hecho y comenzar la investigación. Los funcionarios del DAS acordaron entregar el dinero, pero el propio Uribe se negó a que otra persona pusiera su vida en peligro y le dijo a Vince que él mismo haría la entrega del dinero. En la operación se capturaron 12 guerrilleros.
Y de la alcaldía de Medellín a la Concejalía de la urbe. En 1984 Uribe fue elegido concejal de la ciudad hasta 1986, momento en el que se convirtió en senador del país, cargo que ocupó hasta 1994. Debido a su buen hacer fue nombrado senador estrella en 1990 y senador de mejores iniciativas. En su puesto como senador, además de ocupar la presidencia de varias comisiones, fue ponente de diversas leyes como la de la Reforma Pensional (1988), Reforma Laboral (1990) o Sistema de Seguridad Social (1993).
Pasaban los años y Uribe seguía ascendiendo en su carrera política. El siguiente peldaño fue su nombramiento como gobernador de Antioquia entre 1995 y 1997. Uribe le dio un nuevo estilo de Gobierno a la región, más dinámico, y por primera vez se organizaron consejos comunitarios. Durante el cargo recortó gastos y personal -de los 14.061 funcionarios iniciales pasó a 5.499-, amplió la cobertura educativa en 102.000 cupos, multiplicó por tres los kilómetros de carreteras pavimentadas y logró que un millón de antioqueños tuvieran acceso a servicios de salud. Al mismo tiempo, defendió y promovió la implantación local de las cooperativas de seguridad privada (Convivir), que habían sido creadas por el Gobierno del país.
Al expirar su mandato como gobernador, decidió retirarse provisionalmente de la política. Ese momento coincidió con la llegada a la presidencia de Colombia de Andrés Pastrana. Uribe aprovechó el parón para trasladarse, gracias a una beca Simón Bolívar del British Council, a la Universidad de Oxford como profesor asociado del Saint Anthony’s College entre 1998 y 2000.
Tras ese receso de casi tres años, Uribe regresó a la arena política para sumarse a la campaña del candidato del Partido Liberal, Horacio Serpa, que había sido ministro del Interior. Sin embargo, sus desavenencias con el presidente Pastrana sobre el proceso de paz con las FARC y con Serpa acerca de la estrategia antiguerrillera, fueron definitivas para presentarse por libre a las elecciones presidenciales con el Movimiento Primero Colombia. En los meses previos a los comicios de 2002, Uribe se había forjado una imagen de honradez y firmeza. El candidato insistió durante la campaña en la necesidad de restablecer la autoridad del Estado y se distanció de los otros candidatos al declarar que no se opondría, si fuera necesario, a la llegada de tropas extranjeras para combatir el narcotráfico. Era el colofón del plan Colombia, que tiempo atrás habían acordado los presidentes Pastrana y Clinton.
Uribe iba cobrando más peso político en el país y su candidatura a la presidencia fue vista por parte de los grupos guerrilleros como una auténtica amenaza. Una amenaza, que según ellos, tenía que ser depuesta. Y se sucedieron los intentos de asesinato contra el candidato. Durante la campaña electoral Uribe estuvo expuesto a 15 tentativas por acabar con su vida. La última y más espectacular tuvo lugar el 13 de abril de 2002, cuando un autobús bomba hizo explosión al paso de su vehículo blindado en una calle de Barranquilla. Aunque él resulto ileso, dos personas murieron y otras 22 resultaron heridas.
En los comicios de 2002 Uribe consiguió derrotar a su principal opositor, Horacio Serpa, con el 53,048% de los votos (5.862.655). El ya presidente había obtenido una victoria electoral sin precedentes en la historia del país. Con ese porcentaje, Uribe se convirtió en el primer gobernante en ganar unas elecciones en primera vuelta.
El mismo día de su toma de posesión, el 7 agosto de 2002, las FARC lanzaron 14 obuses contra la Cámara de los Representantes donde se celebraba la investidura. Un total de 19 personas perdieron la vida y otro centenar resultaron heridas en el vecino barrio marginal de El Cartucho. La ofensiva guerrillera llevó al presidente a decretar el estado de excepción el 11 de agosto, por un periodo de 90 días prorrogable, solicitó la mediación de la ONU y creó un nuevo impuesto sobre el patrimonio para financiar el aumento de efectivos de Ejército y Policía. Además, llegó a un acuerdo con las AUC (Autodefensas Unidas de Colombia), cuyo jefe, Carlos Castaño, aceptó una tregua indefinida y la desmovilización de 10.000 hombres, seguida de la entrega de armas de los 1.500 miembros del Bloque Catacumbo de Salvatore Mancuso. Washington respaldó la ofensiva contraguerrillera. Y Uribe se convirtió así en el aliado más fuerte del presidente Bush en Iberoamérica.
Uribe tenía claro que el eje político de su mandato iba a ser la lucha frontal contra los guerrilleros y narcotraficantes. “El Estado debe enfrentarse a todos los grupos violentos”, señaló al diario Abc en una de sus primeras entrevistas en España. De hecho, la mano dura contra los grupos violentos, verdugos de más de 2.000 civiles sólo en 2001, fue el leitmotiv de su mandato. Bajo ese paraguas ideó su proyecto de seguridad democrática. Entre las acciones llevadas a cabo para la erradicación de la guerrilla y del resto de grupos paramilitares, Uribe emprendió la desmovilización de estos últimos dentro de las AUC. Además, impulsó la Ley de Justicia y Paz con la que se redujeron los espacios de acción de las FARC y el Ejército de Liberación Nacional (ELN). Al mismo tiempo, Uribe respaldó fuertemente, ya como presidente del país, el plan Colombia.
La fuerte política de seguridad impulsada por el presidente colombiano supuso una drástica reducción de los asaltos, secuestros y asesinatos. Prueba de ello fue que en 2004 todos los informes confirmaron el retroceso evidente de la guerrilla y la disminución de los crímenes.
Si el eje central de la política de Uribe era la lucha contra las guerrillas, su contrapeso, no menor, fue la economía. El presidente colombiano fomentó un modelo de crecimiento de mercado y una alianza estratégica con Estados Unidos. Fruto de eso, Uribe logró situar la economía colombiana en un crecimiento del 4,6 % anual. La construcción, las exportaciones y las finanzas fueron los motores sobre los que se pivotó dicho incremento. Al mismo tiempo, obtuvo un aumento de los empleos y una fuerte disminución del paro.
Por iniciativa popular, la Cámara de Representantes aprobó el 1 de diciembre de 2004 una reforma de la Constitución que avaló “la reelección presidencial”. Superado ese escollo, Uribe podía presentarse de nuevo a las elecciones. Su buen hacer durante los cuatro años anteriores al frente del país fue definitivo para ocupar, de nuevo, el sillón presidencial. El pueblo lo tenía claro y así quedó reflejado en las urnas. En 2006 Uribe logró otro récord histórico al obtener el 62,35% de los votos. La abrumadora mayoría que le aupó a lo más alto de la política colombiana le convirtió en el presidente con mayor número de votos en unos comicios electorales de la historia de Colombia.
Otro escollo, de distinta índole, que ha tenido que superar Uribe ha sido el de El gorila rojo. Aunque inicialmente sus relaciones con Hugo Chávez fueron cordiales, pronto comenzaron a deteriorase. Al incidente del conflicto del Golfo de Venezuela le sucedió el del caso Rodrigo Granda. Y en 2007 las relaciones entre ambos se rompieron definitivamente, después de que Uribe autorizara la mediación de Hugo Chávez en el Acuerdo Humanitario, y que tres meses después, la interrumpiera. El corolario de su tensa relación tuvo lugar hace escasos meses en la Cumbre del Grupo de Río. En un momento de su discurso, Chávez, que había sido interrumpido por Uribe durante su intervención, espetó al presidente colombiano un “vete al carajo”, a lo que Uribe respondió con un “sea varón y quédese a discutir de frente”.
Los éxitos y logros han plagado el segundo mandato de Uribe entre 2006 y 2010. En mayo habrá elecciones en el país. Él abandonará el Gobierno. Y el presidente entrante se encontrará una Colombia profundamente renovada gracias a su fuerte política de seguridad, su economía responsable y su compromiso social. “Creo que es un país muy distinto al de hace ocho años”, dijo Uribe en una entrevista a Todelar Noticias en abril de este año. Y señaló también: “Hoy los ciudadanos están más tranquilos. Hace años los ciudadanos, anonadados, abrumados por el secuestro, por las masacres, por los carros bomba, no alcanzaban a considerar el hurto callejero, no alcanzaban a considerar el hurto al comercio, el robo del carro, el robo de la moto; hoy sí”. Como remate a su trayectoria, mañana recibirá por parte del Grupo Intereconomía el Premio Mejor Dirigente Iberoamericano de la década.
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