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El presidente del Parlamento Europeo, Jerzy Buzek, advierte de que el giro que pretende el Gobierno de Zapatero en la postura de la UE hacia la isla está lejos de tener mayoría en la Eurocámara. "El traspaso de poder de Fidel a Raúl Castro no ha beneficiado a nadie".
Bruselas. Jerzy Buzek, presidente del Parlamento Europeo y, como tal, mandamás de la institución que más poderes ha ganado con el Tratado de Lisboa, no se anda con chiquitas cuando se le pregunta sobre una hipotética distensión de las relaciones entre la UE y Cuba. Su habitual comedimiento se transforma en una crítica cerrada a cualquier veleidad de contemporización con el Gobierno de Castro: “Nada ha cambiado en Cuba”, afirma rotundo este conservador polaco. Y, de paso, deja una advertencia al Gobierno español, que durante su presidencia de la UE pretende eliminar la Posición Común frente a la isla: “Un cambio en la actitud de la Unión Europea hacia Cuba está lejos de poder obtener una mayoría en el Parlamento Europeo”.
Sin duda, su propia biografía explica esta actitud frente al Gobierno comunista de la isla. La madera política del presidente de la Eurocámara, quien fue primer ministro de Polonia entre 1997 y 2001, se forjó en los movimientos anticomunistas que durante la década de los años 80 hicieron frente al establishment marxista-leninista de su país. Muy especialmente, su trayectoria quedaría marcada por su paso por el influyente sindicato Solidaridad, una de las organizaciones que más influencia tuvieron a la hora de hacer tambalear el bloque soviético hasta que acabó hecho añicos.
Por otro lado, Buzek es bien consciente de que la recentísima entrada en vigor del Tratado de Lisboa ha supuesto un vuelco en la dinámica europea y en el reparto de poder en Bruselas. Y en tiempos revueltos, todos hacen por defender su territorio. En plena euforia tras la tortuosa aprobación del nuevo marco legislativo de la UE, la Eurocámara sabe que es la institución europea que más competencias ha ganado y que, en estos momentos, sí es posible hablar de tú a tú a todos los gobiernos de los Veintisiete.
Por ello, Buzek no quiere que la elección del primer presidente de la UE, el belga Herman Van Rompuy, empañe esta mayoría de edad del Parlamento Europeo: “Van Rompuy debe actuar más como un coordinador, o un mediador, que como un presidente en el sentido tradicional del término”, comenta para evitar tentaciones plenipotenciales del ex primer ministro belga. La Eurocámara, con Buzek a la cabeza, se sabe depositaria de la legitimidad que le otorga ser la única de las instituciones europeas elegida directamente por los 500 millones de ciudadanos que pueblan la UE, y no por sus respectivos gobiernos nacionales.
Además, como cabecilla de la Eurocámara, este ingeniero químico es pionero en su puesto: es el primer originario de los países de la última ampliación de la UE hacia la Europa oriental que preside una de las instituciones europeas. “Ya no hay una Europa del Este y otra del Oeste; hay una única Europa, simbolizada por nuestro presidente”, comentó el presidente del PP europeo, Joseph Daul, el día del nombramiento de Buzek.
“Hace muchos años, yo soñaba con ser diputado del Parlamento polaco si Polonia lograba la libertad, y ahora soy presidente del Parlamento Europeo: ¡Ni en mis sueños más atrevidos lo habría imaginado!”, respondió entonces Buzek. Su nombramiento como sustituto del alemán Hans-Gert Pöttering el pasado mes de julio, poco después de las elecciones europeas, se realizó con un récord de apoyos: 555 diputados le dieron su respaldo de un total de 713 votos.
Entre otros motivos, este luterano obtuvo semejante respaldo por su fama de buen gestor y como un gesto hacia la Europa ex comunista en el vigésimo aniversario de la caída del Muro de Berlín. Además, desde las filas del PP europeo, supuso un reconocimiento a los buenos resultados obtenidos por el partido polaco Plataforma Ciudadana (PO), miembro del PP europeo, que se consagró como primera fuerza del país, con un 45% de los votos.
-Las dos personas elegidas por los líderes de los Veintisiete para ocupar los dos nuevos altos cargos creados por el Tratado de Lisboa, el de presidente permanente del Consejo de la UE y el de Alto Representante de Exteriores de la UE, han recibido numerosas críticas porque ninguno de los dos es apenas conocido en Europa y porque se les achaca que adolecen de “falta de experiencia”. ¿Cuál es su opinión al respecto?
-Creo que la elección del señor Van Rompuy (ex primer ministro belga y nuevo presidente de la UE) ha sido buena como primer presidente del Consejo Europeo. Hasta ahora, siempre ha logrado obtener consensos a lo largo de su distinguida carrera política. Esa es, en mi opinión, su gran fortaleza, que debería dar sus frutos al desempeñar la nueva función que se le ha encomendado. Con la decisión sobre la nueva Alta Representante (la laborista británica Catherine Ashton, hasta ahora comisaria europea de Comercio) hemos racionalizado y hecho más eficaz la voz de Europa ante el mundo, haciendo más fácil cooperar con nuestros socios mundiales. La Alta Representante, que también será vicepresidenta de la Comisión Europea, debería asignarse con el método comunitario. En efecto, estamos ansiosos de dar de nuevo la bienvenida a Catherine Ashton en el Parlamento Europeo. El Parlamento Europeo escrutará su idoneidad para ocupar el nuevo puesto de vicepresidenta de la Comisión y Alta Representante de la Política Exterior y de Seguridad Común (se refiere al examen parlamentario que, a diferencia de Van Rompuy, tendrá que pasar junto con el resto de miembros de la Comisión Europea, encabezada por José Manuel Durao Barroso).
-¿Qué papel debe desempeñar el nuevo presidente de la UE? ¿Tiene miedo de que le haga sombra a usted o a los líderes de otras instituciones europeas?
-Yo apoyo la visión de que esta persona debe actuar más como un coordinador del Consejo que como un presidente en el sentido tradicional de la palabra. El nuevo presidente debe liderar la dirección, la coordinación, la continuidad, promover el interés europeo y escuchar a todos los Estados miembros, independientemente de su tamaño. Su papel debe ser el de un mediador.
-¿Cuáles son los logros más importantes para la UE, una vez que el Tratado de Lisboa ha entrado en vigor este mes?
-Estoy orgulloso de decir que ahora tenemos una serie de reglas democráticas y eficientes, capaces de dar respuestas a los 500 millones de personas de los 27 Estados miembros de la UE. El Tratado de Lisboa hará a la UE más democrática, unida y efectiva. Además, contribuirá a que pueda responder a los desafíos actuales, como el cambio climático, el desarrollo de una política energética común en Europa, la recuperación del crecimiento económico y la lucha contra el desempleo.
-¿Cuáles son los desafíos a los que deberá enfrentarse la presidencia española de la UE, que tendrá lugar durante la primera mitad de 2010?
-He estado en España hace unas dos semanas y ahora (refiriéndose a ayer) vuelvo a Madrid. He podido discutir con el presidente, José Luis Rodríguez Zapatero, sobre los principales objetivos de la presidencia española: poner en marcha el Tratado de Lisboa, la recuperación económica, el cambio climático, las cuestiones sociales, la inmigración y las relaciones internacionales. El mandatario español subrayó que España es un país proeuropeísta que valora, respeta y apoya la tarea fundamental del Parlamento Europeo en el trabajo de la UE. Creo que la presidencia española es muy importante, porque será en la que se modele el ‘corazón’ de las nuevas relaciones entre las instituciones comunitarias (modificadas por la entrada en vigor del Tratado de Lisboa). Además, será la que trabaje en los posibles acuerdos de la inminente cumbre de Copenhague (de la ONU sobre cambio climático).
-El Gobierno español ha dicho que tiene intención de suprimir la Posición Común de la UE respecto a Cuba durante su presidencia, que condiciona los contactos con la Isla a su evolución en materias de derechos humanos y democratización. ¿Cuál es su opinión al respecto? ¿Ha realizado el Gobierno cubano los suficientes avances en estos ámbitos que justifiquen esta distensión de la actitud europea?
-Un cambio en la actitud de la Unión Europea hacia Cuba está lejos de poder alcanzar una mayoría en el Parlamento Europeo. Nada ha cambiado en Cuba, y el traspaso de poder de Fidel Castro a su hermano Raúl no ha producido ningún beneficio para la democracia, para el pueblo cubano ni para las relaciones entre Cuba y la UE. Seguimos estando seriamente preocupados por la situación de los derechos humanos en Cuba, y en especial por la falta de progresos en cuanto a derechos civiles y políticos. El pueblo de Cuba no disfruta de libertad de expresión ni de reunión. No hay libertad de prensa. El acceso a la información, incluyendo Internet, sigue siendo limitado. Las restricciones a la libertad de movimiento de los ciudadanos, hacia y dentro de Cuba, no ha cambiado. Aún estamos esperando a que las autoridades cubanas permitan a las ‘Damas de Blanco’ salir de la isla para aceptar la invitación del Parlamento Europeo a recoger el Premio Sajarov que le otorgó en el año 2005.
-Muchos países del último proceso de ampliación, fundamentalmente del Este de Europa (el propio Buzek es polaco), han sido golpeados con especial dureza por la crisis económica. Por ello, han visto cómo aumentaba la diferencia entre su nivel de vida y el de los Estados que formaban parte de la UE antes de 2004. ¿Cómo debería la UE encarar esta situación? ¿Podría aumentar un sentimiento antieuropeo en estos países?
-Antes que nada, no creo que haya un sentimiento antieuropeo en los nuevos Estados miembros. La Unión Europea ha demostrado solidaridad con todo ellos aunque, por ejemplo, no todos estemos en la zona euro. Los Estados miembros no están solos ni van a la deriva. Algunos de ellos han recibido ayudas financieras sustanciales del Fondo Monetario Internacional, de la Comisión Europea y de otros contribuyentes. Ésta es una expresión tangible de la solidaridad con las gentes de los países que están enfrentándose a las peores dificultades. En segundo lugar, considerado que ahora, con la entrada en vigor del nuevo Tratado de Lisboa, disponemos de mejores herramientas para luchar contra los efectos de la crisis. Es más, creo que los nuevos Estados miembros podrán beneficiarse a largo plazo de la propia crisis.
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