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    Las promesas incumplidas del presidente han provocado el enfado de los ciudadanos del estado, tradicionalmente demócrata.

    EE UU castiga la gestión de Obama en los comicios de Massachusetts

    20 ENE 2010

    El candidato republicano, Scott Brown, se hace con el escaño que decidirá la reforma sanitaria. Por primera vez en más de medio siglo un demócrata pierde en el feudo de los Kennedy.

  • Washington. En el juicio al que la opinión pública sometió este martes al presidente de los Estados Unidos, los votantes extendieron el pulgar hacia abajo. Si, hasta hace un mes, las elecciones especiales de Massachusetts se antojaban terreno conquistado por los demócratas, la atención política fue virando en los últimos días hacia Scott Brown, un abogado hasta ahora desconocido (salvo para las lectoras de la revista Cosmopolitan, que lo eligieron el americano más sexy años atrás).

    La expresión del “escaño del pueblo”, al son de la cual Brown reivindicó el derecho a zafarse de la sombra demócrata que planeaba, sobre todo, el estado de Massachusetts, prendió en la conciencia del votante hasta que ocurrió lo que la mayoría de la prensa política estadounidense calificó de “milagro”. Desde 1972, ningún republicano había osado disputar ese puesto a la tierra de los Kennedy. Pero Brown “lo hizo”, como tituló ayer una de las cabeceras de referencia en Boston.

    Y con la clara esperanza de hacer oír su voz en Washington y obligar a Obama a replantearse su agenda. Los resultados oficiales se hicieron esperar hasta pasada más de una hora del cierre de los colegios electorales, cuando la candidata demócrata felicitó por teléfono a su contrincante. En la noche del martes, los simpatizantes ondeaban la bandera americana a las puertas del Hotel Park Plaza al grito de “forty one!” (41 en inglés, porque Brown es el senador republicano número 41, hecho que podría ponerle las cosas muy difíciles a un Gobierno que necesita una mayoría cualificadísima de 60 de los 100 escaños del Senado para aprobar su cacareadísima reforma sanitaria y otras medidas legislativas).

    Desde su recién estrenada condición de ganador, Brown tenía mensajes para sus hinchas, pero, sobre todo, sus palabras viajaban costa abajo hasta Washington DC. “Lo que ha pasado en estas elecciones podría pasar en toda América”, sentenció el vencedor. Scott Brown heredará la silla de Ted Kennedy porque así lo quiso el 53% de los votantes. Sin embargo, los resultados de estas elecciones a senador no se cuantifican en cifras, sino en coste político.

    Obama sopló ayer su primera vela como inquilino de la Casa Blanca con un mensaje sobre su mesa: el pueblo americano quiere ver cumplidas las viejas promesas que colorearon eslóganes hace un año. Brown le arrebata, así, la silla a la fiscal general Martha Coakley, que había sido arropada en campaña por el mismísimo presidente de los Estados Unidos. Las reacciones de los demócratas se movieron ayer en un cruce de culpas con tufo a “pío pío, que yo no he sido”, indigna de un partido que conquistó por 26 puntos el Gobierno hace un año.

    Pero tampoco ha faltado quien ha alzado la voz con un “la vida sigue” algo temerario. La presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, afirmó este lunes, cuando la derrota ya le pisaba los talones, que las elecciones no afectarán la votación final de la reforma de salud. Para Pelosi, los resultados de la votación serían eclipsados por la meta del Gobierno, que sigue siendo “conseguir la aprobación definitiva de la reforma de salud”. Aunque, para ello, haya que apresurarse antes de que Brown se siente en la Cámara alta.

    Sospechan de la reforma

    Sin embargo, los desesperados intentos de los demócratas por minimizar el mensaje de las urnas no han podido silenciar una opinión pública que, desde los medios norteamericanos, invitaba ayer al país a sospechar de la reforma nacional de salud que abandera el presidente.

    La pregunta que permanece sin resolver para los analistas políticos es si Obama extraerá conclusiones a tiempo para afrontar las elecciones legislativas del próximo mes de noviembre. Cuando se cumple un año de la entrada de Barack Obama en la Casa Blanca esto supone una gran derrota para el presidente que, en sus primeros 365 días, ha conseguido bajar su popularidad en 20 puntos.

    Obama, además de luchar para que su descafeinada reforma sanitaria salga adelante, tendrá que reconsiderar algunas de sus prioridades legislativas, ante la pérdida de apoyo en el Congreso. Según los expertos, ahora es menos probable que los demócratas conservadores respalden cuestiones controvertidas propuestas por Obama, por temor, entre otras cosas, a que pueda representar su suicidio político.

    Así, el presidente tendrá que intentar recuperar todo lo que no hizo durante su primer año. Una de las "grandes promesas" incumplidas fue el cierre del centro de detención en la base de Guantánamo (Cuba), además de poner fin a los interrogatorios agresivos a presuntos terroristas con técnicas como el waterboarding (ahogamiento simulado) y cumplir con el respeto de la ley en su política antiterrorista. Pero Guantánamo no ha cerrado aún sus puertas ni hay una fecha prevista para su clausura. Además, tampoco cumplió con la retirada de tropas de Irak, otra de sus promesas electorales más esperadas y anunciadas que, sin embargo, parece no va a cumplir, de momento.

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