Lo que hace poco parecía impensable está ocurriendo. El Partido Laborista y el Conservador en el Reino Unido están empatados. La enorme ventaja, hasta 20 puntos, de la que gozaban los tories hace apenas unos meses se ha evaporado hasta el punto de que se teme que si gana tenga que depender de otras formaciones para gobernar.
Un sondeo de The Times publicado ayer revela que David Cameron y Gordon Brown están virtualmente empatados en las circunscripciones que determinarán el resultado de los próximos comicios. La encuesta fue realizada sobre 100 escaños que actualmente tienen los laboristas y en los que los conservadores tienen posibilidades. El resultado es del 38% para cada uno en cada escaño. Aunque más votantes se inclinan por los tories en esas áreas que tomando el país en su conjunto, el resultado está muy por debajo de lo que preveían los conservadores. De hecho, según el sondeo, el cambio de voto de laborista a tory es entre 1,5 y dos puntos superior en los escaños clave, lo que podría suponer 20 diputados más, muchos menos de los que cabría esperar después de la gran cantidad de dinero que se está gastando. Porque, con este incremento, apenas llegaría a los 326 escaños necesarios para una mayoría simple.
David Cameron tiene razón cuando tras el último congreso de su partido se puso manos a la obra para presentar bien sus propuestas a los votantes porque temía que no le conocían. Y es que, según los sondeos, muchos de ellos tienen dudas respecto a esta opción. El 41% cree que “es la hora del cambio”, pero no están tan seguros de que lo vayan a traer los hombres de Cameron.
La sensación general es que más allá de los grandes titulares, los británicos apenas conocen el programa del que aspira a ser su primer ministro.
El problema no es una encuesta concreta. Es que la enorme ventaja de hace apenas unos meses, cuando Cameron era el hombre de moda y Brown apenas un cadáver político, se ha esfumado. Los últimos sondeos revelan una tendencia a la baja que ha hecho saltar todas las alarmas en el cuartel de los conservadores.
El escándalo de lord Ashcroft, el donante conservador non-dom, o sea que no paga impuestos en el Reino Unido, ha hecho mucho daño. Sólo el 32% de los ciudadanos en las circunscripciones clave espera ahora una mayoría para los conservadores, frente al 43% en un sondeo nacional del pasado mes.
Lejos parecen los tiempos en que con la economía en recesión, el Gobierno sumido en el caos y un primer ministro poco popular, Cameron se veía ya en el 10 de Downing Street con una cómoda ventaja de 20 puntos.
Para los analistas, el problema es que el líder conservador se relajó y se dedicó a esperar a que el premier convocara elecciones –lo que todavía no ha hecho, pero se baraja la fecha del 6 de mayo–. No supo aprovechar los escándalos del laborismo ni explotó el filón que suponía un primer ministro como Brown, que heredó el cargo y nunca ganó unas elecciones. Así que en el ínterin, el Reino Unido comenzó a crecer, le estalló el escándalo sobre su millonario donante que prefería escapar al fisco británico, y los ciudadanos comenzaron a preguntarse si no iba a ser mejor lo malo conocido.
“Los votantes no saben qué políticas va a impulsar el Partido Conservador o que hará cuando estén en el poder. Han hecho un montón de pequeños anuncios, pero no un mensaje claro y completo”, señala Anthony Wells, director de YouGov.
Pero no todo es negativo para Cameron. A nivel personal, le prefieren ocho de cada diez. Más de dos tercios de los encuestados por The Times creen que el líder tory es “una persona muy agradable”.
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