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    Manifestación en NUeva York del movimiento Ocuppy Wall Street. AFP

    Estalla la indignación en un mundo en crisis

    02 OCT 2011 | Juanjo Madrigal.

    El desapego hacia la clase política lleva a decenas de países a manifestarse. El fenómeno afecta a democracias viejas y recientes.

  • El dogma de fe democrático está en crisis. Los habitantes de medio mundo amanecen, desde hace meses, protestones. Se quejan por la falta de empleo o la escasez de oportunidades para adquirir una vivienda digna. Desde Estados Unidos a India, pasando por las maltrechas economías europeas e, incluso, los países árabes, se manifiestan por un objetivo claro: su increíble desapego hacia la clase política. Los países del Sur piden democracia, y el Norte, mejor democracia. Los ciudadanos han dejado de creer en las urnas. El nuevo sistema participativo tiene lugar en las redes sociales.

    La crisis incendia las calles europeasTienen democracia pero dicen que no es verdadera. Jóvenes de toda Europa, hartos de la crisis, se echan a las calles de sus respectivos países para exigir a los Gobiernos soluciones a una agonizante situación económica que parece no tener salida. Grecia es el ejemplo más claro. El rescate y el peligro de quiebra han derivado en constantes huelgas generales y en duros enfrentamientos con la Policía en las calles helenas. En España, los llamados indignados se hicieron con las plazas de varias ciudades, desde donde, dicen, pedían “democracia real ya”.

    En Londres la situación fue aún más preocupante; grupos de vándalos asaltaron barrios enteros de la capital. El resultado: cientos de casas y comercios destruidos y miles de detenidos. También el pueblo belga, cansado de no tener Gobierno un año después de los comicios, exige a gritos un acuerdo político, mientras los franceses pusieron en jaque, aunque no lograron sus objetivos, al Gobierno de Sarkozy, oponiéndose a la reforma en la edad de jubilación. Islandia, el caso más claro, consiguió tumbar y llevar al banquillo al ahora ex premier, Geir H. Haarde.Primavera Árabe en Internet: la urna que acabó con los tiranos

    Con el arranque de las revueltas en los países del Norte de África, el mundo vivió un colapso a nivel político. Las exigencias de ciudadanos oprimidos por tiranos que gobernaban países empobrecidos estaban claras: menos jerarquía y más participación. Y la Red, entre los jóvenes árabes, fue el motor que les hizo acabar con regímenes blindados tales como Túnez o Egipto.

    Tras la caída de estos, se esperaba que Libia (en guerra desde el 19 de marzo) fuese el próximo en caer, pero los desmanes de la política internacional o la imposibilidad de cazar a Gadafi han hecho que la guerra se torne interminable. Entre tanto, regímenes como Yemen, Jordania o Marruecos se han apresurado a cambiar sus constituciones en pos de unas democracias más participativas. La que resta es Siria. La comunidad internacional no da con la clave que acabe con un sátrapa que ha logrado coronarse con la represión y la muerte.

    En wall street. Los astros de Hollywood también se indignanEn el bajo Manhattan se indigna hasta Susan Sarandon. El movimiento Ocupa Wall Street lleva algo más de dos semanas realizando una acampada en contra del sistema financiero estadounidense y la corrupción de los políticos y empresas del país.

    De hecho, desde que surgiera la acampada, convocada a través de la red social Twitter, muchas han sido las caras conocidas que han mostrado su faceta más perroflauta y se han acercado hasta el centro financiero mundial. “He venido aquí a entender lo que pasa y dar mi apoyo”, explicó Sarandon el pasado miércoles. También se ha dejado caer el documentalista Michael Moore.

    A lo largo de estos días se han sucedido diversas manifestaciones donde hubo altercados y, hasta el momento, han sido detenidas más de 100 personas. Incluso han llegado a decir que planean usar la táctica revolucionaria de ocupación masiva de la Primavera Árabe para restaurar la democracia en EE UU.

    Israel. Netanyahu 'desmonta' el campamentoPor la carestía de la vida comenzaron las revueltas en países como Túnez o Egipto. Israel también supo hacerlo. Pero con un éxito de convocatoria como nunca antes se había visto. Unas 400.000 personas abarrotaron el pasado 3 de septiembre el centro de Tel Aviv. Un mes antes lo habían hecho 300.000. Pero no fue la única ciudad. Frente a la residencia del primer ministro, Benjamín Netanyahu, en Jerusalén se concentraron unas 30.000 personas.

    Aunque la manifestación tuvo buena acogida, los indignados israelíes han perdido fuelle. Este movimiento abogaba por la instauración de un Estado de bienestar y se quejaba de que en los últimos 20 años la construcción pública de viviendas baratas casi hubiera desaparecido en el país, lo que ha disparado los precios de los alquileres, sobre todo en Tel Aviv.

    A modo de respuesta, Netanyahu creó una comisión para examinar una serie de reformas. Lo que dio lugar a una significativa baja de manifestantes en las concentraciones en las ciudades más importantes del país. Sin duda, el primer ministro israelí encontró con la comisión una efectiva forma de desmontar los campamentos.

    Huelgas en Oriente. India y China, dos gigantes anticorrupciónEn India es mucho más espiritual hacer huelga de hambre como símbolo de protesta. Un Gobierno corrupto y la estela de Gandhi son los ingredientes necesarios para mostrarse descontento ante la clase política. Anna Hazare decidió dejar de comer sin permiso del Gobierno y eso parece que no está muy bien visto en Nueva Delhi. En solidaridad con el septuagenario, miles de manifestantes acudieron a un parque para mostrarle su apoyo. Al final, unas 1.300 personas fueron detenidas de forma preventiva.

    Hazare se ha erigido como un símbolo, ya que en abril puso en jaque al Gobierno indio con un ayuno que duró cinco días, hasta que el Ejecutivo cedió a sus demandas y aceptó negociar con la sociedad civil una nueva legislación para combatir las prácticas corruptas.

    Una estela que han seguido desde China, donde los disturbios se suceden también por la corrupción y el abuso de poder en ciudades como Pekín. En la capital se han sucedido concentraciones de hasta 100.000 personas que siguen el modelo de las revueltas árabes.

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