Sarah Palin ha vuelto a la política activa y lo ha hecho como un auténtico terremoto con epicentro en Nashville, Tennessee. La ex gobernadora de Alaska cerró ayer la Primera Convención Nacional del movimiento ciudadano Tea Party llamando a la revuelta política y social contra el gasto público, las reformas innecesarias y la pérdida de las libertades individuales provocadas por la Administración demócrata. “La agenda de Obama, Reid y Pelosi harán una América menos segura, más adeudada y bajo la bota de su Gobierno”, aseguró Palin, que sólo necesitó 40 minutos para armar una revolución.
Al igual que sucediera en 1773, en el denominado Boston Tea Party, cuando Samuel Adams lideró a un grupo de colonos en un motín contra la tiranía del Imperio Británico, en lo que supuso el primer paso de la independencia de los territorios americanos, Sarah Palin se ha erigido en la cabecilla no oficial del nuevo movimiento político que pretende alejar a Obama de la Casa Blanca. La ex candidata republicana arengó a los más de 1.100 entregados simpatizantes que asistieron a su discurso con el grito: “Estados Unidos está listo para otra revolución”.
Con voz firme, Palin no dudó en arremeter contra Barack Obama, un presidente que, según aseguró cada vez que sale del país pide perdón en su nombre o que ha permitido a un terrorista identificado subir a un avión con destino a Estados Unidos.
La ex gobernadora lo calificó de ser un presidente débil en la lucha contra el terrorismo y aseguró: “Para ganar esa guerra, necesitamos un comandante en jefe, no un catedrático en Derecho”. La representante republicana ofreció al auditorio justo lo que quería oír y los aplausos y los gritos de apoyo no dejaron de sonar al final de cada una de sus frases.
La hora del ‘Tea’
Con su presencia en la convención, Palin se ha convertido en la guía espiritual del Tea Party, un colectivo de ciudadanos sin ideología política definida que los analistas sitúan a la derecha del partido republicano. “Viviré y moriré por la gente de América. Y este partido, el Tea Party, será el futuro de la política del país”, aseguró. Para la mayoría de los asistentes Palin es la candidata perfecta para vencer a Obama en las elecciones presidenciales de 2012.
De hecho, una comunidad on line llamada Team Sarah ha conseguido que más de 76.000 votantes republicanos se den de alta para pedir que se presente como candidata. Sin embargo, ella se ha negado a confirmar todavía si participará en esas elecciones o no, aunque sí dejó claro que apoyará a cualquier candidato republicano “que entienda los principios del libre mercado y de la responsabilidad personal”.
En menos de un año, el Tea Party, que nació de manera espontánea, ha crecido en importancia con cada una de las movilizaciones que ha realizado. Tanto republicanos como demócratas siguen con interés a un movimiento considerado como el germen de una tercera fuerza que podría llegar a la política estadounidense en un futuro próximo.
Entre sus mentores se encuentra también el ex congresista Paul Tancredo, quien en su discurso inaugural en la convención criticó el multiculturalismo y aseguró que Obama había llegado al poder únicamente porque en este país votaba gente que ni siquiera sabía escribir la palabra “votar”. Este movimiento de base de tendencia conservadora conformado por centenares de organizaciones surgido en el último año ha adoptado a Palin como líder oficioso. Ella prefiere que su figura permanezca en un segundo plano para no frenar el crecimiento del Tea Party: “Soy una gran seguidora de este movimiento y creo en él. Es un movimiento de la gente. Este país necesita mucho más que un político carismático frente a un teleprompter”, aseguró en clara referencia a Barack Obama.
También aprovechó para recordarle a su partido que lo más inteligente sería tratar de aprovecharse de la fuerza del Tea Party, como sucedió en la dolorosa derrota demócrata de Massachusetts, el primer gran varapalo político de Obama y una muestra del hastío de la población.
Antes de terminar, espoleada por los cánticos de “USA, USA!” que se escucharon durante toda la tarde en Nashville, Palin dedicó un minuto a la memoria de Ronald Reagan en el día que se celebraba el 99 aniversario de su nacimiento.
Tras la pausa, la ex gobernadora volvió a la carga: “Ya está bien de hablar por hablar; ha llegado el momento de adoptar soluciones y pasar a la acción”, clamó, a lo que sus seguidores del Tea Party respondieron con un sonoro “Sarah Presidenta”. La revolución está en marcha.
La otra opción republicana
Apenas han pasado dos días desde que se incorporó a su nuevo puesto de trabajo y Scott Brown ya ha demostrado que no se lo pondrá nada fácil a Barack Obama. El recién elegido senador por Massachusetts ha decidido marcar territorio desde el principio.
En su discurso de aceptación se atrevió a poner en entredicho el plan de estímulo ideado por Washington contra la crisis. Brown ha dejado claro desde el principio que se opone a la política económica del Gobierno ya que, según él, ha invertido 862.000 millones de dólares y no ha creado ningún puesto de trabajo. Brown llega cargado de energía. A la agenda del presidente Obama le ha salido un enorme contratiempo. Aún no se conocen personalmente, pero ya saltan chispas entre ellos.
La puesta en escena del nuevo senador ha levantado el ánimo en las filas republicanas. Sus miembros esperan que el efecto Brown se prolongue hasta las elecciones del próximo mes de noviembre, en las que se renovará a un tercio del senado y a la totalidad de la Cámara de Representantes. Por contra, los demócratas empiezan a temer cada vez más esa fecha, sobre todo después del denominado Milagro de Massachusetts, protagonizado por Brown el pasado 19 de enero. La gesta tuvo un doble premio.
Por un lado, acabó con la supermayoría demócrata en el Senado y por otra, los derrotó en su propio territorio, el que fuera bastión de Ted Kennedy desde 1962. Por ello, muchos republicanos ven en él el rival perfecto para contrarrestar el tirón popular de Obama, con el que guarda numerosas similitudes. Ambos eran políticos prácticamente desconocidos, pero su atractivo y su facilidad para conectar con los votantes les han llevado a sonoras victorias. Uno de los que apuesta por Brown es Mitt Romney, gobernador de Massachusetts entre 2003 y 2007 y una de las voces más respetadas del partido republicano. Romney no dudó en calificar su victoria de monumental y épica.
Durante la campaña, Brown consiguió ganarse la simpatía de sus seguidores con su naturalidad y un saludo de lo más simple: “Soy Scott Brown, soy de Wrentham y conduzco un camión. Seré vuestro senador”. Sin embargo, tardó algo más en convencer a los primeros espadas del partido republicano. Sus discursos, su talento al hablar, pero sobre todo, su seguridad, acabaron por seducir a quienes en un principio no creían demasiado por el joven y casi desconocido político de Massachusetts. Sólo existe un pequeño recelo: su promesa de independencia.
Desde su elección, Brown no se ha cansado de asegurar que es republicano, pero “un republicano de Scott Brown”. Aunque no parece suficiente inconveniente para que, ahora que es perseguido por las televisiones y que tiene su foto en las portadas de todas las revistas, todos apuestan por él.
El recién nombrado senador no ha dudado en aprovechar esta popularidad para poner en aprietos al presidente Obama desde el primer día que ha ocupado su sillón. Además de rechazar el programa económico de la Casa Blanca, ha pedido una rebaja en los impuestos porque, según Brown, “todo el mundo necesita una ayuda inmediata”. Su siguiente caballo de batalla será la reforma sanitaria. Con la pérdida de la supermayoría demócrata en el Senado, el plan ideado Obama podría verse bloqueado por Brown. Durante toda la campaña dejó claro su intención de convertirse en “el voto 41” en contra de la reforma, ya que considera que endeudará al país aún más, y apuesta por crear nuevos debates sobre la medida en lugar de estancarse en discusiones separadas en el Senado y el Congreso.
Más allá de su meritoria victoria de Massachusetts, su influencia ha llegado hasta tal punto que el termómetro político por excelencia, el programa humorístico Saturday Night Live, le ha dedicado varios sketchs en los que lo retrata como la gran esperanza de los republicanos y la pasión oculta de los demócratas. El más celebrado muestra cómo la Presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, y el líder demócrata del Senado, Harry Reid, sucumben ante los encantos de Scott Brown y sus guiños.
De hecho, por si sus méritos políticos no fueran suficientes, su atractivo le ha allanado el camino. En 1982, la revista Cosmopolitan le declaró el hombre más sexy de América a la tierna edad de 22 años. Ganó 1.000 dólares, que no dudó en invertir en su carrera. Hoy, la mayor parte de las madres estadounidenses lo consideran el padre ideal. En menos de un mes el efecto Brown se ha disparado de tal manera que no hay día que no tenga que responder a la pregunta de si será el candidato de su partido en las próximas elecciones presidenciales de 2012. Los republicanos ya sueñan con cambiar el Yes we can (“podemos”) de Obama por el We did it (“lo conseguimos”) que acuñó Brown. Él, de momento, guarda un silencio cómplice.
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