PUBLICIDAD
Tanya Rosenblit quiso sentarse en la parte delantera de un autobús público y un judío ultraortodoxo se lo quiso impedir. Resistió y ganó. Su caso no es el único.
A mediados del pasado diciembre, Tanya Rosenblit, productora en el canal televisivo Jewish News One, se dirigía desde Ashod a Jerusalén para incorporarse a su puesto de trabajo. Lo hacía en un autobús de la línea 451, que atraviesa el barrio ultraortodoxo de Mea Sharim. Se sentó en la parte delantera. Esto último resultó intolerable para otro pasajero, un habitante del barrio. Como todos los de su grupo, piensa que las mujeres han de instalarse en la parte trasera. Sin mezclarse con ellos.
Como Rosenblit no quería moverse, el ultraortodoxo -también se les conoce como haredims-, ni corto ni perezoso, se puso en la puerta del autobús durante media hora -lo que significaba impedir su salida- hasta que el conductor ordenase a Rosenblit cambiarse de sitio. La joven seguía sin ceder. Entonces, una docena de haredims empezó a increparla. Tampoco cedió. Y ganó.
Desde ese día, muchos israelíes la tienen como una nueva Rosa Parks, aquella mujer negra estadounidense que, en 1956, se negó a levantarse de su asiento para cederlo a un blanco, tal y como mandaban las leyes de segregación aún vigentes en buena parte de Estados Unidos.
Traje ‘indecente’
En declaraciones a ALBA, Rosenblit rechaza la comparación con Parks porque “ella vivía en un país en el que el racismo era la ley y luchó por sus derechos; el Israel de 2012 es un país democrático y liberal, donde cada uno elige qué vida lleva, cómo se viste y dónde se sienta”. Según Rosenblit, el problema está “en algunos extremistas que piensan que existe una sola verdad y que es su obligación imponerla al resto”.
Rosenblit no fue la única que se ha visto en esa tesitura en fechas recientes. Poco después del incidente del 451, una soldado -de nombre Doron Matlon- que quiso emularla también fue injuriada. Y algo más: uno de sus agresores fue arrestado e imputado por acoso sexual. Aun así, no fue el caso más grave. Este lo protagonizó, obviamente en contra de su voluntad, una niña de 8 años: Naama Margolis.
Mientras iba a la escuela, fue tratada de prostituta y recibió un aluvión de escupitajos. ¿Su crimen? Llevaba un traje ‘indecente’ y está matriculada en un centro cuyo cierre los ultraortodoxos exigen desde hace tiempo. El centro está ubicado en Beït Shemesh, un municipio del extrarradio de Jerusalén de estatus mixto, es decir, en el que los haredims conviven con los laicos.
Conciertos prohibidos
Hasta hace poco, este tipo de convivencia -vigente desde la fundación de Israel en 1948- ha sido más o menos apacible. Pero desde hace ya un tiempo, se está deteriorando y está empezando a erosionar la hasta ahora envidiable cohesión social del Estado judío. La situación permanente de tensión bélica no ha impedido que las históricas diferencias del binomio laicos-ultraortodoxos hayan aflorado últimamente con especial vehemencia.
Los ultraortodoxos, aunque menos numerosos, están mejor organizados y demuestran ser especialmente hábiles a la hora de amplificar sus reivindicaciones. Estas han traspasado las fronteras de su feudo de Mea Sharim: su presión ha conseguido que algunos rabinos prohíban a sus fieles asistir a conciertos en caso de que hubiera mujeres soldado presentes en el coro.
Se trata de un salto cualitativo importante, pues significa cuestionar la integración de las mujeres en el Ejército: Israel es unos de los pocos países del mundo en que el servicio militar es obligatorio para ambos sexos.
A casos como este se le añaden otros como la prohibición para las mujeres de pronunciar elogios fúnebres en los cementerios. Algunas, incluso, han visto cómo se les denegaba el acceso a colegios electorales. O cómo tenían que llevar ropa ‘decente’ para entrar en hospitales situados en barrios ultraortodoxos.
Obviamente, el bando laico -representa al 90 % de la población- ya ha empezado a movilizarse. Sus argumentos no destacan por su originalidad -libertad, tolerancia, modernidad-, pero ya es todo un acontecimiento que tengan que salir públicamente a defenderlos ante el acoso de quienes representan solo al 10 % de los ciudadanos.
Obviamente, los judíos más recalcitrantes no quieren perder la voz cantante. Para ello, están dispuestos a todo, incluso a lo más infame. Según consta en un reciente reportaje del semanario francés Marianne, para denunciar lo que ellos creen que es una persecución laica, varios jóvenes ultraortodoxos se subieron a un camión, vistiendo el uniforme de rayas de los deportados de los campos de concentración. Con estrella amarilla incluida.
TEMAS RELACIONADOS: InternacionalisraeljudiosTanya rosenblitultraortodoxo
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
3 Comentarios
El noble y bravo pueblo judio debe poner en sus sitio a los ultraortodoxos.estos últimos son los responsables de buena parte de la mala fama que arrastran en el resto del mundo¡Hay que meterles en cintura por las buenas o por las malas!
El pueblo judio ni es noble, ni es bravo.
.
No se puede interpretar a Straus ni a otros compositores alemanes, pues entre los propios músicos se lían a mamporrazos. Y la presencia ultraortodoxa ha llegado a actos de terrorismo contra su propio ejército.
.
Los ultraortodoxos son como los nazionalistas en España: tienen hiperrepresentación y ante una falta de mayoría absoluta, avanzan e imponen sus criterios a la sociedad. Los colonos de los territorios ocupados a Jordania son ultraortodoxos y es crimen de guerra según el 3º Convenio Internacional de Ginebra.
.
En sábado no se puede hacer nada; y como te pillen limpiando el parabrisas de tu coche, te juegas algo más que un reproche. Están exentos del servicio militar, y no contribuyen a la economía; son como unos becados en un país donde hay mucha carestía que están poniendo en peligro la existencia misma del estado sionista.
.
Pero el partido laborista es como el psoe, y está en crisis, y la derecha la única forma que tiene de gobernar es gracias a los partidos ultraortodoxos, y de ahí tanta concesión y que al día de hoy haya esas contradicciones en Israel.
que esperais de los judios.
Para comentar debes registrarte
Si quieres entrar en el debate debes estar registrado en nuestra comunidad.
Si ya lo estás, debes iniciar sesión.
Si aún no lo estás, regístrate aquí.
Recuerda que tu comentario puede ser votado por el resto de los usuarios que estén registrados.
Revisa nuestras normas de conducta si no quieres que tu comentario sea moderado. Acceder al manual.
Sepa más sobre nuestra política.