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    El Papa ha dedicado su último discurso a los derechos de la infancia. / AFP

    El Papa condena la pedofilia de algunos sacerdotes

    08 FEB 2010 | Paloma Gómez Borrero.

    Defiende los derechos de la infancia y la familia tradicional como un bien social. El Pontífice recibe el lunes próximo en audiencia a los obispos irlandeses tras el escándalo.

  • Roma. “La Iglesia, a lo largo de los siglos, siguiendo el ejemplo de Cristo, ha promovido la tutela de la dignidad y de los derechos de los menores. Desgraciadamente, en diversos casos, algunos de sus miembros, actuando en contra de estos compromisos, han violado tales derechos con una conducta que la Iglesia no deja y no dejará de deplorar y condenar”.

    Así de enérgica fue la condena del Papa Benedicto XVI a los obispos pedófilos. La próxima semana, Benedicto XVI recibirá en audiencia a los obispos irlandeses después del escándalo de los casos de pedofilia que han convulsionado a la Iglesia de esa nación.

    En el Vaticano se rumorea que, el Miércoles de Ceniza, en las diócesis que sufren el trauma se haga pública la carta que el Papa ha escrito a los católicos de Irlanda. El discurso de ayer del Papa a la asamblea plenaria del Pontificio Consejo para la Familia se considera un anticipo del contenido de ese mensaje a los fieles. A los miembros de la XlX Asamblea del Dicasterio Vaticano, presidida por el cardenal Prefecto Ennio Antonelli, Benedicto XVI les dirigió un largo discurso en el que condenó sin medias tintas a todos aquéllos que cometen abusos sexuales contra los menores, pero, sobre todo, a los hombres de la Iglesia que se manchan con este pecado.

    “La Iglesia promueve la tutela de la dignidad y de los derechos de los pequeños”, afirmó el Papa, que añadió que “desgraciadamente, en diversos casos, algunos de sus miembros han violado tales derechos”.

    Asimismo, afirmó de manera tajante y clara: “Una conducta que la Iglesia no deja ni dejará de deplorar y condenar” porque la “ternura y las palabras de Cristo, que consideró a los niños un modelo para entrar en el reino de Dios, han constituido un llamamiento constante para dedicarles cuidados y respeto”.

    En este sentido, recordó el juicio de Jesús sobre quien escandaliza a uno de estos pequeños al señalar que “las palabras de Cristo nos empeñan a todos a no olvidarlas jamás” y a “no bajar el nivel de tal respeto y amor”. Otro de los pasajes del discurso afrontó el tema específico del matrimonio y de los hijos. No descubrió conceptos nuevos, pero sí quiso reafirmar el valor fundamental de la familia tradicional para la Iglesia y la sociedad, dentro de lo que llamó “el proyecto de la familia como objeto de evangelización”, que engloba no sólo los distintos campos de la pastoral, sino también otras iniciativas que pongan “en evidencia, ante la opinión pública, los beneficios que la familia reporta a la sociedad, a su cohesión y desarrollo”.

    Entre las ideas, el Papa elogió el Vademecum, una especie de Carta Magna para la preparación del matrimonio, que el Pontificio Consejo está elaborando y que Juan Pablo II ya afirmó que, “más que nunca, hoy se hace necesario”.

    El documento delineará tres etapas del itinerario para la formación y la respuesta a la vocación conyugal: jóvenes, momento del noviazgo y preparación al sacramento matrimonial.

    El tema de la asamblea era el de los derechos de la infancia en referencia al XX aniversario de la Convención de la ONU del 1989, y fue a los pequeños a los que Benedicto XVI dedicó una gran parte de su alocución, también la mas poética y profunda.

    El Papa exhorta a amar a los niños, que desean, precisamente, ser amados por un padre y una madre que, a su vez, se amen, y necesitan vivir y crecer con los dos porque, escribe textualmente El Papa, “las figuras materna y paterna son complementarias en la educación de los hijos y en la construcción de su personalidad e identidad", por lo que pide “hacer todo lo posible para que crezcan en una familia unida y estable", a la vez que invita a los cónyuges a no perder de vista las razones profundas y la sacramentalidad del pacto conyugal, a vincularlo con el diálogo constante, la acogida recíproca y el mutuo perdón”.

    Todo ello sirve, según el Sumo Pontífice, para promover el auténtico bien de los niños: sus derechos. Al defender la familia tradicional y la tutela de los niños, el Papa pone en guardia de lo que puede dañar el equilibrio, la felicidad y el bien de los pequeños y evidencia la importancia de un ambiente familiar en el que reine la serenidad y el amor porque “la separación de los padres y, en particular, con el divorcio", precisa, "provocan en los niños sufrimiento y consecuencias dolorosas".

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