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    Bebiendo vino

    Alcohol y/o drogas suponen inseguridad vial

    19 SEP 2010

    En los análisis realizados tras los fallecimientos un tercio de las víctimas mortales de tráfico dan altos niveles de alcohol. El alcohol y las drogas elevan el riesgo de sufrir accidentes graves. Los controles de alcoholemia necesitan una frecuencia alta.

  • La seguridad vial en Espa­ña tiene una asignatura pendiente en cuestión de alcohol, drogas y conduc­ción. Los datos confirman que el riesgo de sufrir acci­dentes de tráfico, asociados al consumo de dichas sus­tancias, es muy alto, pero también hay otras cuestio­nes que son importantes. Nuestra sección de pregun­tas y respuestas está hoy dedicada a este tema.

    1. ¿Cómo afectan el alco­hol y las drogas a la con­ducción

    -En general, el consumo de alcohol y drogas aumenta notablemente el riesgo de verse involucrado en un accidente. Respecto a las drogas, los efectos son variados y dependen del tipo, así como de la canti­dad ingerida, aunque se puede afirmar que en todos los casos afectan al estado de ánimo (aumento de la disposición a correr riesgos, depresión, agresividad…), e inducen a un comporta­miento inconsistente y peli­groso en la conducción. Además, el alcohol puede hacer que se confundan y modifiquen bastante todas las percepciones sensoria­les provocando problemas de captación, interpreta­ción y reconocimiento correcto de señales u otros vehículos. Por otra parte, el alcohol, como depresor, tiene sus efectos en la fatiga muscular y sensorial haciendo que sea mayor de lo normal, y dando lugar a una disminución de la aler­ta y la vigilia.

    2. ¿Hay relación directa entre efecto y nivel de ingesta?

    -En el caso del alcohol, el efecto está relacionado. Así, con niveles de 0,5 a 1 gr/l de alcohol en la sangre se produce una disminu­ción de la atención, de la capacidad de tomar deci­siones racionales, así como de la paciencia, y un aumento del tiempo de reacción. Para niveles entre 1 y 1,2 gr/l, se obser­va un aumento dramático del tiempo de reacción, reducción de la capacidad de visión, pérdida de equi­librio y del control de movimientos.

    Por todo ello, la proba­bilidad de verse involucra­do en un accidente aumen­ta de manera “ligera” hasta un nivel de 0,3 gr/l (que es el límite legalmente esta­blecido en España). A par­tir de ahí, el incremento de la peligrosidad es “expo­nencial”: con 0,7 gr/l, el riesgo de sufrir una acci­dente de tráfico es más del doble que sin alcohol; con 1 gr/l este riesgo es cinco veces mayor. En el caso particular de los motoris­tas, 0,5 gr/l de alcohol en la sangre suponen que el riesgo de sufrir un acci­dente es 40 veces mayor que sin alcohol.

    3. ¿Podemos decir que “alcohol y drogas” son fac­tores concurrentes, a tener en cuenta, en los acciden­tes de tráfico en España?

    -Entre 2003 y 2008, el número de positivos en controles de alcoholemia ha bajado del 4,2% al 1,8%; sin embargo, la tasa de positivos (analizadas mediante autopsia) en las víctimas mortales de acci­dentes de tráfico, sólo ha bajado del 37% al 31%. O lo que es lo mismo, en 2008, casi un tercio de las perso­nas fallecidas en accidente de tráfico superaba los límites legales de alcohol. Además, en 2008, el total de positivos entre alcohol, drogas y psicofármacos de las víctimas mortales alcanzó el 40%; de ellos el 27% había consumido algún tipo de droga (sobre todo cocaína). En conse­cuencia, no parece arries­gado afirmar que alcohol y drogas, por separado o en combinación, son factores concurrentes en la sinies­tralidad vial en España, que se muestran lo sufi­cientemente relevantes como para buscar una solu­ción urgente y duradera a este problema.

    4. ¿Son efectivas, desde un punto de vista preven­tivo y de concienciación, las campañas de control de alcoholemia?

    -Las campañas de control –ya sean aleatorias o se anuncien conveniente­mente–, por sí solas y como medida exclusiva para reducir la siniestralidad vial, no son efectivas. Así lo demuestra el elevado número de positivos (más del 30%) que se obtiene al realizar la autopsia a los conductores fallecidos en accidente de tráfico. Sin embargo, los controles cuando se llevan acabo de manera efectiva y se com­binan con campañas divulgativas –sostenidas en el tiempo– de sensibili­zación son, hoy por hoy, la manera más efectiva de combatir el problema de la conducción bajo los efec­tos del alcohol. En apoyo de lo anterior, además, desde el punto de vista téc­nico, existe tecnología que puede exigirse a los con­ductores reincidentes en este tipo de falta –por ejemplo, la solución cono­cida como “Alcolock”–.

    Por su parte, los contro­les de alcoholemia, para que sean eficaces han de llevarse a cabo con una frecuencia alta: hay que trasladar al conductor la sensación de que “puede ser cazado”; a juicio de los expertos, mantener esta sensación es mucho más eficaz, desde el punto de vista preventivo, que aumentar (desmesurada­mente) el castigo.

    5. ¿Hay otros factores que influyen en el riesgo de accidentes entre los los jóvenes, asociados al consumo de alcohol y drogas?

    Hay otras circunstancias frecuentes que incremen­tan ese riesgo: la poca experiencia en la conduc­ción; la conducta desinhi­bida y el desconocimiento de ciertos datos importan­tes, como que un “cubata” o una lata de cerveza es suficiente para alcanzar una alcoholemia de 0.3 g/l, que el alcohol se absorbe por el tracto gastrointesti­nal y su absorción es más rápida con el estomago vacío y se retrasa con la presencia de alimentos, que la concentración de alcohol en sangre está en relación directa con la can­tidad de alcohol consumi­do, que el peso, la constitu­ción de las personas (canti­dad de grasa), y el sexo, son factores que influyen en la concentración de alcohol en sangre, alcanzada tras la ingesta del mismo, que las mujeres alcanzan mayo­res niveles de alcohol en sangre que los hombres a igual peso y cantidad de alcohol consumido, que el alcohol también es una droga, si entendemos por droga cualquier sustancia que introducida en el orga­nismo produce cambios a nivel del sistema nervioso y es susceptible de provo­car tolerancia, dependen­cia y síndrome de abstinen­cia; el alcohol responde cla­ramente a esta definición.
     

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