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La acción de los agentes de la Agrupación de la Guardia Civil de Tráfico es vital para la seguridad vial, pero no por las sanciones, que sólo son una parte de su función, sino por todas aquellas labores que realizan relacionadas con el tráfico.
Hemos hablado con José Antonio Agudo, secretario de organización de la Junta Directiva Nacional de la AUGC.
-¿Cuál es la labor de los agentes de tráfico?
-La Agrupación de Tráfico es una especialidad de la Guardia Civil dedicada específicamente al tráfico, fundamental para que todo el engranaje del sistema funcione. Dentro de la seguridad vial, nuestra función tiene varias facetas: la coercitiva, hacer cumplir la ley y denunciar a quienes la incumplan. Otra no menos importante, quizás más, es la prevención, y se está demostrando que nuestra presencia en la carretera disminuye los accidentes; el auxilio al ciudadano, por problemas con su vehículo o porque haya que atender un accidente y la vigilancia del transporte especial de viajeros y mercancías.
-¿El usuario percibe el alcance de su labor?
-El usuario distingue muy bien la parte política del asunto y la parte activa, a pie de carretera, que somos los guardias civiles. Nosotros, respecto a nuestro trabajo, no percibimos que el ciudadano nos valore mal, sino muy positivamente. Ahora bien, la forma de actuar de la Administración hace que muchas veces no se entienda cuál es el fin; sobre todo, estoy hablando de las multas. No se ve claramente que el fin sea la seguridad vial. En ocasiones parece que sólo se trata de recaudar. Y eso es un peligro, porque para que todo funcione es necesario que el ciudadano crea en el sistema y si el sistema le está diciendo que, lejos de interesarse por la seguridad vial, se interesa en exceso por la recaudación, se genera una pérdida de credibilidad.
-¿Qué es lo que mina más esa credibilidad?
-El mayor problema, lo más negativo, en mi opinión, es la ubicación de los radares fijos. Hay varios estudios y datos objetivos que indican que los radares están ubicados en lugares de baja o nula accidentalidad. Si ponemos un radar en un lugar donde el ciudadano percibe que está instalado no por lo peligroso, sino con el fin de “cazar al automovilista”, por decirlo así, se produce una quiebra de la confianza en el sistema que es contraproducente. El ciudadano tiene que saber, que percibir, que todo está construido para su seguridad, no para tocar su bolsillo.
-¿Qué se debería hacer para dar confianza?
-Los radares, que son costosos, pero se sufragan rápido, deberían ubicarse en lugares de verdad peligrosos. Está demostrado que cuando un radar se pone bien, en un sitio con muchos accidentes, éstos descienden. España tiene un nivel inferior de radares al de otros países europeos. Holanda tiene 2.000 radares fijos; Reino Unido, 7.000; Francia, 2.000. España no tiene muchos radares, pero tiene muchos mal ubicados. Hay que reubicarlos bien. Y, además, para aumentar la confianza del ciudadano se debe invertir en seguridad vial. También se necesita una mejora de las infraestructuras. Una de las promesas electorales del Gobierno, en 2004, era la eliminación de los tramos de concentración de accidentes (TCA). Lo han incumplido y no lo van a poder cumplir por la crisis; el propio director de DGT ha dicho que no se va a poder hacer.
-¿Sería bueno que la Guardia Civil hiciera informes sobre el estado de las carreteras?
-Sería muy positivo y, de hecho, se hacen. Otra cosa es que nos hagan caso. Nadie conoce mejor cada bache, cada curva de la carretera, que quienes trabajamos día a día por ellas. Nos da mucha rabia que no se nos tenga en cuenta. También se nos debería tener en cuenta para el codificado de las sanciones. Existe una desproporción, en nuestra opinión, entre la cuantía de las multas y su peligrosidad.
-¿Qué piensa de la educación vial?
-La educación infantil es la mejor fórmula para, a la larga, tener una buena seguridad vial. Las promesas electorales tampoco se han cumplido en este caso, porque han olvidado que la educación vial debe ser una asignatura. Varios países europeos lo han hecho y los resultados son muy buenos. El ciudadano tiene que aprender y debe cumplir las normas por conciencia, no por miedo. En España se ha olvidado potenciar más la educación vial desde la infancia. Y también la de los agentes de tráfico, porque no sólo hay que poner una multa, sino explicar el porqué y, así, formar al ciudadano; pero a nosotros nunca se nos potencia esa faceta. A veces, es mejor perdonar una infracción, si no es muy grave, a cambio de hablar y explicarle al ciudadano lo que ha hecho mal y los riesgos.
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