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Late en España un sentimiento de emoción y admiración hacia la Selección nacional, que acaba, por primera vez en su historia, de ganar el Campeonato Mundial de Fútbol celebrado en Sudáfrica.
Arturo Moreno Garcerán.- Sudáfrica fue escenario en 1995 de la Copa de Rugby donde se demostró que el deporte es un poderoso instrumento de movilización de masas, de unir a la gente y también de agudizar las percepciones políticas. John Carlin lo relata en su libro El factor humano, (en el cine Invictus). Mandela, después de 23 años en prisión supo dirigir la sinfonía de la fraternidad necesaria para obtener sus elevados objetivos políticos. Se propuso conquistar a sus enemigos, a los afrikáneres, venció incomprensiones y resentimientos viscerales uniendo al país, reconciliando a blancos y a negros, señalando cuál era el camino del futuro. Solo con el capitán de los Springboks, François Pienaar y el manager del equipo Morné du Plessis, dos afrikáneres, empezó a edificar el sueño político.
En España no hay Mandelas, y las suspicacias, los recelos, los prejuicios políticos y el peso del tribalismo, encizañan y ensañan la política española. Por ello, es difícil pensar que desde el ámbito político se pueda articular ex -post una operación de esa dimensión adaptada a la realidad española. Pero uno tiene la sensación de que lo que parecían barreras políticas infranqueables, como la sombra inquietante de los particularismos radicales sobre la nación española, aparecen hoy diluidos por un sentimiento hondo, espontáneo, independiente y honorable que nace en las entrañas de nuestro pueblo, compuesto por la suma y la aportación de cada uno de los españoles.
Esta identificación de los españoles con su Selección ha sido un movimiento gestado de abajo a arriba, fundamentado en una energía positiva, optimista y limpia. Un movimiento de naturaleza sencilla y voluntaria, nacido desde los nobles sentimientos de un país que está sufriendo lo indecible y que necesitaba ver renacer la esperanza. La fortaleza de ese sentimiento crea vínculos de sangre, ha unido corazones y ahora, debería resistir a la manipulación política partidista y, sin embargo, su potencia y empuje debería ser empleado en beneficio de la nación de todos. La defensa de la nación española en la Guerra de la Independencia también nació desde la base del pueblo español.
El entrenador Vicente del Bosque, infravalorado por algunos por no ser mediático ni glamuroso, se ha revelado como el hombre capaz de sacar de los jugadores lo mejor de ellos mismos, sin altanerías ni autoritarismos frustrantes, sino desde el respeto mutuo, la sobriedad, la comprensión, la discreción, el compromiso y el ejemplo. Ese liderazgo compartido, justo, dialogante y transformador se ha mostrado como el más eficaz método para obtener el mejor resultado y mantener la consideración y el aprecio de los jugadores antes, durante y después del mundial. El capitán Casillas, decisivo en este campeonato, se refería a él en Madrid, en los actos de la celebración de la victoria como “la bondad en persona, el hombre correcto, la persona que nos ha hecho llegar hasta aquí”.
Los jugadores han sido, una suma de cualidades y esfuerzos individuales, donados sin reserva al equipo, al interés del conjunto. Todos y cada uno de los seleccionados presentes en este campeonato se lo merecían por sus méritos propios. Son los mejores, los capaces de ganar el sueño colectivo. Fueron llamados para formar parte de la Selección, su convocatoria no se decidió ni por presiones, ni por favoritismos, ni por recomendaciones, ni por influencia de grupos de poder, ni por filias ni fobias, sino simplemente se lo ganaron en el terreno de juego, con su buen hacer y sus valores personales y deportivos. Detrás de cada uno de ellos, indudablemente con habilidades innatas, hay una historia de sacrificio, de sufrimiento, de entrega, de superación, de convicción, de nobleza, de esfuerzo descomunal, de aplomo, de juego limpio, de compañerismo, de perseverancia discreta y de una fe inamovible en la victoria. Estos son algunos de los principios del triunfo. De un triunfo que ha devuelto a España, esta vez de forma extremadamente positiva el protagonismo a nivel mundial, y esto tiene un valor económico incalculable. Han demostrado, el entrenador Del Bosque, el capitán Casillas y cada uno de los jugadores que merece la pena ser así.
Queda ahora en la sociedad española un sincero sentimiento patriótico, veo a mi hijo Mateo de 10 años cantar “yo soy español, español, español”, en su primer sentimiento de lo que significa pertenecer a España. Por fin, vemos un uso orgulloso y masivo de la bandera española, un espíritu de unión y fraternidad entre todos los españoles, una lección de que podemos hacer lo que nos propongamos si trabajamos, un áurea de respeto y reconocimiento hacia las personas sencillas, trabajadoras y humildes, una ilusión colectiva arraigada en los corazones de los españoles que nunca olvidaremos, una estela de veracidad y no de impostura. En fin, un legado de que los sueños son posibles y una esperanza nacional que habrá que conducir con generosidad, altura y persuasión en beneficio de todos los españoles. ¡Dios les bendiga! ¡Dios bendiga siempre a España!
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