A toda España y a todos los partidos les interesa que se realice una reforma financiera
La decisión sobre el momento de un cambio de tercio es parte sustancial del arte de la política. Acertar en los tiempos, detectar la oportunidad de los temas o la intensidad del tono del debate forman parte del sentido político. Existe ya una amplia coincidencia en amplios sectores sociales sobre las carencias y responsabilidades del señor Zapatero y su Gobierno en la gestión de la crisis. Su reiterado y singular planteamiento de escabullirse y escamotear los problemas y, por lo tanto, oxidar las soluciones nos conduce al agravamiento de la situación española, en espera de una inexistente pócima que alivie nuestros males. En este momento, su diseño táctico se basa en confiar en que una leve recuperación económica le permita zafarse de estar en el ojo del huracán del mercado, de las agencias de calificación o de la influyente prensa internacional y le faculte para mantener sus políticas de gasto, sostén de su base política y electoral. En Zapatero prima el electoralismo sobre la política que necesita España.
El diagnóstico nacional e internacional coinciden en que la velocidad de crecimiento de nuestra deuda es insostenible y que si no actuamos estaremos en quiebra. En el periodo 2007-2009, la deuda sobre el PIB se incrementó en 20 puntos, y Standard & Poors la fija en el 80% para el año 2012, dilapidando el esfuerzo nacional de ahorro y austeridad que la había situado en el 2007 en el 36% uno de los mejores datos de la UE. Este endeudamiento público con tendencia a medio plazo a ser más caro, por el ensanchamiento de los spreads de deuda, subida de tipos, etc., unido al endeudamiento privado de familias, empresas y banca al calor del crédito barato e ilimitado hace que la deuda total de la economía se acerque al 400% del PIB, según datos de AFI, y crea dudas sobre su pago sin reducción de gastos ni previsible aumento de los ingresos. Además la deuda externa española equivale al 170% del PIB.
Las cuentas públicas españolas (el presupuesto de 2010 es una triste broma), aparecen condicionadas por ejemplo por el coste del desempleo de 35.000 millones de euros anuales, el incremento de las retribuciones de los funcionarios del 3,5% en 2009 por obra y gracia de la señora Fernández de la Vega –mientras el PIB cayó un 3,6%–, el vertiginoso incremento del coste del estado autonómico o el exponencial aumento de los servicios del estado de Bienestar.
España gasta el doble de lo que ingresa y el renqueante sistema productivo español, que estaba especializado en el cultivo binario de construcción (inmobiliario)–turismo y que llegó a representar pocos años antes de la crisis cerca del 25% del PIB, no va a resucitar súbitamente y no hay sectores económicos que a corto plazo puedan reemplazarlos. En España no se ha hecho una gestión ni prudente ni responsable del dinero público. Ni antes de la crisis, ni durante la crisis. La deuda es el ajuar funerario que aporta el Gobierno de Zapatero al futuro común. De todo ello nos tenemos que liberar los españoles sin caer en tautologías infértiles y afrontando con pragmatismo inteligente el momento político. La oposición debería esforzarse no sólo en contribuir a heredar un país lo menos maltrecho posible, sino en liderar la reacción positiva. A toda España y a todos los partidos les interesa que se garantice el sistema público de pensiones, que la demografía y la crisis económica hacen inviable y las medidas como ampliar el cómputo, retrasar la edad de jubilación o estimular las pensiones complementarias harán más consistente y flexible el sistema.
A toda España y a todos los partidos les interesa que se complete una reforma laboral que incentive la creación de empleo, aumentando la competitividad, o que se afronten nuevas medidas de contratación, que atajen el paro juvenil (40%).
A toda España y a todos los partidos les interesa que se realice una reforma financiera que estabilice y reordene el sector y de confianza de la Economía. España agradecería que partidos, personalidades públicas, medios de comunicación, especialistas reconocidos, contribuyeran a impulsar acuerdos nacionales en estas u otras cuestiones estructurales que benefician a todos y dan estabilidad y seguridad al sistema. Nadie podrá sustituir al Gobierno en el recorte del gasto, aunque sea con la colaboración en un año preelectoral de las comunidades autónomas gobernadas por el PP.
Estamos ante una situación muy difícil que, si empeora por la inacción, podría tener consecuencias para todo el sistema político, incluido el europeo. Sin soluciones, ni salidas políticas, ni Gobiernos responsables, ni acuerdos mínimos, ni buena fe, ni altura de miras, simplemente nos estaríamos resignando a que llegue inapelablemente nuestra hora, porque la realidad no desaparece. La elección del camino de la desesperanza, muchas veces es el preludio de respuestas insospechadas como dijo Gabriel Celaya, los españoles “somos el golpe temible de un corazón no resuelto”. Urge apuntalar la coherencia, acordando propuestas y soluciones sobre temas económicos con otros grupos. No cabe la neutralidad ni el afán contemplativo, cada uno tiene que contribuir con su esfuerzo, generosidad, patriotismo sincero, afán de superación personal y creatividad. Hoy más que nunca es necesaria una cierta unidad nacional. Como dijo Einstein: “Hay una fuerza motriz superior a la del vapor, la energía eléctrica o la atómica: la voluntad humana”.
*Arturo Moreno Garcerán es abogado.
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