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El periodista desvela algunos episodios que forjaron el idilio entre el presidente y el director de 'El Mundo'
En esta página hemos dado buena cuenta de los celos de algunos viejos periodistas del felipismo por el hecho de que José Luis Rodríguez Zapatero le haga más caso a Pedro J. Ramírez que a ellos. El último en unirse a tan selecto club ha sido Carlos Carnicero, que desde que descubrió el poder de su bitácora personal se dedica a segar cabezas desde él. Ya lo hizo con la de su director, Enric Sopena, al que fustigó en sendas ocasiones acusándole de censurar sus columnas. La última traca llegaba el lunes por la tarde y no tenía desperdicio al dejar con el trasero al aire los tejemanejes entre el inquilino de La Moncloa, el director de El Mundo y el susurrador número uno de Zapatero, Miguel Barroso, ex secretario de Estado de Comunicación y marido de la ministra de Defensa, Carmen Chacón.
El antiguo carlistón autogestionario no dejaba títere con cabeza por el hecho de que “el presidente del Gobierno ha terminado en manos de Pedro J. Ramírez”. O al revés. O los dos en manos del otro. Según se mire. A Pedro J. siempre le gustó eso de partir el bacalao en lo bueno y lavarse las manos en las responsabilidades del poder. Las acusaciones de Carnicero iban para todos. A Barroso, por haberse proporcionado, según él, una televisión “a sí mismo” a través de su amigo José Miguel Contreras, consejero delegado de La Sexta. A Ramírez, por haber atado a Barroso dándole trabajo a su ex esposa en Unidad Editorial. A Zapatero, por escuchar al “escorpión” que al final le acabará picando. Y eso que “rara vez toma decisiones importantes sin contrastarlas con el director de El Mundo”. Entre medias, una rocambolesca historia sobre la contratación de Carlos Carnicero para 59 Segundos en la que le chulearon cobrar la misma cantidad que Pedro J.
Por cierto, que el director de El Mundo acostumbraba a “cenar mano a mano con el presidente del Gobierno”, a menudo tras la grabación del programa de debate. Tampoco faltaba el presidente de CRTVE, Luis Fernández, haciendo gestiones para la salida de Público. Ni las acusaciones de grueso calibre. Por ejemplo, que Barroso “utilizaba la dirección de la Casa de América para sus encomiendas políticas y personales por Latinoamérica” o que “los amigos de Barroso y de Fernández siempre están en la ‘pole position’ del poder de Zapatero”.
HUELGA, ¿PARA QUÉ?
Hablando de Zapatero, no se podrá quejar con la huelga general del próximo otoño. El País titulaba en sus páginas interiores recogiendo una frase de Ignacio Fernández Toxo, de Comisiones Obreras, que era toda una declaración de intenciones: “La huelga no está pensada para cambiar la situación política del país”. ¡Ah..., bueno! Entonces alguno podrá respirar con más calma. Por si acaso, la crónica prisaica lo dejaba más claro sobre los líderes de UGT y Comisiones, que “hilaron sus discursos de forma que quedase claro su rechazo a la senda de recortes que ha adoptado el Ejecutivo sin arremeter directamente contra el presidente”.
¿Se acuerdan de aquella canción que decía “Me gusta cuando bala la ovejita...”? Pues eso mismo.
Aunque si lo que querían era ecuanimidad, la dosis la proporcionaba Pedro Calvo Hernando en RNE: “Hay que pedir cuentas al Gobierno y al Partido Popular, que nos puso al borde de ese abismo”. Para éste, pedir cuentas al Gobierno ya es un ejercicio de enorme esfuerzo. Compréndalo.
AZNAR, CÁLLATE
Es lo que le faltó ladrar ayer a los chicos del papel de Prisa, que arremetían contra el ex presidente por “no acertar con el papel institucional, y de pura sensatez democrática, que le corresponde”, por su “desmesura”. El objetivo era ‘picar’ a Mariano Rajoy comparándole con un pelele en manos de José María Aznar. No faltaba ni el consejito de turno: “A lo mejor ganaba algunas décimas si evitara aparecer en público como el empleado del gran patrono. Es una foto que no ayuda, precisamente, a reforzar su imagen de liderazgo”. Y eso lo dicen en el periódico de un grupo donde todos y cada uno de sus empleados, comenzado por su atildado director, pegan un taconazo y se cuadran a la voz de mando de Juan Luis Cebrián.
Hablando de silencios, llamativo el de la breve reseña de ese diario a la entrega de los Premios de la Asociación de la Prensa de Madrid (APM), presidida por Fernando González-Urbaneja, donde El País se calló que tuvo lugar en la madrileña Casa de Correos, sede del Gobierno autonómico, y con la presencia de Esperanza Aguirre, como prueban las fotografías remitidas por el servicio de prensa que capitanea Isabel Gallego. ¿Sería por esto la omisión? ¿O tendría que ver con que González-Urbaneja es padre de César González, director de Informativos de La Sexta y estrecho colaborador del ‘brujo visitador’ Antonio García Ferreras, tan poco apreciado por los de Prisa?
La pregunta, en todo caso, que la responda quien deba. De Público, poca cosa, al margen de Gaspar Llamazares hablando de la ‘estrategia Tarantino’ del PP –él, que lleva camino de acabar, políticamente hablando, como el ‘señor Marrón’ de Pulp Fiction–, y una frase de Joan Garí a la que no le faltaba sentido: “El problema de la incertidumbre es que siempre golpea a los mismos”.
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