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    La Corona que nos conviene
    De domingo a domingo

    La Corona que nos conviene

    11 DIC 2011 | Carlos Dávila

    Y aunque pueda molestar a algunos, vamos a arar con los bueyes que tenemos. Con la menor cantidad de errores posible, sin comidillas de alcoba, ni negocios utilizando tarjetas que puedan comprometer a la Casa Real

  • Eso no tiene duda: los mejores tiempos de nuestra Monarquía han sido aquellos en los que no se ha sabido nada de ella. O casi nada. Escuchándole hace muchos años en Buenos Aires a don Claudio Sánchez Albornoz, historiador hasta cuando se peleaba verduleramente con don Américo Castro, y que fue presidente de la II República en el exilio, recogí de él una de las sentencias más limpias, también más inteligentes, que se puedan haber construido nunca sobre la Monarquía. “Don Claudio –le preguntamos un par de periodistas–, ¿qué es lo mejor que puede hacer la Corona Española?”. Él, sin moverse un milímetro del viejo sillón de orejas en el que despachaba su cuerpo de batín antiguo y zapatillas de andar por casa, nos contestó: “Pues nada, hijos, como dicen en mi tierra: el undécimo, no molestar”.

    ¡Vaya razón que tenía!; cuando se ha sabido demasiado de los protagonistas de la Corona, cuando han molestado, malo: será porque han tenido que parar un golpe de Estado, será porque las bodas de los retoños han parecido más un sarao en el Café de Chinitas que un compromiso Real (así, con mayúsculas y todas las letras), será porque durante muchos años sólo el silencio más o menos responsable ha ocultado algunos desmanes incompatibles con la institución, será porque la Monarquía ha aparecido a veces demasiado complaciente con las fechorías del poder político... será por todo eso y algunos incidentes aún más estropajosos, cada vez que la Corona se ha salido de sus casillas han brotado los republicanos como las amanitas faloides en otoño.

    Molestos recuerdos

    Afirmaba un antiguo responsable de la Casa del Rey (nunca revelaré su puesto) que “esto de la Monarquía es un milagro”. Y lo es, pero hay milagros que para los creyentes resultan auténticos y para los que creen/creemos en la necesidad de la institución, el milagro, pese a todo, debe seguir. Hay que reconocer, sin embargo, que algún insensato ha hecho de todo por reventar el prodigio. Recuerdo a un merodeador real, de otra Monarquía derrocada afortunadamente, que se empeñó –él es un preeminente hombre de negocios más o menos netos– en vender a La Zarzuela una serie de coches blindados cuando estos empezaban a fabricarse. La Casa del Rey de entonces aceptó el convite, uno de los modelos llegó a los montes de El Pardo, y allí un grupo de guardias civiles se dispuso con un armamento que tampoco eran obuses de trepanación a probar la eficacia del carromato. Dispararon y los proyectiles que habían entrado por la puerta de la derecha salieron brillantemente por la de la izquierda. Allí se quedó la presunta estafa.

    Si traigo a colación este recuerdo es porque aquel protagonista forma parte de la colección de ganapanes, caraduras, pelotas y tontos del haba que se han colado tradicionalmente por la puerta del Palacio. Si es verdad que en Madrid todos los días entra un idiota por la Puerta de Toledo, qué les puedo contar de quien se hace invitar a palacios. Ellos, muchos de ellos, han sido responsables de lo que escribía al principio: que se supiera demasiado, y casi siempre todo malo, de la Monarquía. Recuerdo también –y es otra anécdota muy significativa– una cena espléndida en casa de un eminente médico ya muerto.

    A la cena asistía Don Juan de Borbón, Conde de Barcelona, al que muchos de nosotros llamábamos desde pequeños “el Rey”. Pues bien, Don Juan tenía ya la garganta suficientemente rota y de vez en vez, que yo supiera, le acompañaba un especialista –él se hacía denominar foniatra– que traducía libremente las palabras del Rey. Coincidía la cena (quizá no era una coincidencia) con una etapa en la que el Príncipe de Asturias, heredero, como aún ahora, de la Corona, tonteaba con una determinada señorita de opulenta presencia física. A Don Juan aquel flirteo no le gustaba nada porque repetía que los Reyes no estaban “ni para casarse con quien quieran ni con quien pueden”, “sino –recalcaba– con quien deban”. El foniatra, voluntarioso personaje que se afanaba en verter al español inteligible las palabras de su ilustre paciente, tuvo aquella noche una ocurrencia que todos festejamos. Dijo el hombrecillo: “El Señor, como todos ustedes, siempre está a favor de las mujeres bellas”.

    Conceptos erróneos

    Como todas las hipótesis, la de que si Don Juan hubiera vivido los matrimonios de la Casa Real hubieran tenido otro sesgo, es francamente banal. Lo que no se puede comprobar no se discute. Sí hay antecedentes del incontenible contento que existía en la Casa Real cuando, de improviso, se anunció el noviazgo de la Infanta Doña Cristina con el jugador de balonmano Iñaki Urdangarín. “Del Barça, vasco, hijo de un nacionalista... ¡bingo!”. Bueno, pues ahora parece que el bingo no tiene ni una línea limpia.

    La consecuencia más indeseable de esta innegable vulgarización de la Monarquía es que en la propia Casa Real –no sé si en las sucesivas del Rey– y desde luego en casi todo el país se ha instalado la especie, absolutamente errónea, de que “qué pasa, ellos son como nosotros”. Es más: los propios protagonistas han engordado esta afirmación, de una forma –hay que creerlo así– tan consciente como moderna y sin más atención que cumplir con lo que es el desiderátum de las Monarquías actuales: acercarlas al pueblo. El concepto es equivocado por muchas razones, pero con una basta: ellos, los Príncipes, las Infantas, no son como nosotros, como los demás, porque su situación parte de una herencia inaccesible para el resto de los mortales, de un puesto que sólo se justifica por tres razones (las mismas en las que se funda la existencia de la propia institución): el asentamiento dinástico, la eficacia de su misión y la salvaguardia de España.

    Balance positivo

    Y desde este punto de vista, el balance de la Monarquía enfundada ahora en el traje de Don Juan Carlos es positivo, hasta muy positivo podría decirse sin exageración. Con más defectos que un juego de pelota, como así dicen en el Norte, pero positivo. Les remito a dos escenarios: al de un presidente históricamente alternativo de la República, o al mismo presidente que hubiera ocupado esta Magistratura desde la Transición hasta la fecha. ¿O es que aquel presidente de la I República que cogió el tren a París haciendo una butifarra –era catalán– y diciendo a los españoles: “Ahí os quedáis, que no hay quien os soporte” fue mejor que cualquier rey de los finales del XIX, incluido Amadeo de Saboya?; ¿o es que Alcalá-Zamora, del que ahora comenzamos a saber en sus Memorias cuanto de sectario y de transgresor de la democracia hubo en su gobernación, fue mejor que el propio Alfonso XIII?; ¿es que ese verrugoso político e enorme intelectual de apellido Azaña no fue un presidente letal para la propia pervivencia de la institución?; ¿o es que el golpista –sí, golpista– Largo Caballero no aprendió sus más viles métodos como colaborador de Primo de Rivera? ¿Todos esos tipos son los que acreditan el valor superior de la República?

    Y más actualmente, manejen estos nombres: ¿se imaginan al erasmista pandillero de la izquierda Peces-Barba dirigiendo la nueva República?, ¿o al fallecido y pusilánime Ruiz-Giménez en la misma posición? ¿O al separatista Pujol respetando la legalidad española desde la Presidencia de una entidad común? O a cualquier derechista, pongamos por caso Landelino Lavilla, tratando de entenderse en un régimen atosigado hasta la calle con la izquierda. Los de antes fracasaron y los que pudieron ser ahora no tuvieron cuajo nunca ni pudieron imitar, siquiera mínimamente, la eficacia de la institución monárquica.

    Por tanto, y en la seguridad de que a algunos les va a molestar la expresión: vamos a arar con los bueyes que tenemos. Algunos cojitrancos y otros francamente para llevarlos fuera de la borda. Y eso sí: en adelante, la menor cantidad de errores posible: ni departamentos de Comunicación que llevan congénitos los pecados cofrades del socialismo para el que incluso firmaron adhesiones, ni dimes y diretes, ni comidillas de alcoba, ni negocios aprovechando el escudo de la Casa Real, ni otra cosa que no sea estricta ejemplaridad. El que quiera ser como nosotros, que coja el portante y que se venga a la calle. Nosotros los precisamos de otra manera. Y con menos vicios que los nuestros.

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    16 Comentarios

    • KiplingKipling08:41 | 11 de diciembre, 2011

      Me inclino mas hacia una forma de estado presidencialista por una cuestion de libertad, por ello siempre he sido mas juanista que tan mal lo paso en el franquismo y postfranquismo como un preso y perseguido politico, que juancarlista,un oportunista, sin duda ,sobran los motivos

    • JoanotJoanot10:59 | 11 de diciembre, 2011

      la corona no nos conviene. La monarquía es una institución puramente antidemocrática, y más ésta que no ha sido votada por el pueblo...

      Repúblic ya!!!

      Es mejor una república que una monarquía aunque ambas sean corruptas, al menos a unos los puedes echar en unas elecciones democráticas, a los otros no... Además en nuestra carta magna se dice que la persona del rey es inviolable, vamos que está por encima de la ley.

      No, la monarquía no nos conviene.

    • CervantinoCervantino11:22 | 11 de diciembre, 2011

      Sr. Dávila: antes de leer su artículo, he leído:
      http://www.intereconomia.com/noticias-gaceta/politica/mensaje-mas-dificil-rey-20111210
      .
      En ese otro artículo encontrará mis comentarios #2 y #6, en los que me reafirmo y no reproduzco por resultar excesivo. Me alegro que compartamos la misma opinión. Buen y oportuno artículo. Un saludo.

    • AdánAdán11:58 | 11 de diciembre, 2011

      El Rey Alfonso XIII se fue en 1931 sin que nadie se lo pidiera.
      La Institución anacrónica retornó gracias a Franco, pero no el Rey que debiera según el orden sucesorio, fue por capricho de Franco.
      Don Juan Carlos I, se hartó de criticó el franquismo una vez muerto Franco, antes no, por supuesto porque no le convenía, pero no cayendo en la cuenta que si lo anterior a 1975 fue una dictadura, también él provenía de la dictadura, por lo que lo más sensato (correspondiéndole al Duque de Cádiz o a su padre la Corona, ded ninguna de las manera a él), qué menos que hubiera pedido una consulta popular, simplemente si queríamos Monarquía o República, si hubiera salido que Monarquía que los tres candidatos se hubieran puesto de acuerdo en quién iba a ser el Rey y no habiendo acuerdo, pues otro referéndum más. No entiendo por qué tienen tanto miedo a la opinión del pueblo cuando dicen que gobiernan en nuestro nombre. Ésto también va por los políticos, autoproclamados inmunes e inviolables en la Constitución.

    • artetxeartetxe12:35 | 11 de diciembre, 2011

      Comparto al 100% la argumentación de D. Carlos Dávila, que aunque médico, se le nota la vena de gran operiodista e instruído historiador. Pues bien, los que tenemos una cierta cultura histórica, sabemos que las dos Repúblicas que ha habido en España, han sido auténticos desastres. La 1ª de 1873-1874, que duró apenas un año y en cuya presidencia del poder ejecutivo
      se sucedieron, "tan sólo" 4 presidentes: Figueras, Pi y Margall,
      Sameron y Castelar,.... "sucumbió" ante la "anarquía" y la diversidad inconciliable de tendencias políticas, en definitiva, como dice un historiador, "un auténtico manicomio" o el contrapunto de un país medianamente civilizado. Se cayó sóla, aunque el General Pavía disolvió el Congreso..... La 2ª de 1931-
      1936 que preside Alcalá Zamora y es jefe de Gobierno Manuel Azaña, es toda ella una pugna constante entre facciones distintas y ambiciones de poder por parte de socialistas que como Largo Caballero,... revolucionan las masas, que cometen desmanes sin cuento y sin medida, hasta colmar el vaso y provocar la involución militar.... Sus discursos respiran sectarismo: "Quiero decirles a los de derechas que si triunfan, tendremos que ir a la guerra civil declarada". (En Alicante en enero de 1936)o "La democracia es incompatible con el socialismo". (Tambien de Largo Caballero, en Madrid 10 del 2 del 1936).- Cuando la CEDA ganó en 1934, los socialistas no aceptaron los resultados y organizaron un golpe de Estado el 6 de Oct. valíéndose de los mineros de Asturias, el saldo fueron "1330 muertos",... este fue el preludio de la guerra civil.- A quien le guste decir que la República es mejor
      que la monarquía, le digo que la tristísima historia y lo que ha ocurrido con estas dos repúblicas en españa ha sido lo más nefasto y pernicioso. A este respecto tenemos un libro de reciente publicación que se titula "El libro negro de la izquierda española". Escrito por 13 historiadores y periodistas,
      de la iditorial Chrónica,. muy ilustrativo por lo que respecta a la 2ª República

    • Smartass12:37 | 11 de diciembre, 2011

      Bueno dias.
      -Existe una campaña muy activa contra la monarquía, que es una parte mas de la ingenieria social llevada a cabo por el psoe.
      -Dicha campaña,modernamente, y con esta intensidad, se remonta al 2004. El 1º de Mayo de aquel año, se vieron muchísimas mas banderas republicanas en esta conmemoración que en años anteriores.
      -En provincias periféricas hubo numerosas quemadas de retratos del Rey.
      -La clave está en que el Rey, según la Constitución es el jefe supremo de las Fuerzas Armadas. En provincias desafectas a España, esto molesta.
      Un saludo

    • CervantinoCervantino12:52 | 11 de diciembre, 2011

      #6 le matizo: llevando usted razón, la presencia de la bandera segundo-republicana (que no republicana) hizo aparición de la mano de Rodríguez Zapatero en las manifestaciones en las que se hacía fotografiar tras una pancarta. No estaban a más de diez metros de el inefable. Tampoco faltaban los 1º de Mayo: recordemos el años en el que a Fidalgo los de Sintel le dieron un palo en la cabeza.

    • argoliargoli13:21 | 11 de diciembre, 2011

      Veo, que los terminos se utilizan cuando a cada uno le interesa segun su criterio. Cuando queremos atacar decimos la monarquia, cuando queremos defender se nombra al rey. La forma de estado en forma de Monarquia en lugar de republica, en una moderna sociedad democratica, en la que todas sus instituciones funcionen correctamente, es la idonea, por razones practicas y economicas ademas de las consabidas tradiciones historicas. partiendo de la base, que las naciones tienen una jefatura del estado. y esta debe ser representatitva y no ejecutiva. Nada mejor que esta, no este eleguida por las distitntas corrientes politicas, que es quien las eligue, porque de esta manera pierde su principal mision constitucional, que es representar a "todos" y moderar y arbitrar en la legitima lucha politica. En lo economico, nada mas que hay que ver el costo de las jefaturas de estado de nuestro entorno, que ademas de este gasto, hay que sumarle el costo de las elecciones especificas, como asi el mantenimiento digno de los jefes de estados salientes.

    • Luisfi16:08 | 11 de diciembre, 2011

      La Constitución de 1978 fue aprobada mayoritariamente por el pueblo. Ahí quedó refrendada por el pueblo su Monarquía. No hay que olvidar que el Rey encarna la unidad y continuidad de todos los que a través de los siglos hemos nacido en esta tierra, o nos hemos hecho familia de esta gran nación. Siempre tan negativos y despreciando nuestra historia. Dicho esto, no estaría mal que se le quitaran los títulos a ciertos personajes trasnochados que tanto daño hacen a la Casa que representan.

    • Jose Lopez MeraJose Lopez Mera17:28 | 11 de diciembre, 2011

      Suelo concordar con usted, Don Carlos, pero pocas veces tanto como hoy.
      Por cierto, a los republicanos les vendría bien leer la columna de ayer de un socialista tan puro como Javier Nart y su afirmación de que un Rey, precisamente por no depender de elecciones y por tanto de partidos, puede ser mucho más neutral que ningún presidente...
      En cuanto a que un Rey sea "elegido por el pueblo"... bueno, demuestra que algunos lectores no tienen las ideas demasiado claras.

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